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PP del País Valencià: Ocultar desastres con incuria



Así como a los nanos traviesos les encanta repetir lo de ‘caca culo pedo pis’ como muestra de rebeldía, esta bloguera está tentada de llenar el posteo de hoy con solo el nombre de País Valencià, País Valencià hasta el infinito, solo porque el PP de estos territorios ha decidido prohibir esa nomenclatura en los documentos oficiales obligando a todos los ciudadanos a usar el término ‘Comunidad Valenciana’ que, consideran, es como debe nombrarse a estos territorios a los que niegan su identidad, solo y únicamente para diferenciarse de los catalanes. El PP y el Govern son lo que en el País Valencià se conoce como blaveros. 

Blavero se dice en las tierras del Conqueridor –Jaume I-, de aquel que es obsesivamente anticatalanista. El término surgió en la época de la mal llamada transición, cuando la derecha retrógrada reivindicaba el regionalismo frente a posturas más cercanas a la idea de los Països Catalans. Los blaveros, retrógrados, y por ello y precisamente poco cultos, son obsesivos enemigos de todo lo que proceda da Catalunya, hasta el extremo de negar que el valenciano sea la misma lengua que el catalán, como señalan absolutamente todos los lingüistas. 

El Gobierno de la Generalitat, radicalmente blavero, enemigo de aquello que pueda sonar a catalán detesta por ello a todos aquellos intelectuales que se mostraran de acuerdo con los lingüistas respecto a la lengua común de Catalunya, Balears, y el País Valenciá. Esa sola posición, la aceptación de una realidad empírica sobre el idioma,  le basta a los blaveros para proscribir a grandes intelectuales a los que los más radicales llegaron en su día a enviar bombas, como en el caso de Joan Fuster, autor del ensayo Nosaltres els valencians, o son capaces de querer borrar la memoria autores como el poeta Vicent Andrés Estellés (1924-1993), cuyo aniversario se negó hace pocos días a celebrar un concejal del PP ágrafo. A la estatua del poeta, en un acto de cerrilidad vándala, la cubrieron de pintura azul blaveros ultras en pasados días, en el mismo lugar que viera nacer al poeta, Burjassot.

Todas estas explicaciones son necesarias para que se entienda por qué el PP del País Valenciá se permite prohibir ese nombre en los documentos oficiales, y aun en los medios de comunicación que no quieran significarse como rebeldes, y la causa de hace su blaverismo ágrafo y su cerrilidad: Lo hace con el fin de ocultar no solo la catastrófica situación económica de las arcas valencianas, sino y también, los muchos escándalos de corrupción y las arbitrariedades, ignominias e ilegalidades que perpetran unos políticos enquistados en el poder gracias al meninfotismo de los valencianos. (Meninfot es aquel ciudadano al que no le importa nada lo que sucede en su país, incluso aunque lo que suceda le afecte personalmente, se podría decir en términos coloquiales que es aquel al que le importa todo un rábano, o que vive instalado en el pasotismo político y social). 

 
Los políticos del PP del País Valencià viven inmersos en la corrupción y acuciados por numerosas imputaciones; en estos momentos la Fiscalía está investigando a prácticamente la totalidad de altos cargos del Consell por sus contratos con la trama Gürtel, a la que se los concedieron a dedo por todo y para que hicieran de todo, posiblemente también, financiar ilegalmente al PP. 

También están imputados por delitos de cohecho y prevaricación el Conseller Blasco, que favoreció y presuntamente se quedó, junto con sus compinches, con elevadas sumas de dinero público destinado a la financiación de proyectos en el tercer mundo, cuando era responsable de la Conselleria de Solidaritat i Bienestar Social; Carlos Fabra, expresidente de la Diputación de Castellón, por delitos de enriquecimiento ilícito, fraude fiscal, prevaricación y cohecho. Y un gran número de alcaldes del partido del Govern implicados igualmente en multitud de casos de delitos urbanísticos, prevaricación, cohecho y todo un rosario de ilegalidades cometidas impunemente durante decenios. Ayer mismo la Fiscalía abrió diligencias por la comisión de un posible delito de falso testimonio en las declaraciones en sede judicial del accidente del metro ocurrido en València en 2006, en el que fallecieron cuarenta y seis personas y otras tantas resultaron heridas muy graves. El Consell contrató a una empresa, a la que abonó facturas de forma fraccionada para que no hubiese que licitar el contrato, con el fin de que aleccionara a los testigos respecto a lo que tenían que declarar para quedar impune de las irregularidades que pudieron ser la causa del siniestro mortal.

