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En tanto nos entretienen con el caso Bárcenas el Gobierno sigue perpetrando fechorías

Las crisis, ya sean sociales o familiares son las que ponen al descubierto la verdadera personalidad de la gente, de los colectivos y hasta de todo un país. El escándalo de lo que ha dado en llamarse ‘caso Bárcenas’ y que, en realidad, no es sino el caso de la financiación del PP y su mal uso del dinero público, ya sea en A o en B, esta sacando a la luz lo peor de la clase política, y la pasividad de una ciudadanía que parece más preocupada por tostar sus barrigas al sol, aquellos que pueden, y por morderse los puños enrabietados los que no pueden.

Según se va descubriendo la veracidad de unos papeles que ponen, negro sobre blanco, los sobresueldos que durante años cobró un Presidente incapaz de dar explicaciones, enrocado en el silencio de la soberbia, y las protestas de inocencia de sus ministros, que no son más que hueras palabras que no tienen más apoyo que la credibilidad que pueda concedérseles, la opinión pública centra su expectación en ese asunto, en tanto el Gobierno sigue perpetrando fechorías contra una ciudadanía que se muestra incapaz de reaccionar a tanta desvergüenza política.

Posiblemente, centrados en los dimes y diretes de los líderes del PP -inmersos en una situación de insostenible indecencia-, hay una noticia que pasará desapercibida en los titulares de la prensa, en los informativos televisivos y hasta en la labor de la oposición, si es que esta hace alguna labor en los últimos tiempos; nadie se enterará y mucho menos se indignará, por una de las últimas medidas del Gobierno, que ha decidido sacar de la relación de medicamentos de la SS, los anticonceptivos de última generación. 

Es evidente que no se trata de una medida de ahorro, puesto que a este Gobierno le importa muy poco el control del gasto a la hora de, por ejemplo, buscar las opciones menos gravosas en los contratos públicos, o evitar el despilfarro en aquellas autonomías en las que gobierna, donde destinan fondos públicos a fastos, ayudas a entidades de ultraderecha y celebraciones fuera de lugar; o cuando el propio Ejecutivo, olvidando las cifras de déficit, acuerda bajar los  impuestos a los compradores de yates.

Porque, buscando como coartada la necesidad de ahorrar, el Ministerio de Sanidad ha acordado que, a  partir de agosto, las mujeres en edad fértil tendrán que desembolsar de diez a treinta euros de su bolsillo en la compra de anticonceptivos si quieren optar a los de última generación, aquellos que contienen menos hormonas y, por lo tanto, suponen menos riesgos para la salud de las mujeres. Es evidente que la medida, más que de ahorro, parece tomada para disuadirlas de consumir anticonceptivos, para que sean, según palabras de Gallardón, ‘más mujeres’ al ser madres.

No se trata pues de una medida de ahorro, se trata, sin duda, de una medida ideológica para que las mujeres, a las que se obliga a pagar de su bolsillo los anticonceptivos, impedidas por mil trabas en la sanidad a la hora de abortar, en tanto modifican una ley al dictado de la secta católica, se vean obligadas a elegir entre una impuesta castidad o una no menos impuesta maternidad, que las llevara, a la mayoría, a tener que volver al hogar, abandonar el mercado de trabajo, con el fin de reducir las cifras del paro, y convertirse en sumisas esposas, como su dios manda.

Aunque tampoco puede sorprender que nieguen el derecho a la subvención de anticonceptivos, cuando permite que personas enfermas de cáncer dejen de tomar medicinas imprescindibles para su tratamiento, porque su precio les impide adquirirlas, y la Sanidad Pública no las subvenciona.

Al tiempo que se conocen unas medidas de ‘ahorro’ de un Ejecutivo empeñado en que toda la ciudadanía se someta a sus criterios de supuesta moralidad –la de la derecha de siempre, que eternamente ha cifrado la virtud y la decencia de cintura para abajo, al ignorar obcecadamente, todo lo que no tiene relación con el sexo, como de consuno hicieron siempre los retorcidos popes de la secta católica-, la investigación de la contabilidad A del PP nos da cuenta de gastos que sonrojan a cualquier persona con sentido de la vergüenza, o incluso del ridículo.

