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Guerra de medios ¿Qué busca con sus exclusivas el director de El Mundo?




Cuando hace dos semanas el director de El Mundo publicaba su artículo ‘Cuatro horas con Bárcenas’, provocaba un auténtico cataclismo político, al poner al descubierto las sospechas, más que fundadas, que muchos ciudadanos teníamos desde no hace poco tiempo sobre la financiación ilegal del PP que es, al fin y al cabo, el meollo más preocupante e indignante de un asunto de corrupción insoportable en una democracia. La sorpresa de muchos no surgió solo por las revelaciones de la existencia de una contabilidad b en el seno del PP, o las declaraciones sobre los sobresueldos cobrados por altos dirigentes de esa formación, señalando muy especialmente a Raxoi y Cospedal. La sorpresa para algunos fue que esa información la publicase el diario El Mundo, firmada por su director Pedro Jota Ramírez. Si el artículo sobre Bárcenas se hubiera visto en las páginas, o en la red, de periódicos como El País, Público, Info Libre, o cualquier otra cabecera distante del PP, no hubiese sorprendido. Pero el ajuste de cuentas con el PP por parte de Bárcenas, a través de las palabras del que mucho conocemos desde hace años como ‘Jetapedro’, resulta sorprendente. Y la pregunta surge con inmediatez: ¿Qué busca el director de El Mundo aireando datos que acabarán con la carrera política de Raxoi y el hundimiento del PP?

Pensar que el propósito de Jetapedro es hacer un servicio a la democracia, sacando a la luz pública unos datos que, al llegar a todos los ciudadanos hacen imposible cualquier ‘componenda’ judicial, es no conocer al director de El Mundo. ¿Qué se propone pues, este ultraderechista, director de uno de los medios de la caverna, maestro de la prensa conspiranoica, epígono con botijo de W. Randolph Hearst, y más ultraderechista de lo que declara ser? Sus razones no pueden ser las que adujo, inflado como un pavo, ante las cámaras de televisión de cuanto medio quiso entrevistarlo, de servicio a la democracia y la libertad de información.

No es creíble en un individuo que tanto inventó respecto a los atentados del 11M, que conspiró para acabar con la permanencia de los socialistas en el poder en los años noventa y que, en las fechas posteriores a la muerte del genocida asesino, tuvo la desfachatez de escribir unas líneas asegurando que ‘Franco lloró al firmar sus ultimas sentencias de muerte’. Ahí están las hemerotecas para ver las loas al fascismo que hacía el entonces delfín de Luis María Ansón, desde las páginas de su ahora principal enemigo, el diario ABC. Y si no fuese suficiente con esas líneas también en las hemerotecas debe andar su columna contra la legalización del PC, en la que transmitía, sin el menor rubor, todos los prejuicios fascistas que, durante más de cuarenta años, se habían repetido contra esa formación de izquierdas.

Con esa historia ideológica y profesional –y les aseguro que la personal no es menos siniestra, historia del corpiño rosa aparte- hace colegir que sus propósitos no están inspirados en la necesidad de mantener la honestidad democrática y castigar a quienes la vulneran. Jetapedro, Pedro J. Ramírez para sus admiradores, formó parte de la conspiración sobre la que el propio Ansón manifestó que formó parte él mismo, Jetapedro, Álvarez Cascos y, en cierta medida aunque ahora se prefiera olvidar, el entonces juez Baltasar Garzón, para hacer caer el gobierno de Felipe González. Para ello, El Mundo principalmente, se empleó a fondo sacando exclusivas sobre la honestidad, o su carencia, de los socialistas; noticias en ocasiones verídicas, pero otras muchas medias verdades o flagrantes mentiras. Fue Ansón el que, en una entrevista realizada por el periodista de Telecinco, Jordi González, explicó que el país ‘necesitaba un golpe de timón para sacar a los socialistas del poder porque llevaban demasiado tiempo gobernando’. La derecha no podía consentir que siguiera al frente del Ejecutivo un partido y un presidente que, pese a que estaba muy distante de la verdadera ideología socialista, no respondía a cómo quería la ultraderecha que se gobernase, y se está viendo en el presente las abismales diferencias que existen en cuestiones como Sanidad, Educación y libertades formales, entre el PP y PSOE.

