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The Guardian saca los colores al PP por distorsionar la historia

El Gobierno de este país no parece contar con la admiración de los democráticos europeos; cuando no le reprocha la UE su falta de atención a los problemas sociales o le da una bofetada en pleno rostro, al premiar a la asociación que lucha por los derechos de los hipotecados, la PAH, después de la bochornosa intervención del diputado Carlos Iturgaiz el día que Ada Colau intervino en la Comisión de Peticiones del Parlamento europeo, los diputados laboristas del Reino Unido promueven una moción para que la Cámara de los Comunes apruebe una declaración de condena a la orden dictada, por sentencia judicial, del derribo del monolito erigido en la universidad Complutense de Madrid en memoria de las Brigadas Internacionales. Los laboristas británicos reclaman la intervención del Gobierno británico ante el español, con el fin de que este haga gestiones ante el Ejecutivo de Raxoi, para asegurar que el monumento permanezca en su lugar y las futuras generaciones "puedan recordad algunos de los momentos más importantes de su historia".

Simultáneamente, el periódico progresista The Guardian, uno de los diarios más antiguos del Reino Unido, creado en 1821, publicaba la pasada semana un artículo, firmado por David Mathieson, en el que, tras explicar que en España aún se conservan innumerables monumentos y nombres de calles que recuerdan y ensalzan la dictadura franquista,  el Ayuntamiento de Madrid recurrió a los tribunales para que los jueces dictarsen una orden de derribo del monumento erigido hace poco menos de dos años en la Universidad Complutense de Madrid, en memoria de las Brigadas Internacionales, con el pretexto de que carecía de licencias municipales.

“Podría pensarse que, en un momento en que hay un aumento de la xenofobia y el racismo en toda Europa, este pequeño monumento a los motivados por la lucha contra el fascismo en la década de 1930 interesaría en la ciudad. De hecho, parece que el Partido Popular de derecha que la gobierna, no está preparado aún para tolerar su existencia” escribe, Mathieson, para terminar su artículo comentando que “a menudo se dice que la historia la escriben los ganadores. Pero lo que pasa en Madrid no es sólo un ejercicio asimétrico de la memoria histórica. Es una manera intolerante, peligrosa, disfuncional de tratar el pasado. El PP se siente incómodo con la imagen de Madrid que le gusta proyectar de ciudad abierta, diversa y transparente”.

Este asunto podría parecer menor ante los problemas que viene creando el PP a la ciudadanía: desaparición de la Educación Pública, ausencia de prestaciones sociales, privatización de la sanidad, bajada de pensiones encaminada a favorecer a las compañías de seguros, a las que ha encargado un informe, colocando en el Comité de Expertos tan solo a tres personas vinculadas a organizaciones públicas y una mayoría vinculada con patronales de seguros como AVIVA, criminalización de la crítica y la protesta, represión policial y vulneraciones constantes a la libertad de expresión, denunciada también en otros países, escandalizados por el asalto del PP a las televisiones públicas.

Mas, en la actitud del PP y su afecto a la dictadura, bien podría estar el origen de todas las decisiones de su acción de Gobierno. Porque todas ellas parecen responder a los postulados de los nunca juzgados ni criticados golpistas que se levantaron contra la II República, asesinaron a cientos de miles de españoles durante la guerra y una postguerra que duró más de cuarenta años.

La orden de derribo del monolito que recuerda a las Brigadas Internacionales estuvo precedida de las consabidas diatribas de la prensa cavernaria y de actos de vandalismo perpetrados por una ultraderecha crecida tras la victoria de un PP que sigue tergiversando la historia de este país, presentando al genocida general Franco como un salvador y a los miembros del Gobierno de la República y a las Brigadas Internacionales que lucharon a su lado para defender el orden establecido, como asesinos y facinerosos.

A los laboristas británicos les ha sentado muy mal la decisión del Ayuntamiento de Madrid, gobernado por Ana Botella, de querer borrar la memoria de las Brigadas Internacionales porque en ellas participaron no pocos hombres procedentes del Reino Unido. La reacción de The Guardian se entiende, además, si se tiene en cuenta que el histórico rotativo fue uno de los pocos medios, de lo que los facinerosos franquistas llamaban ‘la pérfida Albión’, que criticó durante los años de la guerra la actitud del Gobierno de Su Majestad Británica, que miró para otro lado, acordó con otros países europeos el bloqueo de armamento a los republicanos, en tanto que los países del Eje –Alemania, Italia y Japón- suministraban tanques, aviones y munición a los golpistas.

En los últimos años, en este país, amordazado durante cuarenta por la dictadura franquista y enmudecido por el miedo a los espadones golpistas durante otros veinte, las víctimas del franquismo –contabilizadas en cientos de miles por los historiadores serios de todo el mundo- permanecieron en silencio. Mas  el derecho a  que los muertos republicanos recuperaran reconocimiento o, al menos visibilidad, tras decenios enterrados en fosas comunes repartidas por toda la geografía de este triste país, ha ido tomando importancia hasta culminar en la exigencia de investigar los crímenes del franquismo, oportunidad negada a la justicia española a través de la inhabilitación del juez Garzón, pero acogida en Argentina que, de alguna manera, devuelve el favor de que en España, reconociendo el principio de Justicia Universal, se encausara a criminales de la dictadura de Videla.

Con su negativa a proporcionar fondos a las víctimas del fascismo, agrupadas en las diversas asociaciones de Memoria Histórica, sus homenajes a la División Azul, la conservación de monumentos que ensalzan la dictadura - sin que exista, como hace notar Mathieson en su artículo, un solo museo sobre ese periodo histórico como existen en otros países europeos que recuerden las épocas obscuras del siglo XX en las que el nazismo y el fascismo asoló la libertad y los Derechos Humanos de Europa-, y el hecho de que jamás haya salido de él una clara condena al régimen franquista, el PP se pone en evidencia ante las democracias europeas.

Hora va siendo que la UE tome cartas en el asunto y plantee un ultimátum a los hijos putativos de la dictadura, el PP, obligándolo a retirar los monumentos de ensalzamiento del fascismo y a derogar una bochornosa ley de Amnistía que permitió la impunidad de los fascistas, vulnerando así todas las leyes internacionales que consideran que los genocidios no prescriben. Y nadie, que no sea fascista o analfabeto, puede negar que el franquismo fuera un genocidio en toda regla, perpetuado a lo largo de cuarenta años.

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