Y es que un grupo de internautas de Anonymus, publicaron hace unos días diversos y chocantes gastos, llevados a cabo en varias autonomías gobernadas por PP, que suponen un verdadero despilfarro del dinero que entrega el pueblo a los partidos políticos para su funcionamiento interno. Se supone que para que, con esos fondos, los partidos trabajan por el bien de los ciudadanos, mas solo se supone, porque el dinero que la población entrega a los partidos políticos, es usado por el PP en comprar relojes para regalar a sus cachorros, hacer regalos pecuniarios a sus dirigentes y comprar caramelos o lencería, entre otros gastos superfluos y fuera de lugar. Los desembolsos para esos fines están recogidos en la contabilidad A del PP, por lo que no pueden ni negarlos, ni atribuir a la maldad de nadie su invención. Eso sí, se han querellado contra quienes los han divulgado, porque el PP considera que la ciudadanía no tiene por qué conocer en qué gastan ‘su’ dinero.

En tanto la gente se muere por falta de atención sanitaria, como ya ha sucedido con varios inmigrantes, o ve en riesgo su vida por no poder adquirir caros medicamentos, imprescindibles en enfermedades graves, o se ven abocados a la desesperación por no poder pagar el alquiler o la hipoteca, negando prestaciones sociales sin motivo, ni más causa que las simpatías políticas de quienes las conceden, los dirigentes del PP siguen enrocados en su silencio y su arrogancia, niegan cuanta evidencia los muestra como políticos sin decencia, y perpetran, día a día, atentados contra un pueblo incapaz de reaccionar a sus abusos.

Aquella frase, atribuida a Zaplana o a Palop, políticos que, como otros muchos en el presente, hace años se vieron involucrados en un asunto nunca juzgado sobre la financiación ilegal del PP, la famosa afirmación ‘estoy en política para forrarme’,  resultará el emblema del comportamiento de los dirigentes de ese partido, si se demuestra ante la Justicia lo que tiene visos de ser más que una venganza del extesorero Bárcenas.

Y mientras las evidencias demuestran que el PP es un partido que se financió ilegalmente, que pagaba sobresueldos ilegales a sus dirigentes, y el Gobierno de Raxoi está en las portadas de todos los medios internacionales por las sospechas que recaen sobre su honestidad, el pueblo llano se muestra indiferente a todas las tropelías, latrocinios e indignidades de sus gobernantes.

Tan solo unos cientos, o unos miles, protestan, claman, exigen la dimisión del Gobierno e intentan manifestarse ante las sedes del partido de Gobierno, que recurre a las Fuerzas de Seguridad, pagadas por todos los ciudadanos, para que repriman las quejas del pueblo, imitando las políticas de aquel infame dictador que nunca señala como tal un gobierno con claras concomitancias con el fascismo, que se atreve a llamar ‘caudillo’ al dictador en los medios que controla, tomados al asalto con una mayoría absoluta, obtenida con trampas y falacias.

Dice un viejo aserto que los pueblos tienen los gobiernos que se merecen, y en el caso de este triste país parece una máxima cierta. Porque de no serlo, a estas horas estarían bullendo las calles de todas y cada una de las ciudades de este país, colapsadas por millones de manifestantes, exigiendo que se vayan a su casa unos políticos que tan solo quieren el poder para lucrarse y explotar, en todos los sentidos, a los ciudadanos.


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Comentarios

  1. Suscribo totalmente todo lo que dices. Pero todo y yo también me pregunto desde hace tiempo ¿para cuándo el estallido?. Estoy muy desilusionado sobre todo de la juventud. Ayer decías en +g Estamos en silencio no hay nadie!. Pues eso.
    Un abrazo.

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