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El culebrón Bárcenas o el esperpento corrupto de una pseudodemocracia

Habrá quien piense,  que repetir un día tras otro que si este país fuese de verdad una democracia el PP no estaría ya en el Gobierno parece un mantra, una salmodia, una consigna o una muletilla, más es lo único que se le puede ocurrir a quien considera inadmisible el fétido culebrón de episodios corruptos que va dejando caer con cuentagotas el extesorero del PP,  Luis Bárcenas, que, por mucho que los dirigentes de ese partido lo nieguen todo, tiene visos de realidad porque es difícil asumir que alguien pueda inventar lo que dice, habida cuenta de que hay pruebas que confirman sus tímidos tirones de manta.

Que el PP se ha estado financiando de forma ilegal desde hace veinte años  -también es reiterativo, mas imprescindible, recordar que desde los tiempos en los que Aznar se mostraba ante todo el país como paladín de la honestidad- es algo que, dados los datos que existen desde el caso Naseiro hasta el presente, con las pruebas irrefutables de que lo hizo el PP de Madrid, aunque el delito haya prescrito, avalan la idea de que ha sido una práctica común a todos los estamentos de ese partido, que se hizo de oro y engrosó las cuentas de sus dirigentes a costa, presuntamente, de esquilmar las administraciones públicas con contratos a empresarios amigos que daban lugar a ‘mordidas’ que hacen que las que vemos en las películas sobre repúblicas bananeras resulten calderilla.

Reiterar cuanto le contó el extesorero –Luis el Cabrón para sus enemigos íntimos- al periodista Pedro Jeta Ramírez resulta labor inútil, porque a estas horas cuantos entran en la red de redes conocen los detalles al dedillo. Cabe por lo tanto, reflexionar sobre un asunto que emana unos aromas fétidos que causan no solo estupor sino mareos, la constatación de que este país ha caído en manos de una asociación de malhechores que si tuvieron una obsesiva prisa por llegar al Gobierno, cuando era otro partido el que gobernaba, no era precisamente para solucionar los problemas del país, sino para solucionar los suyos propios, por una parte controlando la Justicia –cosa que va pareciendo que no ha logrado del todo, hasta el presente, y a pesar de haberse quitado de en medio al juez Garzón que fue el que abrió el sumario del caso Gürtel- y por otra para tomar decisiones que favorecieran a los empresarios amigos que financiaron, y seguramente siguen financiando a ese partido, objetivo que no hace falta señalar que han logrado plenamente. Baste como ejemplo que a fecha de hoy se han anulado ya, mediante la maldita reforma laboral 1.800 convenios colectivos que dejan a los trabajadores de otras tantas empresas al pie de los caballos, sin derechos y sin posibilidad de plantear reivindicaciones laborales.

En cualquier país democrático, con políticos decentes y poblado por habitantes con dignidad a estas horas estarían las calles repletas de gentío exigiendo la dimisión de un Gobierno sobre cuyo presidente pesa más que la sospecha de que es un corrupto. Empero nadie reacciona. Ni la oposición clama por una irrevocable dimisión, ni el pueblo sale a la calle exigiéndola, ni, por supuesto, los presuntos corruptos, dan una explicación, seguramente porque no pueden darla, ni tienen el honrado gesto de dimitir y convocar elecciones. Muy al contrario, se esconden en las madrigueras del silencio, rehúyen a la prensa y se escudan en la idea de que de aquí al tiempo en que inevitablemente habrán de convocar elecciones, la ciudadanía habrá olvidado las fechorías y si la economía se arregla –que es un objetivo bastante improbable- volverán a recoger los votos de más de once millones de borregos, o en su defecto, los mayoritarios de una sociedad que, diciéndose defraudada por los políticos en general, se abstendrá poniéndoles puente de plata a los corruptos para llegar al poder de nuevo, lo que les permitirá seguir esquilmando al pueblo y haciendo tiras y capirotes con el dinero público.

Desde el bochornoso silencio de los dirigentes del PP, a la truculenta historia de los posibles atentados con subsiguiente caída que dejó en coma a otro extesorero, Álvaro Lapuerta, pasando por toda la retahíla de declaraciones exculpatorias sin más fundamento que el de la buena fe de quienes se crean sus palabras, todo lo que rodea al caso, de algo más que supuesta financiación ilegal del PP, se asemeja más al guión de una mala película de corruptos bananeros que a la crónica política de un país con democracia y ética.
A las protestas de la Secretaria General del PP, Dolores Cospedal, presumiendo con un descaro que haría sonrojar a la madame de un burdel, de que no se puede demostrar lo que no está documentado, ha respondido hoy Bárcenas, a través del director de El Mundo, con la entrega de uno de esos documentos que Cospedal alardeaba de que no existían. La renuncia hoy de los abogados Miguel Bajo y Alfonso García Trallero a seguir defendiendo a Bárcenas hacen pensar que aún estaba el PP pagando la defensa del encarcelado extesorero que, con las declaraciones al director de El Mundo, parece que ha roto definitivamente la baraja.

Pasarán las semanas y los meses, acabarán declarándose prescritos los delitos, el asalto a las arcas públicas y el fraude democrático de haber contado con mucho más dinero que el resto de partidos para hacer campañas, que les han permitido durante estos veinte años ganar elección tras elección, ya fuesen autonómicas o generales.

De ahí su estupor e indignación cuando las perdieron frente a Zapatero, de ahí las insidias que vertieron tras el atentado del 11M, tenían la máquina preparada para ganarlas, una vez más, de forma fraudulenta, gastando mucho más que lo permitido en sus campañas, y hasta, tal vez, comprando votos. Se les escapó la situación de las manos por un atentado con el que no contaban ni estaban preparados para hacer frente mediáticamente en tan pocos días antes de las elecciones. De haber contado con una semana, y la colaboración de aquellos medios que siempre envenenan la opinión pública porque se nutren de las prebendas que otorga ese partido, las habrían ganado.

Dentro de unos meses, respirarán satisfechos si logran sacar al juez Ruz del caso y encuentran la colaboración de un magistrado afín que considere, como en el caso Naseiro, que las cintas, los papeles, las evidencias y hasta las pruebas irrefutables, no son suficientes para desentrañar las muy opacas finanzas del PP.

En un país civilizado cabría pensar que el que el Presidente del Gobierno, Mariano Raxoi, renunciara a su cargo tendría que ser cuestión de horas, o que de no hacerlo, sería el Jefe del Estado el que exigiría esa renuncia, dada la situación insostenible del personaje acuciado por evidencias que parecen irrefutables. Mas este no es un país civilizado, ni democrático. El PP seguirá enrocado en sus protestas de inocencia, por mucho que las evidencias, e incluso las pruebas, demuestren su culpabilidad. El pueblo seguirá callado, actuando como si no fuese con él la corrupción ni le perjudicase, y el Jefe del Estado seguirá yéndose a masacrar animales indefensos, o a reunirse en sus niditos de amor –financiados por el pueblo- con sus ligues, sin ocuparse de lo que sucede en el país que le paga un sueldo para que cumpla con su oficio.
A menos que haya una ciudadanía que despierte de una maldita vez, y sepa poner a los políticos corruptos donde han de estar: fuera de la vida pública.

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Comentarios

  1. Para que dimitan deben tener vergüenza y para que salgamos todos a la calle... también. ¿La hay? Hablo de la vergüenza porque cuando la tengamos puede que la calle la hayan recortado.

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