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En manos de canallas desvergonzados y sin reaccionar

A duras penas, con cuentagotas, se van conociendo las claves de todo lo que ha generado una crisis que está costando la libertad y los derechos al pueblo de este triste país: una confluencia de latrocinios, de maniobras llevadas a cabo en nombre de intereses espurios son la causa de tanto empobrecimiento y tanto dolor. Cientos de miles de niños comienzan a sufrir las consecuencias de la mala alimentación, y la desnutrición comienza a ser noticia sin que los mismos que han removido Roma con Santiago para salvar a los bancos tomen alguna medida que pueda poner fin a la vergüenza de un país en el que los más débiles, los niños o los ancianos, ven en riesgo su salud.

El sistema, como quiera que se dé en llamar al poder del dinero que todo lo manipula, es el responsable del paro y en consecuencia, del empobrecimiento de millones de familias. Valga como ejemplo lo que se contó en el programa ‘Salvados’ que Jordi Évole dedicó a las eléctricas. Jorge Fabra Utray, economista que fue responsable de diversos altos cargos en el terreno de la energía y fundador de ‘Economistas frente a la crisis’ dejaba caer que los lobby’s que defienden la energía eléctrica tuvieron mucho que ver con los libelos y desprestigio que se vertió contra las energías renovables, acusando al sector, incluso, de fraudes que nunca se pudieron demostrar por mucho que la investigación fuese intensa.

Pese al grave riesgo medioambiental que suponen las tradicionales formas de generar energía, entre ellas las peligrosísimas centrales nucleares, en este país se abandonaron por completo los proyectos de energías renovables, incluso las que controlaban las tradicionales empresas energéticas como la fotovoltaica, lo que está dando lugar a que, particulares que instalaron en su día placas generadoras de esa energía, vean como los precios que ofrecieron en principio se hayan reducido exponencialmente. Pero es que, además, el abandono de las energías renovables ha conllevado un gran aumento del paro en todo lo relacionado con las energías renovables, como la fabricación de paneles solares o fotovoltaicos.

Fabra Utray denunciaba en el citado programa televisivo que, desde que en 1997, gobernando Aznar, se abandonó la revisión por parte de la Comisión de la Energía del control de los costes, a consecuencia de lo cual los consumidores pagamos más de lo que en realidad tendríamos que pagar. Fabra Utray, contaba igualmente, que en 2008, con Zapatero en el Gobierno, la misma entidad avisó de la enorme brecha que existe entre el coste real de la energía y lo que se cobra, con el consiguiente perjuicio para los consumidores, ‘el Gobierno no hizo nada’ afirmaba Fabra. ¿Es disparatado pensar que el mirar para otro lado de los distintos Ejecutivos tiene algo que ver con el hecho de que en las compañías eléctricas estén sentados en sus Consejos de Dirección expresidentes y exministros del PP y del PSOE?

En tanto que todo se carga a las espaldas de las capas más frágiles de la sociedad, los hipotecados pierden sus casas, los jubilados han de pagar sus medicinas o, en caso de no poder hacerlo, prescindir de ellas o se crea paro por favorecer determinadas industrias, los especuladores de toda laya ven como sus cuentas se abultan cada vez más de forma escandalosa,  sin que los Gobiernos hagan nada por evitar toda clase de latrocinios que van desde los que perpetran las sociedades de inversión o los bancos que, con productos como las preferentes, o rescates a costa del pueblo, se enriquecen cada vez más ante la pasividad de Gobiernos que, al mirar para otro lado, enriquecen a sus fieles, al tiempo que reclaman austeridad.

Cuentan además, con una prensa manipuladora en ocasiones y silenciosa las más de las veces. Así, la mayoría de medios silencia el caso del trabajador de la famosa inversora Goldam Sach, Greg Smith que cuenta en un libro las maniobras de esa empresa financiera para enriquecerse y enriquecer a sus inversionistas preferidos, jugando con las economías de países enteros, como el nuestro, del que explicaba que “tratamos de sacar beneficio de la desgracia de España. En la reunión de la mañana el banco decía: ‘Hoy vamos a vender acciones de sus bancos y a convencer a nuestros clientes de que compren’. Y a los dos días decían lo contrario. Cuanto más los aterrorizas, más negocio haces”. Sin embargo,  y como señala el extrabajador de la financiera “nadie ha ido a la cárcel por estas prácticas”. Y evidentemente no ha sido así porque los Gobiernos tienen buen cuidado de legislar de manera que nunca se puedan ver perjudicados quienes manejan el dinero.

Porque las decisiones gubernamentales no se producen por caprichos arbitrarios, ni, desde luego, por proteger los intereses generales sino los suyos propios. En estos días en los que se están desvelando los enormes sobresueldos que cobraban, y tal vez sigan cobrando, los políticos del PP, no se hace el suficiente hincapié en el origen de esos sueldos. El delito menor de si cumplían con el erario o no, no es lo más substancial del asunto,  sino quiénes proporcionaban esas enormes cantidades de dinero y a cambio de qué.

Peones de un siniestro damero, los ciudadanos estamos siendo robados. Se hurtan nuestros derechos, nuestro bienestar y nuestra dignidad porque, detrás de todo ello está la avaricia de grandes empresas, políticos, inversionistas, bancos.

Lo que no se acaba de entender es cómo si, aún con cuentagotas, los medios dan cuenta de esos manejos, de esa red de favores entre los poderosos, de esos latrocinios que paga el pueblo, este no reaccione como tendría que hacer por pura supervivencia. ¿Qué hacen los padres que no pueden dar de comer a sus hijos, los jubilados que no pueden comprar las medicinas que necesitan, los parados sin subsidio, los dependientes sin ayudas, los estudiantes sin becas que tendrán que abandonar sus carreras?

Es verdad que de vez en cuando hay conatos, pequeñas manifestaciones de unos cientos de miles. Aunque los muchos millones que sufren las consecuencias de los crímenes de un capitalismo abusivo permanecen inermes, pasivos, atontados y domesticados, esperando no se sabe la llegada de qué dios liberador.

Si toda la ciudadanía de Europa -incluida la alemana, a la que no le va bien y le irá peor, a consecuencia de la política que imponen sus gobernantes, consistente en ahogar a los países que antes compraban los productos de sus fábricas- es conocedora de la manipulación y el latrocinio que llevan a cabo las grandes inversoras, los políticos conniventes, los abusos de un sistema ideado tan solo para que se enriquezcan unos cuantos en detrimento de millones, no se entiende que no se ponga en pie de forma contundente, para acabar con un estado de cosas que, de descuidarse, la llevará a la esclavitud.

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