Ir al contenido principal

Las fincas de la infanta Cristina ¿farsa o tomadura de pelo?



En el culebrón de la posible imputación de Cristina de Borbón en el caso Nóos empiezan a darse episodios que resultarían risibles si no fuese porque ponen de manifiesto que aquella aseveración que le quedó tan bonita al Borbón: ‘la Justicia es igual para todos’, no fue más que una frase para quedar bien y hacer lo que siempre ha hecho una dinastía que, de estudiar historia, siempre se llega a la conclusión de que ha sido poco seria, un tanto zafia y muy inclinada a no respetar lo que dice, e incluso, lo que promete. 

Desde aquel tristemente famoso ‘vayamos y yo el primero por la senda de la Constitución’ pronunciada por aquel infame putañero traidor que fue Fernando VII, paradigma de una estirpe marcada por episodios bochornosos, los Borbones han sido muy dados a pronunciar frases altisonantes para congraciarse con un pueblo del que, sistemáticamente, se han reído y han despreciado. 

Muchos han sido los que han confundido en los Borbones la carencia de elegancia con el gracejo, la ausencia de formalidad con la llaneza. Fernando VII, Isabel II, Alfonso XIII cultivaron esa faceta de sencillez y simpatía, de campechanía, que lo que ocultó siempre fue una notable impostación, porque, en el fondo siempre consideraron, como no puede ser menos en quienes tienen por cierto que su condición se debea una unción divina que, tocados por la divinidad, tienen derechos de los que el resto de los mortales no gozan. Inevitablemente todas las monarquías participan de esos mismos privilegios. Pero ninguna, como la de los Borbones, ha combinado sus privilegios con una falsa espontaneidad que, a la hora de la verdad, se demuestra que es tan solo impostura. 

El último episodio de esa manera de ser se está escribiendo en el presente a través del sucio caso Nóos, en el que, desde la Casa Real hasta la fiscalía, pasando por el Gobierno, están haciendo toda clase de equilibrios para librar de responsabilidades legales a la señora de Urdangarín, que, junto con su marido, era la administradora de ese extraño entramado conocido como Aizóon, en el que, al menos, se defraudó a la Seguridad Social y al fisco, contratando falsamente a personas que realmente no trabajaban en un negocio que no sirvió nunca sino para ocultar dinero al erario. 

Y como si los ciudadanos fuésemos idiotas, el último episodio de esa farsa que se está representando, bien a pesar del juez del caso Urdangarín, José Castro, ahora la Agencia Tributaria dice que no eran de la Infanta Cristina unas fincas que hace pocos días se dijo que vendió. Trece propiedades inmobiliarias que, supuestamente, la hija del rey vendió por más de un millón y medio de euros, a la vez que compraba junto a su marido el palacete de Pedralbes. Ahora, desde Hacienda, pretenden echar tierra sobre el asunto explicando que ‘cambiaron el número de carnet de identidad’. Argumento que no se sostiene si se tiene en cuenta que los privilegiados Borbones no tienen DNI con los mismos dígitos que el resto de los mortales, sino que cuenta tan solo con dos. 

¿Cuántas mujeres hay en este país que se llamen Cristina de Borbón y Grecia, con DNI de dos números que vendieran trece fincas de una tacada?  La explicación, no oficial, de Hacienda parece encaminada a tomar por idiota a la ciudadanía.  Al contar tamaño cuento, escasamente consistente, provoca que se piense que de ser cierta la historia, los trabajadores del Fisco son poco menos que tarados mentales. De asumir la veracidad de cuanto se cuenta, sería inevitable pensar que, con semejantes funcionarios, no es extraño que las cuentas públicas anden temblando, si son incapaces de saber a quiénes pertenecen los bienes en este esperpéntico país. 

Que el rey, que proclamó que la Justicia es igual para todos cuando se trataba de su yerno, no está dispuesto a consentir que esa misma justicia roce un pelo de su querida hija es algo que quedó claro desde el primer momento en el que el juez Castro intentó imputar a la infanta Cristina. Si cuando se conoció la intención de imputar a la Infanta, la Casa Real se retrató con inapropiadas declaraciones sobre el ‘estupor’ por la decisión judicial, para sumar más descaro con las de la ‘alegría y satisfacción’ por el recurso en contra de la decisión de José Castro, quedó patente  que la alargada mano de los Borbones, siempre dispuestos a lo largo de la historia a intervenir en todo lo que no les corresponde, no permitiría que la infanta Cristina se viera involucrada legalmente en lo que se involucró deseosa de aumentar su fortuna. 

