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El Banco de Santander deja sin comer a una mujer en paro y sin prestaciones

Del latrocinio de los bancos, sus clausulas abusivas, su letra pequeña, el cobro de cantidades indebidas a los hipotecados sabemos todos. Estamos hartos, y no es un eufemismo, de ver como desahucian a la gente de sus casas por deber dos recibos, como se quedan con la totalidad de lo cobrado anteriormente y condenan a los hipotecados a la muerte civil al negarse a la dación en pago. Y a veces hasta la muerte física, porque ya son muchas las personas que se han quitado la vida ante un temido desahucio.

No conforme con esas prácticas de usura, las más de las entidades llevan a cabo otras que, al no ser de grandes cantidades, no se denuncian o no se conocen, aunque las perpetran con el mayor descaro, sin mirar el daño que hacen privando de una ínfima cantidad para ellos, pero que puede suponer para un parado comer durante una semana.

Esta es la historia de una mujer en paro que vive, prácticamente, de la ayuda de gente generosa que contribuye con su dinero a que pueda comer o pagar sus recibos de luz, agua o casa, porque la administración local y autonómica del País Valenciano solo tiene dinero para coheteadas, procesiones, fastos, fallas, copas náuticas, ‘eventos’ y atracos de corruptos, pero no para atender las necesidades sociales de los parados.

La protagonista de esta historia tiene –o tuvo, porque mañana mismo la cancelará- una cuenta en el Banco de Santander. Un día una buena persona la envió dinero para abonar un recibo de luz –de los atracos de las compañías eléctricas se podría también hablar, y mucho- que de no pagar cortarían. Y como su banco cerró la oficina en el barrio donde vive y la más próxima está a cinco kilómetros de su casa, sacó el dinero de otra entidad. Por disponer de doscientos euros a través de un cajero del Banco de Sabadell, el Banco de Santander le cobró ocho euros. ‘Mañana me pasaré por la sucursal y les diré que esto es una barbaridad’ pensó. Pero como esa mujer, parada, sin dinero, sin subvención, enferma de depresión y siempre angustiada por si comerá al día siguientee tiene lagunas y se le olvidan las cosas, se fue a abonar la luz y no se acordó del cobro excesivo de la comisión del banco.

Al sacar los doscientos euros y haberle cobrado ocho de comisión, quedó un descubierto de cinco euros en su cuenta. Y cuál sería su sorpresa al ver que a los tres días el banco le cargaba nada menos que 35 euros por él. Treinta y cinco euros por tres días de un descubierto de cinco. Un setenta por ciento de intereses, que el Banco de Santander dice que ‘no son intereses sino lo que se cobra por descubierto sea la cifra que sea’. Y se niega a devolver esa cantidad excesiva, más otros quince euros de los que tampoco da explicaciones de su cargo. Total, cincuenta euros con lo que esa mujer parada podría comer una semana.

No contaba con las prácticas usureras del Banco de Santander, una más de las entidades que esquilman a la gente de mala manera, le roban, con todas las letras, y hacen que la ciudadanía pague sus rescates cuando lo necesitan.


Si quienes leen este blog tienen cuentas en el Banco de Santander, no estaría de más que se pensaran si merece la pena darle a ganar un solo céntimo a una entidad que perpetra esos latrocinios contra la gente más débil, contra quienes más necesitan el dinero. Porque seguramente a los grandes potentados no les hacen esas cosas. De todos es sabido que si se debe a un banco cinco euros te abrasan, si se les debe cinco millones te hacen reverencias.

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