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Un ejercicio de política ficción en torno al 15-M



Hacer política ficción puede convertirse en un capricho o un vicio intelectual –intelectual sensu stricto, es decir ‘perteneciente o relativo al entendimiento’-, que permite imaginar situaciones posibles o deseables, una especie de historia ficción por anticipado. Política ficción son algunas películas italianas del postneorrealismo, o del director franco-griego Costa-Gavras. Jugar a pensar qué sucedió o que podría suceder alrededor de algunos acontecimientos reales puede resultar fascinante. 

Así, podríamos hacer un ejercicio de política ficción, o de ficción anticipativa, en torno al movimiento del 15-M que celebra este fin de semana sus dos años de existencia. La historia podría ser más o menos, como sigue: 

“Hacia el año 2010, un grupo de sociólogos y alumnos de sociología de la conservadora universidad Pablo Olavide de Sevilla plantean la incógnita de qué sucedería si se hiciera una convocatoria a los descontentos de todo pelaje, para que manifestasen sus quejas ciudadanas, al margen de los partidos políticos y los sindicatos. Los investigadores de la Universidad Pablo de Olavide conocedores de la existencia de grupos de activistas y blogueros críticos y hartos de un sistema pseudodemocrático que consideran no los representan, juegan a impulsar las protestas activas de esos grupos, como Anonymus, Ponte en Pie o No les votes. 

El siete de marzo de ese año, se publica en la web alternativa Kaosenlared, una convocatoria de Democracia Real Ya para una manifestación que se celebrará el 15 de mayo en la Puerta del Sol de Madrid. Allí nacerá una amalgama de ideas, y de propuestas que, en muchos casos, despiertan no pocos recelos de la izquierda del sistema. Es época electoral; el día veinticuatro han de celebrarse comicios municipales, y los dos grandes partidos utilizan la movilización como arma arrojadiza, reprochándose mutuamente que están detrás de ese movimiento. 

La realidad es que el ‘No les votes’ y ‘No nos representan’ favoreció indudablemente la llegada al poder de la derecha en muchas ciudades. Lo que hizo pensar a muchos que detrás del 15-M estaba el PP. Posibilidad que, si durante un tiempo hizo que la izquierda, sobre todo el centroizquierda del PSOE, estuviese convencida de que esto era así y que, detrás de algunos de los grupos del 15-M lo que había era la voluntad de lograr la abstención de los descontentos de izquierdas para facilitar la llegada del PP al poder, se diluyó en cuanto este ganó las elecciones.  

O, para mayor precisión, si existieron grupos afines a la derecha en el 15-M, estos desaparecerían con la llegada al poder de ese partido, para fraguar un movimiento de descontento que, si al principio rechazó la política institucionalizada, fue inclinándose tanto a postulados ideológicos de izquierdas como a la posibilidad de incorporarse al sistema para cambiarlo desde dentro, una vez asumido que las protestas ciudadanas, la ocupación de plazas y las asambleas, no bastaban para acabar con una situación política insostenible. 

A los dos años de su existencia, con quince meses de gobierno ultraderechista del PP, con las decisiones económicas y laborales puestas por completo al servicio de la oligarquía y la banca, con regresiones sociales de todo tipo, incluida una ley de aborto talibana y dictada por la Conferencia Episcopal, con la Educación y la Sanidad Pública prácticamente desarboladas, seis millones de parados y una legislación laboral que convertía a los asalariados en esclavos, parte de los integrantes del 15-M asumen que con tan solo asambleas y protestas no se consigue nada, y que, ante las encuestas que muestran la caída exponencial de la intención de voto de los dos grandes partidos, no cabe otra decisión que la de constituirse como partido político que, en futuros comicios, aglutinen el descontento de una sociedad cansada de recortes y corrupción. 

En 2014 se convocan elecciones europeas y el resultado es abrumador para los partidos que durante más de treinta años fueron mayoritarios y protagonizaron gobiernos de turno, que se fueron sucediendo en periodos de ocho años, durante los últimos dieciséis. PP y PSOE apenas logran una decena de representantes, ante la masiva victoria del partido del 15-M que trastoca el equilibrio del Parlamento Europeo, que ve, sorprendido, que los representantes españoles han contagiado de sus políticas a otros grupos europeos y el equilibrio de poder conservador se tambalea en la Europa de los Mercaderes. 

Al año siguiente se celebran elecciones municipales y autonómicas, excepto en Catalunya, Euskadi y Galicia. Las encuestas, desde el principio, dan como perdedores inequívocos a los dos grandes partidos, hasta entonces. La alternativa del descontento ciudadano, de los otrora mayoría silenciosa toma la voz y se hace con el poder ante el horror de la oligarquía, la banca y la iglesia, todo lo que hasta ese momento constituía el establishmen, que teme que el resultado se repita al año siguiente en los comicios generales. Como efectivamente sucede. 

El partido alternativo del 15-M se presenta con la propuesta de declarar deuda odiosa, convocatoria de un referéndum para salir de la UE y otro para dirimir el sistema de Jefatura del Estado, bajada de sueldo de los cargos públicos, retirada de las tropas españolas en cualquier conflicto bélico en el que participasen, subida de impuestos a las grandes fortunas, denuncia del Concordato y eliminación de subvenciones a la iglesia, derogación de la reforma laboral, la ley de aborto y la ley de Educación promulgadas por el PP, nacionalización de los centros sanitarios privatizados por el Ejecutivo del PP, nacionalización real de los bancos rescatados, renacionalización de la red de alta tensión, bajada del IVA y del IRPF, creación de un cuerpo de inspectores fiscales exclusivamente dedicados  a la fiscalización de los partidos políticos, aumento del número de fiscales y juzgados anticorrupción, creación de secciones de policía destinada a investigar delitos de corrupción, reestructuración del Senado… y arrasa. 

La comunidad internacional se lleva las manos a la cabeza, asustadas las clases dirigentes y esperanzados los pueblos al comprobar que se pueden romper clichés y retomar el destino de sus países, expulsando de la vida pública a los políticos profesionales, a los lobbys empresariales, a los detentadores del poder económico. 

El 15-M cambió la historia no solo de España sino de toda Europa. En los libros de historia se estudiará lo sucedido como un cambio de era en la Europa del siglo XXI, del mismo modo que se data la edad contemporánea a partir de la revolución francesa del siglo XVIII”. 

Más o menos así podría evolucionar la situación en caso de que los integrantes del 15-M decidan apostar por la incorporación al mundo político. Rodeando el Congreso o, concentrándose en las plazas públicas, no se logran cambios; no con un Gobierno de ultraderecha que cierra los ojos a las protestas ciudadanas, cuando no las disuelve a golpes. La única manera de acabar con una situación insostenible como la de la actualidad es la de incorporarse a un sistema gripado que necesita de una puesta a punto con urgencia. 

Y el movimiento del 15-M, libre ya de participaciones exógenas a los intereses del pueblo, si es que alguna vez las hubo, puede constituir la alternativa a un sistema enquistado en una pseudodemocracia que nunca representó de verdad los  intereses de la ciudadanía.
  
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