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Ley Wert: Formar borregos en lugar de educar personas



Cientos de miles de personas, el noventa por ciento de la comunidad educativa –que eñ atrabiliario ministro de deseducación, incultura y asuntos tauricidas, de nombre José Ignacio Wert, dejó reducida al veinte por ciento; no ha podido negar la evidencia de calles repletas de manifestantes y aulas desiertas, de haber podido, hubiese jurado que no existió tal protesta-han llenado las calles de todas las ciudades importantes de este país y vaciado aulas, desde las de infantil hasta las universitarias, de todos los centros docentes públicos para protestar contra una ley Educativa, la Lomce, conocida popularmente como ‘Ley Wert’ que, hasta el Consejo de Estado, en el que es mayoritaria la representación del PP, ha desautorizado en un demoledor informe. 

Aunque como los informes que emite el Consejo de Estado no son vinculantes, por mucha razón que tenga en todo lo que dice, no solo sobre la barbaridad que supone eliminar la asignatura de Educación para la Ciudadanía, sino otras decisiones que dejan desarbolada la posibilidad de una enseñanza de calidad, ese personaje patético que es el Ministro Wert ha desoído el citado informe, las protestas de educadores, estudiantes, padres de alumnos y sindicatos, decidido a imponer una ley retrógrada que quiere acabar con la enseñanza pública, con la libertad de educadores, padres y alumnos y, con el derecho a acceder a la enseñanza de todos los sectores sociales. 

‘Wert solo escucha a la Conferencia Episcopal’ se queja la comunidad educativa, porque en la redacción de esa retrógrada ley el ministro Wert no ha escuchado ni a profesores, padres, alumnos o expertos en educación; a nadie excepto a la Conferencia Episcopal que está apoderándose de la legislación civil convirtiendo este país, con la colaboración de un gobierno de beatos, en un régimen talibán, en una teocracia anacrónica. 

La eliminación de Educación para la Ciudadanía es uno de los asuntos que critica el Consejo de Estado, e incluso considera que “Acaso procedería imponerla como obligatoria en algún momento, pues han sido numerosos los acuerdos y recomendaciones, suscritos por España, del Consejo de Europa y de la Unión Europea desde 1997 en el sentido de propugnar como objetivos de los sistemas educativos de la Unión el velar por el aprendizaje de los valores democráticos y de la participación democrática con el fin de preparar a las personas para una ciudadanía activa”. Mas el europeísmo de este Gobierno ya se sabe que se limita a los recortes, del mismo modo que su fervor constitucional solo atiende a la unidad territorial. 

Pero quizá precisamente el que esa asignatura prepare a los jóvenes para ejercer una ciudadanía activa al llegar a la edad adulta sea una de las razones por las que, tanto la secta católica como la ultraderecha del PP tienen miedo a esa asignatura. Ni la una ni los otros quieren que los niños y jóvenes, adultos del futuro, sean ciudadanos activos sino borregos que transijan con abusos e imposiciones, las que a lo largo de la historia han perpetrado, siempre de la mano, Iglesia y derecha.  

Evitar que los ciudadanos del mañana sean libres y críticos es la razón de esa ignominiosa ley contra la que se ha levantado en masa la comunidad educativa por mucho que lo niegue el ministro Wert, al que sobra desfachatez y falta vergüenza, ética y sentido democrático, y que ha pergeñado un bodrio legal que persigue una educación discriminatoria, deficiente y machista, encaminada a formar asalariados sumisos mucho antes que intelectuales rebeldes. 

La ley que repudian por igual docentes y universitarios, padres y alumnos y, obviamente, cualquier persona que no milite en las filas del talibanismo ideológico y religioso, pretende crear guetos educativos, eliminar asignaturas –no solo la de EpC- que puedan hacer de los alumnos personas preparadas que opten en el mañana por la investigación o la docencia, por la creatividad o mucho peor, por la filosofía y la política fuera de sus planteamientos ideológicos. Esa razón es la que ha llevado al actual Gobierno a eliminar becas, con el fin de vetar el acceso a la universidad de la  clase trabajadora. 

El ministro Wert, y todo el gobierno del PP, quiere alumnos con escasa formación para contar con mano de obra barata, esclavos para las obras que piensa poner en marcha la oligarquía cuando se supere la crisis y, volver de nuevo al ladrillo, tan nefasto y destructivo, pero que llenó los bolsillos de políticos y oligarcas a base de recalificaciones y corrupción. Y que planean los siga llenando cuando bancos y oligarquía consideren que ya tienen a punto a una clase trabajadora desarmada de derechos, a la que poder explotar sin problemas. 

Que un pueblo culto es mucho más difícil de dominar y de robar que uno sin formación es algo que saben bien los autócratas y dictadorzuelos de toda laya, y el actual Ejecutivo está entre ellos. La prueba de su talante dictatorial lo constituye el despliegue desmesurado de fuerzas de seguridad que han ‘controlado’ las manifestaciones; una presencia que el Ejecutivo dice disuasoria, aunque no para disuadir de conflictos, porque los manifestantes son gente pacífica, sino para atemorizar a los manifestantes y hacerlos desistir de la protesta. 

Privar a los centros docentes de fondos para su buen funcionamiento, eliminar profesores a miles, anular becas y subir tasas no son sino los procedimientos que usan las dictaduras para evitar que los pueblos se eduquen. Y este ministro, cuya gestión critica hasta su propio hermano, está decidido a ponerlo en práctica por muchos manifestaciones que se celebren, por muchas críticas que hagan profesores de todos los tramos de la enseñanza, desde la infantil hasta la universitaria o padres y alumnos. El ideario del PP no contempla escuchar a las masas, sino minimizar la participación en las protestas, descalificar sus propósitos y criminalizar sus ideas. 

Excéntrico, lenguaraz y despótico, el ministro Wert se niega a escuchar la voz de la comunidad educativa o, del Consejo de Estado.  Él solo obedece a la Conferencia Episcopal y a los patrones que quieren mano de obra barata; a los paradigmas de las dictaduras. Porque Wert, a tenor de su obsesión por repetir siempre las mismas falacias, debe ser un gran admirador de Goebbells. 

Queda por ver si la UE, cuando conozca sus planes, y después de haberse mostrada crítica en el pasado con los recortes en Educación, tiene a bien darle un toque, para evitar la promulgación de tan reaccionaria ley. Porque si lo que se espera es que escuche la voz de la ciudadanía y dimita, apañados vamos. 

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Comentarios

  1. Un análisis perfecto de esta animalada llamada Ley Wert, que yo llamo ley wertgüenza.
    Saludos

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