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La pesadilla que se convirtió en la realidad de este país

Para lo que había cenado, se acostó demasiado pronto. Tendría que haberse dado un largo paseo con el perro, pero el viento y el frío le hicieron desistir. Tenía sueño, no tardó en dormirse. La copiosa cena tuvo que ser la culpable de los sueños tremendos, que dieron lugar a que al día siguiente se levantase como si, mientras dormía, hubiera sido pisoteada por una manada de elefantes. ¡Qué brutal pesadilla!

Soñó que su país estaba gobernado por un grupo de políticos que, durante años, habían estado robando a manos llenas de las arcas públicas. Los medios daban cuenta con grandes y alarmantes titulares: “El juez exige todos los cobros y pagos al partido del gobierno y los registros de visitas”. ”El Gobierno trata de probar que no denunció a los donantes de su partido”. “El juez atribuye cuatro delitos a la alcaldesa de València y al President del Consell”. Sí, aquello no podía ser más que una malson, era imposible que el país estuviese gobernado por un partido cuyos dirigentes fueran todos ellos corruptos.

También contaban los medios de cómo Hacienda confirmaba que una red corrupta, que respondía al curioso nombre de Gürtel, había regalado numerosos y lujosos viajes al extranjero a la ministra de Sanidad. Y pesar de que había pruebas incontrovertibles, ni ella dimitía, ni el presidente del Gobierno la hacía dimitir. ¡Qué cosas tan extrañas se sueñan! Porque en su desvarío onírico había hecho ir a la ministra de esos viajes regalados a Disneylandia y a Laponia. No sabía por qué ese país había aparecido en su pesadilla varias veces; lo supo justo cuando los inquietantes sueños la llevaron a leer de un político de segundo nivel que había recomendado a millones de trabajadores en paro que buscaran trabajo en aquel lejano país. Cosas de los malos sueños.

No era de extrañar pues que, con dirigentes como los que habían poblado una noche de pesadillas, el país estuviese en quiebra. Hasta el extremo de que, en algunas regiones, ya no quedaba dinero para atender las necesidades más básicas de los ciudadanos, a los que se les reprochaba ser los culpables de una crisis que habían provocado los que gobernaban. En sus divagaciones oníricas, la banca, sobre todo las cajas de ahorros, se habían arruinado y sucesivos gobiernos se fueron haciendo cargo de sus deudas, pidiendo dinero a otros países... ¡para hacérselos pagar al pueblo! Se trataba de una pesadilla, qué duda podría haber.

Como haber soñado también que el Gobernador del Banco de España aconsejaba que se redujera el salario mínimo –el más bajo de toda Europa- , que se hicieran contratos fuera de los convenios o que se aumentase hasta los sesenta y siete años la edad de jubilación. Porque en sus malos sueños, los trabajadores habían perdido, y en menos de un año, los derechos ganados en siglo y medio de lucha, a costa de sufrimiento y aun de sus vidas. En su pesadilla, en la que todo eran latrocinios y corrupciones, veía titulares de periódicos aludiendo a una estafa masiva a pequeños ahorradores, a los que se les había robado el dinero ganado durante una vida, aunque la Fiscalía, cuyo jefe dependía del Gobierno, consideraba que no habían cometido ilícito alguno los que tramaron una maniobra así de sucia.

Los malos sueños le habían hecho ver una sociedad que estaba absolutamente distanciada de los partidos políticos. Nadie se fiaba ya de un PSOE desprestigiado por su connivencia con la banca y con el liberalismo económico, tampoco de AP, que en su sueño se llamaba PP y que estaba representado por una gaviota, ave carroñera donde las haya. Era quizá por eso que ese partido - presidido por un gallego de apariencia cuitada y blandita, en realidad un temible depredador de derechos-, la había elegido como símbolo.
Entendía por qué se había despertado sudorosa y con una sensación de total desaliento: su pesadilla había acabado con todo el optimismo existente sobre el futuro de un país, protagonista en todo el mundo por su modélica transición, celebrada como ejemplo del paso de una dictadura a una democracia. Pero que en su sueño había devenido en auténtico fiasco.

