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El modelo económico del PP: Recortes en I+D+i, subvenciones a sectas y tauricidios



Los investigadores están tomando pacíficamente las calles para reclamar que no se siga recortando en I-D+i –Investigación, Desarrollo e innovación- porque esos recortes ahogan el futuro de este país. El pasado miércoles un grupo de doctores de diversas disciplinas entregaron en el Ministerio de Economía y Ciencia la Carta Abierta por la Ciencia, que recogió alrededor de cuarenta y cinco mil firmas, lo que dice muy poco del sentido común de los ciudadanos de este país, capaces de concentrarse a miles para celebrar el triunfo de la selección de fútbol, pero inconsciente ante el peligro para el futuro del país si, como planea el Gobierno, se reduce al mínimo el presupuesto para los investigadores, a la vez que despilfarra el dinero en asuntos que, ni siquiera, cuentan con el beneplácito de los ciudadanos. 

Cuando los investigadores acudieron al Ministerio de Economía y Competitividad (del que depende la I+D+i en España) a entregar la Carta por la Ciencia no fueron recibidos por nadie, las puertas estaban cerradas porque desde el Ejecutivo se vetó la presencia de los medios que pudieran dar cuenta de las reclamaciones de unos científicos preocupados no solo por sus problemas laborales, sino también por un país del que consideran que ‘si no hay ciencia no hay futuro’. Lo triste es que, actualmente ‘falta país para tanto cerebro’, o mejor dicho, faltan políticos con cerebro. 

La situación es tan esperpéntica como para que el Consejo Superior de Investigaciones científicas –CSIC- tenga que reducir en programas de investigación para poder pagar el sueldo de los investigadores, porque a su presupuesto, de 137 millones, le faltan cien que no saben de dónde sacar, lo que provoca que actualmente de cada diez bajas por jubilación tan solo se cubre una. En tanto, el Ministerio de Deseducación, Beaterías y Tauricidios, dependiente de José Ignacio Wert, destina a los crueles espectáculos taurinos 564 millones de euros. Un dinero que, además, emplea contrariando a la mayoría de ciudadanos porque tan solo un 18% de ellos está de acuerdo en que se subvencionen tales salvajadas. 

Cabe preguntarse cuántos programas de investigación y sueldos de investigadores podrían pagarse con los once mil millones que el Gobierno destina a la secta católica, que ni siquiera da cuentas de en qué emplea el dinero que recibe de los ciudadanos. Y mientras el Gobierno derrocha el dinero de todos en complacer a sectores como el de Iglesia Católica o el de los tauricidas, los investigadores de este triste país se ven abocados al paro o al exilio y, de paso, el futuro de todos se va al garete al descartar un crecimiento basado en la investigación para inclinarse por el modelo de Eurovegas, de trabajadores sin derechos, sin formación y mal pagados, en lugar de potenciar el importante sector de la Investigación y el Desarrollo que sería el que podría lograr la modernización y el asentamiento de un tejido industrial que hiciera posible un país moderno, con una economía que pudiese competir con cualquier país del norte.

Hasta la UE recomendó al Ejecutivo español que no aplicase recortes ni en Educación ni en I+D+i, mas este Gobierno parece no haber evolucionado y permanece anclado en ese triste modelo que describía Antonio Machado hace ahora precisamente un siglo al escribir: “esa España inferior que ora y bosteza,  vieja y tahúr, zaragatera y triste; esa España inferior que ora y embiste, cuando se digna usar la cabeza”. 

Hace pocas fechas, la Fundación Príncipe de Asturias concedía el Premio a la Cooperación a la Sociedad Max Planck para el Avance de la Ciencia, al considerar que ‘la ciencia también es cooperación’. La Max Planck cuenta con un total de 80 institutos, cinco de ellos en el extranjero: Bibliotheca Hertziana (Roma), The Art History Institute (Florencia), The Max Planck Institute for Psycholinguistics (Nijmegen, Países Bajos), Max Planck Florida Institute (EE.UU.) y Max Planck Institute Luxembourg for International European and Regulatory Procedural Law (Luxemburgo), una treintena de Max Planck Research Schools para doctorandos (con un 86,4% de extranjeros) y más de 40 grupos de investigación integrados en universidades y fundaciones alrededor del mundo; emplea a más de 17.000 personas: 5.300 son científicos, de los cuales el 36,9% son extranjeros, al igual que el 31, 5% de los directores. 

Entre los investigadores del Instituto Max Planck, hay científicos españoles,  como el doctor Amaro Seoane,  investigador de ondas gravitatorias. Su estudio es una consecuencia directa de la teoría de la relatividad de Albert Einstein. Si bien se han observado evidencias indirectas, todavía no han sido detectadas. Se espera que su descubrimiento abra una nueva ventana al Universo, que permitirá observar fenómenos que actualmente no se pueden calibrar, como el nacimiento de los agujeros negros. 

Debería ser el doctor Amaro Seoane, el astrofísico que investiga sobre las ondas gravitatorias desde hace años en Albert Einstein Institute de Max Planck en Posdam, Berlín, quien recogiese el premio Príncipe de Asturias, tendría así la oportunidad de explicar en ese foro al que tantas personalidades importantes acuden, incluido el heredero de la corona, por qué han de irse de este triste país los investigadores españoles. Gente extraordinariamente formada que tienen que desarrollar su trabajo fuera de su país porque en el que los vio nacer se desprecia la ciencia y la tecnología. 

Un país donde el dinero de todos lo destina un gobierno que ‘ora y embiste cuando se digna usar de la cabeza, que despilfarra el contenido de las arcas públicas en espectáculos taurinos, o en regalárselo a una secta religiosa, cuando no a estafarlo descaradamente en beneficio propio, tal como sugiere la investigación del Caso Bárcenas, en tanto permite que sus mejores cerebros tengan que exiliarse porque aquí no encuentran ni trabajo ni la posibilidad de desarrollar sus conocimientos, es un gobierno lesivo para el país. 

¿Qué futuro se puede esperar con unos gobernantes así?

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