¿Busca en el presente el director de El Mundo que se dé otro ‘golpe de timón’ en la política española? Sería para temblar, porque más a la derecha que el Gobierno de Raxoi no cabe intuir. O quizá sí, quizá la idea del director de El Mundo sea provocar la caída de Raxoi para que el liderazgo del PP, y el Gobierno, caigan en manos de Esperanza Aguirre. Tal vez sea ese el propósito de quien, como aquel Scaramouche de las novelas de aventuras que muchos leímos en la adolescencia, se sienta ‘creador de reyes’. Porque el director de El Mundo, no se sabe por qué carencias infantiles –nunca habló de su infancia ni de su familia en público y nada se sabe de sus progenitores- desde muy joven tuvo una malsana obsesión por el poder ejercido en la sombra. Él no quiere optar a la presidencia de cualquier Gobierno, él lo que desea, por encima de todas las cosas, es decidir quién gobierna, y cuando lo logre, dictar al Ejecutivo sus decisiones. Y aquellos que no responden a sus expectativas no duda en laminarlos, ya sea con verdades o con mentiras.

Al dar voz a Bárcenas, contra toda lógica ideológica, Jetapedro Ramírez no lo ha hecho por la limpieza de la democracia, ni porque se oponga a la corrupción política como cualquier persona de bien. Lo hace por intereses obscuros y en su propio beneficio, por mucho que, al hacerlo, se puedan llevar por delante al partido de sus amores, aunque no a la líder de sus amores, pese a que Doña Esperanza tenga mucho que callar sobre la financiación ilegal de su partido, asunto del que ¡qué casualidad! Bárcenas no dijo esta boca es mía.

Contemplar la guerra declarada entre el director de El Mundo, y el del ABC, ambos de ideología ultraderechista, que albergan en sus páginas a opinadores a los que no es exagerado considerar como auténticos ‘talibanes’ de la comunicación, resulta sorprendente. Ambos medios vienen siendo, desde hace años, el ariete de la comunicación más rancia, manipuladora y retrógrada. No responden al paradigma de medios internacionales de derechas -como el Financial Times, que la pasada semana sugería la retirada de Raxoi-, del mismo modo que la derecha de este país no es homologable con la europea. Ambas tienen tufo a sacristía, a correaje de falangistas, a pólvora de fusilamientos y a represión democrática que no aqueja ni a los medios, ni a los políticos, de la derecha europea.

Por esa razón sorprenden tanto las andanadas que lanza el director de ABC, contra Ramírez, precisamente a pocos meses de que se estuviese pensando en una fusión entre Unidad Editorial, propietaria de El Mundo y el grupo Vocento, que estaría pensando en librarse del diario ABC, porque supone un lastre ideológico para el grupo que nació de medios menos reaccionarios.

Con esta situación es de esperar que la Audiencia Nacional descubra con eficacia todas las ilegalidades que conoce el extesorero, porque, sin duda, Jetapedro se calló, en ese artículo titulado como un remedo del magnifico ajuste de cuentas de una mujer con el cadáver de su marido, que es Cinco horas con Mario, de Miguel Delibes, todo lo que le convino.

Adenda

Raxoi hablará en el Parlamento pero huye a la prensa


Mariano Raxoi anunció, en la rueda de prensa celebrada junto con el primer ministro rumano, Víctor Ponta, que hablará en el Parlamento, con su anuncio, plagado de cinismo, intenta frenar no ya las críticas de la oposición y la ciudadanía de este país, sino las de la prensa y los mandatarios de la UE.

Lo hará, es de temer, de manera que pueda controlar los tiempos a la oposición, para escapar a las preguntas incómodas y dedicarse al autobombo de unos ficticios buenos datos económicos. El anuncio del Presidente, en respuesta a un corresponsal rumano y presionado por la prensa internacional, no ha satisfecho ni a la oposición ni a la ciudadanía, porque no se trata de que el presidente del Gobierno entre en pugna con el extesorero en una guerra de inculpaciones. De lo que se trata es que diga la verdad y luego, en consecuencia, dimita y se vaya a veranear, tranquilo o frustrado, a Xanxenso o donde le plazca.

No celebrará, sin embargo, la habitual rueda de prensa de cierre de curso, que se celebra todas los veranos. Raxoi huye de nuevo a la prensa porque no todos los periodistas, ni periódicos, son como quienes trabajan en el ABC o La Razón… afortunadamente.




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