En los malos sueños de aquella noche, que esperaba no fuesen premonitorios, los responsables de la dictadura quedaron impunes, incluso el juez que intentó investigar el genocidio cometido durante cuarenta años por el dictador y sus secuaces había sido expulsado de la judicatura. Por el contrario, un gobierno de derechas, ensalzaba el régimen fascista con declaraciones admirativas o auspiciando publicaciones en las que se tergiversaba la historia reciente. Y a los historiadores y a los periodistas que daban cuenta de los crímenes perpetrados por el partido único del dictador los procesaban por calumnias, pese a las muchas evidencias historiográficas.

Los dislates oníricos de una mala digestión crearon incluso una moneda europea común a la mayoría de países del continente. Aunque no con el mismo resultado, ya que los países del norte imponían recortes y sacrificios a los del sur y, como resultado, los sueldos se habían reducido notablemente y estaba desapareciendo la Sanidad y la Escuela Pública. Y se perseguía con multas y golpes a los manifestantes que protestaban por ello. Como en la dictadura.

A la gente que no podía pagar sus casas, fueran hipotecadas o alquiladas, la expulsaban violentamente las fuerzas policiales, avaladas por autos judiciales. Había miles de personas sin techo y los niveles de pobreza alcanzaban índices alarmantes. Millones de personas en el país tenían que recurrir a comedores sociales para alimentarse y muchos niños comenzaban a ser presa de la desnutrición, a causa de la pobreza de sus familias. En tanto que los banqueros cobraban sueldos multimillonarios, la ciudadanía pasaba miserias sin cuento y se le privaba incluso de sus derechos sociales más elementales para entregar millones y millones de la nueva moneda; todo ello para impedir precisamente la quiebra de los bancos, ya que los gobiernos habían nacionalizado sus pérdidas con el objeto de privatizarlos en cuanto obtuvieran beneficios.

Los medios de comunicación se habían unido para formar grandes empresas y, en consecuencia, había desaparecido su independencia; supeditados a las cuentas de resultados y a unos accionistas que imponían la línea editorial en función del volumen de las campañas que contrataban anunciantes, muchos de los cuales eran los propios partidos políticos en el gobierno que con esa publicidad compraban a la vez la ausencia de crítica, se había logrado la inexistencia del periodismo de investigación y de denuncia. La televisión pública emitía programas absurdos, aconsejando a los parados que rezasen, o a las madres cómo tenían que vestir a sus hijas para que no provocasen a los hombres.

Las perspectivas de futuro eran inexistentes en un país en el que, durante años, se había destruido costas y paisajes en aras del negocio de la construcción, lo que había dejado sembrado el país de esqueletos de hormigón, de bloques de casas deterioradas, pero que ni servían para cobijar a los miles, tal vez millones, de personas sin techo, ya que, propiedad de los bancos, las guardaban para especular en el futuro. Durante años la economía se había basado en la construcción y se habían desatendido sectores como la investigación, la iniciativa, la industria.

En esa situación de locura, muchos jueces miraban para otro lado o hacían oídos sordos al clamor que señalaba como corruptos a algunos políticos y, en función de su ideología, absolvía a los que eran amigos. Y los que no entraban en ese juego solían verse marginados o presionados por el poder político y económico. O por una fiscalía al servicio de los intereses del Gobierno y no de los del pueblo.

Con la ducha y el primer café, el horror de lo soñado pareció irse evaporando. Tenía que ponerse las pilas, era día de jornada electoral. La victoria socialista estaba cantada, el país evolucionaría hacia el modelo sueco, se acabaría el caciquismo, la ignorancia, la caspa de cuarenta años de dictadura.

Cargó el carrete en la cámara fotográfica y puso la fecha en el alargado bloc que le proporcionaba el periódico: 28 de octubre de 1982. Salió a la calle, feliz y rozagante, con toda la alegría de sus recién cumplidos treinta años y la mirada puesta en un prometedor futuro para su país. Se había olvidado de lo soñado.

Sin embargo, años después, la pesadilla se hizo realidad.



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Comentarios

  1. Pesadilla continua, es la que tenemos querida Luisa. Pero no lo olvides nuestra dignidad está intacta y ellos no lo saben o no lo quieren saber.

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  2. La pesadilla dura ya demasiado tiempo, dicen que en la guerras los soldados de infantería en los traslados de tropas aprovechan para dormir andando, nosotros somos como esos soldados, seguimos andando, durmiendo y aun por encima con una pesadilla que va camino de ser eterna. Un abrazo

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