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Una UE vigilante y guardiana de derechos… de los bancos






El sueño de una Europa unida en defensa de los intereses de sus ciudadanos hace mucho que se viene disipando como una suave niebla una mañana de verano. Aquella Europa de los Pueblos que muchos soñaban en los años ochenta ha devenido en la Europa de los banqueros y los especuladores. Y si alguna duda  quedaba aún, la intromisión de los organismos supranacionales en el decreto de la Comunidad de Andalucía, que para proteger a sus ciudadanos de los abusos de los desahucios, plantea la expropiación temporal de viviendas cuyos propietarios están en situación de riesgo, ha clarificado todas las dudas que podían existir. 

Aunque el presidente de la Comunidad Andaluza, José Antonio Griñan, aún tiene dudas de si realmente es la UE la que ha manifestado la ilegalidad de la medida del Gobierno andaluz, o la afirmación se debe a una ocurrencia del ministro de Economía, Luis de Guindos, o del propio Raxoi, dado que ambos personajes no se caracterizan precisamente por su amor a la verdad. 

Mas, por si fuese cierto que la UE es contraria a la decisión del Gobierno andaluz, y esta se erige en defensora a ultranza de los bancos, la primera autoridad andaluza ha expresado algo que viene calando con fuerza en la población de los países del sur de Europa, la pregunta de si merece la pena permanecer en una Europa cuya unidad tan solo beneficia a banqueros y especuladores. 

José Antonio Griñan señaló que, “si son ciertas las dudas de la Comisión Europea respecto al decreto que prevé expropiaciones de viviendas a los bancos, Europa no merece la pena". Ya era hora de que algún político plantease esa cuestion, porque, desgraciadamente, la cansada ciudadanía víctima de tanto expolio y tanta privación, está acostumbrada a que los partidos mayoritarios hagan profesión de fe europeísta, más allá de lo razonable y de lo que conviene a los países sojuzgados por una UE que, más que unión de países, parece el sometimiento de los del sur a la supremacía aria del Bundesbank. 

También la consejera de Fomento y Vivienda de la Junta de Andalucía, Elena Cortés, se mostró "sorprendida" por el hecho de que la Comisión Europea “haya callado veinte años que el Estado, según la sentencia de Luxemburgo, incumpla sistemáticamente una directiva que protege a los ciudadanos y, sin embargo, mueva ficha en el mes que lleva en vigor el Decreto-Ley de Función Social de la Vivienda"

La consejera andaluza hizo alusión igualmente a que el Gobierno exprese la contrariedad de Bruselas por el decreto andaluz, pero no se conozcan los términos del memorándum que hizo posible el rescate de la banca, que el Ejecutivo califica de ‘secreto’ y que la UE consienta esa falta de transparencia tan poco democrática en un Estado miembro.

Permanecer en la UE a cualquier precio y sin saber por qué, ni para qué, es algo que tendría que explicar el actual Gobierno, y es más, debería plantearse un referéndum para que los españoles diesen su opinión sobre la permanencia en un invento que no se sabe a qué intereses beneficia; desde luego no lo hace con una ciudadanía cada día más abrumada por los problemas que genera con unas exigencias de austeridad que no se sabe bien a quién benefician. 

Por el contrario, son enormes los perjuicios que sufre la ciudadanía española, al igual que la griega o la portuguesa, por pertenecer a una unión de países en la que el precio a pagar son los sacrificios y las pérdidas de derechos a cambio de que el organismo supranacional lo único que haga sea rescatar bancos con el propósito de que estos paguen las deudas que contrajeron con las entidades alemanas. Porque ese y no otro, es el fin de los rescates bancarios que vienen costando la salud al Estado del Bienestar de los países del sur, ya de por sí mucho más precario que los del norte. 

Cuando hace unas fechas, el secretario general de los socialistas, Pérez Rubalcaba, sugirió que el dinero prestado por Bruselas sirviese para algo más que para reflotar entidades financieras, la UE aclaró con celeridad que ese dinero estaba destinado únicamente para rescatar bancos. Entidades que, durante 2012 desalojaron por la fuerza al menos a dos mil cuatrocientas cinco familias, de un total de treinta y dos mil cuatrocientos noventa desahucios, según revela una estadística del Banco de España, en la que se informa de que trescientos cincuenta y cinco de esos desahucios se llevaron a cabo con intervención de la  Policía, o lo que es lo mismo, con violencia policial contra aquellos a los que se expulsaba de sus viviendas. 

A la UE no parece importarle que se ejerza esa violencia contra los ciudadanos europeos, permanece impasible a la violencia policial o ante el drama de familias que se quedan en la calle y a las que, para sumar drama al drama, se separa a los hijos de sus padres, si estos no cuentan con una vivienda alternativa. Mas está presta a salir en defensa de los intereses bancarios para que estos no pierdan ni un céntimo de euro por impago de créditos hipotecarios. 

Al tiempo, tampoco interviene para defender a los consumidores de las estafas bancarias que, de alguna manera bendice la judicatura, como ha hecho con la sentencia sobre las ‘cláusulas suelo’, que no es, ni mucho menos, una victoria de los usuarios, por mucho que haya habido ingenuos que lancen las campanas al vuelo congratulándose de la decisión del Supremo. 

El alto tribunal que ha acordado declarar ilegales o ilegítimas tales cláusulas, se ha guardado muy bien de condenar a los bancos a devolver lo estafado como haría con cualquier truhán que no fuese banquero. A la vez que deja la puerta abierta a las entidades financieras para sigan aplicándolas si el cliente ‘se da por enterado’ de lo que son esas argucias que permiten que un banco no baje los tipos de interés de las hipotecas por mucho que baje el Euribor, pero sí pueda incrementarlas cuando sube. 

La inanidad de la UE ante las injusticias, violaciones de derechos, imposiciones ideológicas o derroches de dinero público en asuntos del todo fuera de los preceptos de un régimen democrático, contrasta con la celeridad con la que interviene para salir en defensa de las entidades bancarias, convirtiéndose así en tan solo una garante de los derechos de los especuladores en contra de los ciudadanos. Al final habrá que pensarse y mucho, lo planteado por Griñan, si estar en la UE merece la pena. El número de los que pensamos que no aumenta día a día, o rescate a rescate y recorte a recorte. 

Además, si no perteneciésemos a la UE, este Gobierno reaccionario se quedaría sin coartada a la hora de aplicar tanto recorte de derechos y libertades que perpetra en nombre de la intocable unidad europea. 

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Comentarios

  1. Qué pena, lo que se pierde el mundo por no tenerte como periodista en algún medio.

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  2. Muchas gracias Javier, pero la mayoría de la prensa -sobre todo en el País Valencià, donde habito- la controla el PP, y gente como yo no tiene cabida en los medios de este régimen fascista.

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