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La ‘comodidad’ de Rubalcaba, incomodidad para la izquierda




La atomización de la izquierda, vieja enfermedad que detiene la posibilidad del progreso, es como una maldición de la que, parece, nunca nos libraremos en este país, auque esa circunstancia suponga que la derecha pueda gobernar durante lustros con tan solo el 23% de la aquiescencia de la sociedad. El PP integra prácticamente a la totalidad de la derecha, desde la extrema de los nostálgicos del franquismo hasta un centro moderadamente neoliberal. Sin embargo, la izquierda se divide en partidos, grupos y grupúsculos, que impiden que se logre una unidad que aglutine la mayoría del voto que es de izquierdas aunque la derecha lo niegue.

Si el PSOE fuera de verdad un partido de izquierdas, aunque moderado, tendría la inteligencia, y la falta de arrogancia, de considerar la posibilidad de buscar un pacto aglutinador con todos los partidos a su izquierda para conseguir algo parecido a la Siryza griega, capaz de desbancar del poder a una derecha que está acabando, literalmente, con el Estado.

En lugar de eso, el Secretario General de los socialistas, Alfredo Pérez Rubalcaba, da oxígeno al PP pactando con él unas medidas que en nada van a cambiar las políticas de rechazo a las presiones de la UE, sino que, como vienen haciendo, tanto el PP como el PSOE, se pliegan a las directrices de la UE que, ya se sabe, no es sino la mamporrera de la señora Merkel que, a su vez, lo es de los intereses de los bancos alemanes.

Al decir Rubalcaba que está cómodo dando oxígeno a un partido como el PP pone en evidencia que, en el presente y bajo su dirección, el PSOE no tiene nada de socialista, ni de obrero, al apoyar a un partido que está acabando con el Estado. No otra cosa es ese plan para reestructurarlo, con el punto de mira puesto en acabar con el sector público y los derechos de los ciudadanos, sin renunciar a lo que ahorraría muchos millones de euros, como prescindir de los cientos de miles de asesores que pueblan todos los estamentos de poder, elegidos a dedo tan solo para pasar la mano por el lomo de quienes los nombraron, y que reciben sueldos elevadísimos, siempre a costa del dinero público; o acabar con las Diputaciones, verdaderas cuevas de ladrones donde se dispone de las arcas públicas para contentar amigos. En lugar de tomar esas decisiones, con el pretexto de adelgazar la administración, acaba con la Sanidad, la Educación y la Dependencia. Es inconcebible que un dirigente socialista pueda estar cómodo pactando con un partido que quiere robar a las mujeres el derecho a decidir sobre su maternidad y su cuerpo, que está profundizando de manera inicua la brecha social, y acaba con las libertades públicas.

Si ese partido estuviera dirigido por políticos de izquierda que prescindiesen de la arrogancia de creer que el PSOE es el más importante de esa zona del arco parlamentario, del que, si sigue con la actual deriva acabará por desaparecer, lo que haría sería ofrecer una negociación en plan de igualdad a todos los demás partidos de izquierdas, respondería a las inquietudes de los ciudadanos, muy hartos de un PSOE que prefiere pactar con el PP por una mal entendida ‘responsabilidad’. Si de verdad tuviesen sensibilidad social, los dirigentes del PSOE escucharían las peticiones de los movimientos sociales, entonando el imprescindible ‘mea culpa’ por no haberlo hecho cuando estaban en el poder y asumían las exigencias de la banca y de la UE como dóciles corderitos que dejaban a la socialdemocracia muy a su izquierda.

No tienen derecho a quejarse los actuales dirigentes del PSOE cuando la juventud les dice que su partido es lo mismo que el PP, en tanto anden pactando con él; una formación que cada vez que acude a Europa lo hace para asumir todos los injustos mandatos de una UE dominada por Alemania. Cosecharían más simpatía de la ciudadanía de apoyar las tesis de IU, que plantea la necesidad de presionar con salirse de la zona euro si no se aborda, de una vez, la creación de un Tesoro Público europeo, una fiscalidad común y una unidad económica real.

Si el PSOE asumiera, como piden muchos millones de ciudadanos, la necesidad de declarar Deuda Odiosa, auditar cuáles son en realidad las deudas del Estado, en lugar de apoyar ante Europa las políticas del PP, que son las de someterse a los dictados financieros que no buscan sino seguir ganando dinero a base de esquilmar a los pueblos del sur de Europa, es posible que la izquierda comenzase a ver la posibilidad de una unión que, sin duda, lograría desbancar a la derecha, situación imposible en el presente, atomizada en diversos partidos que, por separado, nunca lograrán el suficiente número de escaños para gobernar.

¿Para qué sirve esa ‘puesta en común’ entre PP y PSOE frente a Europa, si Rubalcaba no ha planteado una sola petición que haya hecho hacer un solo mohín de disgusto a Raxoi que se muestra feliz con el apoyo del PSOE, para vender en la UE que, a pesar de sus engaños, latrocinios, violación de los derechos del pueblo, cuenta con el apoyo del principal partido de la oposición?

¿No se le ha pasado a Rubalcaba por la cabeza que con ese pacto con el que tan cómodo se siente está avalando a unos políticos que han pervertido la democracia, que han burlado la ley de incompatibilidades cobrando sobresueldos, que gobiernan obedeciendo a la secta católica, a la oligarquía y a la banca? Ese pacto con el que tan cómodo se siente Rubalcaba, y que tan incómodos hace sentirse a quienes siendo socialistas nada en común tienen con la dirección actual del PSOE, además de convertirlo en cómplice del PP, no logrará sino aún más desafección de la que en la actualidad sufre su partido.

Él es muy dueño de suicidarse políticamente, pero a lo que no tiene derecho es a destrozar el partido que fundo Pablo Iglesias y del que, posiblemente, nunca han leído una línea de lo que decía, aplicable, desgraciadamente, en el presente, porque este país está sufriendo a causa de las políticas del PP, y la connivencia de la actual dirección del PSOE, una regresión en derechos y libertades de siglo y medio.  






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