Con las arcas públicas en estado de coma, en el País Valenciá la gestión sanitaria es dramática, entre otros detalles se pude mencionar que es la comunidad que cuenta con una menor ratio de camas de hospital por habitante, se retiran medicamentos imprescindibles a causa de su precio, o la atención sanitaria a inmigrantes, como ha recogido la prensa, y que ha costado la vida, al menos, a dos personas, que se sepa. La conselleria de Sanitat debe cientos de millones a los farmacéuticos, dando lugar a varias huelgas en este sector, con el consiguiente perjuicio para los usuarios.  

La situación de la enseñanza resulta tan esperpéntica como para que se deje sin comer a los niños de  un colegio porque el Consell no abona las cantidades que debe a la empresa de catering, para que hay multitud de centros docentes en barracones –nadie ha sido capaz de averiguar qué cantidades paga el Govern valencià a la empresa que los alquila-, la carencia de calefacción, material escolar, profesores de apoyo, dotaciones, materiales y todo cuanto necesitan los niños y jóvenes para desarrollar su educación resulta endémica en un País Valencià gobernado desde hace decenios por el PP. 

En el País Valenciá, en estos años de crisis, ha aumentado la pobreza en un 18%, frente al resto de regiones españolas que experimentaron un lamentable crecimiento del 8%. La atención del Consell a las personas en estado de precariedad económica, en riesgo de exclusión o de extrema pobreza, es prácticamente nula, dado que la Conselleria de Bienestar Social niega prestaciones o tarda en tramitar años la que se llama, en el colmo del escarnio, ‘ayuda básica de urgencia'.

En esta situación de ruina de las arcas públicas, de dejación de sus responsabilidades frente a la ciudadanía, al no cumplir, ni de lejos, con su obligación de administradores públicos, enfangado en la más abyecta de las corrupciones, al PP valencià, no tiene más recurso político o intelectual que agitar la bandera del blaverismo, hacer afirmaciones tan falaces e incuras como que el idioma valenciano no es la misma lengua que el catalán y, para mayor dislate, acusar de traición a quienes mantienen lo mismo que sostienen los lingüistas. 

La postura del Govern valencià hace pensar en los versos de Machado en los que retrató a los campesinos castellanos, y de los que dijo: ‘desprecian cuanto ignoran’; es el perfecto retrato de aquella España efímera que ‘ora y embiste, cuando se digna usar de la cabeza’. Porque el Consell, beato y blavero, incuro y dictatorial, tiene la guerra declarada a los intelectuales, a los que piensan, a los que protestan o a los que critican. Ha establecido en estos territorios, que intenta prohibir que se llamen País Valenciá, la incuria y la cerrilidad, la pobreza, la mentira y la corrupción, al escudarse en añejas guerritas absurdas como la de la lengua y el odio por lo catalán para tapar su nefasta gestión, salpicada de ineficacia, derroche y corrupción. 

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Comentarios

  1. Cada vez que te leo siento la sensación que este país, ignora a la gente de valía de personas que son coherentes, inteligentes y que estamos 'regidos' por una total e intolerable ignorancia, soberbia y petulancia infecta de la derecha más retrógada que he conocido y soportando.
    Sigue demostrando a esta neomierda que nos invade que existen muchas personas que se pueden cansar de de tanta des-facha-tez ingnorante...'a galopar, a galopar, hasta enterrarlos en el mar'...

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  2. gran entrada luisa pero la gente de twiter quiere conocer a la autora de estos post

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