La casa real española, opaca como ninguna otra de Europa, se ha avenido a una falsa transparencia que no es tal, para intentar salvarse del descrédito en el que ha caído tras la puesta en evidencia del caso Urdangarín. Es de preguntarse por qué un mocito de una familia más o menos normal, al casarse con la hija del rey, se convirtió en un presunto estafador profesional. Y la respuesta es casi evidente: se contagió de la idea borbónica de que a ellos les está todo permitido por ser quienes son. 

La turbia historia del dinero de los Borbones en los últimos treinta años ha sido una constante de opacidad, se dijo que el padre del rey, el mitificado Juan II,  murió pobre. Aunque luego se supo que dejó una importante fortuna a sus hijos; en Suiza, por supuesto, paraíso de todos los defraudadores. Tampoco se sabe, por mucho que la revista Forbes lo clasificase como una de las mayores fortunas del mundo, a cuánto asciende la del actual monarca ni cuál es su procedencia. 

Ahora nos cuentan, de forma extraoficial, que ha sido un error atribuir la venta de trece fincas a Cristina de Borbón. Fincas repartidas por todo el país, sobre las que, qué casualidad, sobre las trece hubo errores. En Ciudad Real ha aparecido una familia que dice ser propietaria, desde 1928, de cinco de las fincas que se dijo vendió la infanta. ¿Qué obscuros negocios ocultan esas compraventas misteriosas, esas indescifrables operaciones financieras? Nunca lo sabremos, a menos, que este país cambie de régimen. Porque mientras exista la monarquía esta será intocable, ajena a esa Justicia que el Borbón, en un ejercicio de cinismo, dijo que era igual para todos.

Esa tenebrosa historia de propiedades falsas y simuladas ventas es un episodio más que pone en evidencia que en este país todas las instituciones están tocadas por la corrupción y la Casa Real no es una excepción. Y que los corruptos toman el pelo a los ciudadanos, además de robarles, llámense Bárcenas, Ana Mato, Artur Mas o Cristina de Borbón.
No es de extrañar pues que, cada vez que aparece uno de los Borbones en público, haya personas que le muestren su desafección. Cuando millones de personas sufren un estado de penuria insoportable, cuando hay cientos de miles de niños con problemas de desnutrición y el Gobierno y la Jefatura del Estado se ven inmersos en casos de corrupción, cuando el dinero del pueblo se escapa por la puerta falsa de los paraísos fiscales ¿cómo no va a haber protestas? Escasas para lo que sucede. 

Esta mañana, en la inauguración del AVE a Alicante, una infraestructura innecesaria, ejemplo del derroche y la arbitrariedad de la gestión de lo público, se han lanzado petardos, piedras y diatribas contra el heredero de la Corona y el Presidente del Gobierno. Si esperaban algo diferente, aclamaciones y parabienes, es que no tienen sentido de la realidad. 

Si te gusta este blog y lo que en él se cuenta, puedes contribuir con una pequeña aportación económica a mantener un espacio de libertad de expresión y ayudar a su autora, condenada al paro por el PP y que no recibe prestaciones ni ingresos de ningún tipo. 
Si no recibo vuestra ayuda solidaria acabaré sin poder pagar los recibos y de luz y de teléfono, por supuesto el alquiler, y corro el riesgo de convertirme en una sin techo. Y no podré escribir nunca más…El PP se habrá salido con la suya.
Un solo euro puede ser suficiente. Puedes hacerlo en la siguiente dirección:

Comentarios

Entradas populares de este blog

26J: ¿Pucherazo o estupidez del pueblo?

Susana Díaz: El enemigo en casa

Crónica en negro del País Valencià: ¿Carlos Fabra implicado en asuntos mucho peores que la corrupción?

Quienes gustan de la historia, saben que muchos acontecimientos nunca explicados por los coetáneos de hechos ominosos, acaban apareciendo claros como el cristal con el transcurrir de años, o de los siglos. Acontecimientos políticos, guerras sin sentido que respondían a intereses económicos ocultos o, incluso, a pasiones de índole sexual, se desvelaron con el paso del tiempo aunque, para quienes fueron testigos directos hubieran constituido secretos insondables.
Una publicación catalana, El Triangle, sacaba a la luz en días en pasados un artículo sobre el crimen de las niñas de Alcàsser en el que, según recoge un amplio reportaje en su edición de papel, la confesión de un arrepentido podría implicar al todopoderoso y corrupto Carlos Fabra, expresidente de la Diputación de Castellón durante largos años, en una red de pornografía infantil que llevaba a cabo, igualmente, un amplio abanico de actividades ilícitas: importación y venta de cocaína procedente de Panamá, tráfico de armas, trapic…