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Héroes y villanos: Apuntes sobre el oficio periodístico

“Sin periodistas no hay periodismo. Sin periodismo no hay democracia”, esa frase fue utilizada el Día Mundial de la Libertad de Prensa por la Federación de Asociaciones de Periodistas de España. Parece una obviedad que no cala en la opinión pública que considera, según la encuesta del CIS de febrero pasado, en la que se recogía que la profesión periodística ocupa uno de los últimos puestos en valoración de los ciudadanos. ¿Somos héroes o villanos los periodistas en la sociedad actual? La respuesta podría ser múltiple y variada; o un ‘depende’ porque existen muchos tipos de periodistas y de periodismo.

El problema es que la sociedad, la gente de la calle, considera a los periodistas por igual, sin distinguir entre el honesto redactor que se parte el alma para informar veraz y ecuánimemente y el manipulador que tergiversa la noticia. Los primeros son los que no gozan ni de la fama ni de los ingresos que perciben esas figuras que aparecen en la televisión y que son los culpables, en la mayor parte de las ocasiones, del desprestigio de la profesión.

Posiblemente son ellos los causantes de que la profesión periodística esté en tan bajo nivel de valoración, el 59.08 sobre 100, aunque los periodistas son menos denostados por los jóvenes de entre 25 a 34 años, y por las mujeres y, por el contrario concitan el desprecio entre los hombres, sobre todo aquellos que están entre los 55 y 62 años. ¿Tendrá que ver en esa valoración el tipo de periodismo con el que tienen contacto esos tramos de edad?

Seguramente los jóvenes ven a los periodistas como esos dos reporteros gráficos, encausados por captar las imágenes de la brutalidad policial durante las manifestaciones convocadas por las plataformas En Pie y Marea Ciudadana. Ambos, Raúl Capín y Adolfo Lujan, fotoperiodistas de Mundo Obrero y Diario Independiente Digital, fueron detenidos violentamente, esposados e incomunicados durante horas en dependencias policiales, y se enfrentan a imputaciones de desórdenes públicos, atentados contra la autoridad y calumnias contra los órganos públicos.

Si la policía tuviese sentido común no recurriría a tan burda acusación, si fuese consciente de que para un periodista gráfico sus cámaras valen tanto como su vida, por lo que jamás las pondrán en riesgo para golpear a un agente, por mucho que este lo provoque. Y los provocan. La policía siempre ha detestado a los periodistas, testigos de sus excesos. El Gobierno del PP está decidido a acabar con la libertad de informar, ya sea criminalizando a través de la reforma del Código Penal a los gráficos que captan imágenes de los excesos policiales en las manifestaciones contra él, ya sea condenando al silencio a los asistentes a las ruedas de prensa sin preguntas.

Esos periodistas que en las manifestaciones dan fe de los excesos de una policía a la que sus superiores ordenan ser violentos con los manifestantes, los que desvelan escándalos y ponen al descubierto las fechorías de algunos políticos sí cuentan con el respeto de la sociedad. Más hay otra clase de periodistas, aquellos que manipulan y tergiversan, que ocultan o que disfrazan la realidad, concitando el enfado de lectores y espectadores cuando saben que engañan fehacientemente .

No hace mucho,  algunos periodistas de la RTVV –conocida en todo el País Valencià como ‘NO-DO’ por sus inaceptables informativos siempre siguiendo las directrices del PP que gobierna hace 18 años en esas tierras- pidieron públicamente perdón a los familiares de las víctimas del accidente de metro por haber cedido a las presiones de sus jefes. Lo han hecho después de que el Govern impusiese un ERE en que dejó en la calle a la mayoría de la plantilla. Antes se plegaron a las órdenes de la dirección porque hace mucho frío fuera de las redacciones.

Las críticas a la prensa a causa de la manipulación de la realidad, la desconfianza en la profesión periodística no obedece a prejuicios, sino a la realidad de unas publicaciones o informativos en los que es palmaria la manipulación de la realidad que, dramáticamente, se atribuyen a unos u otros medios según la ideología del lector o espectador, aunque la verdad no pueda ser más que una.

Así en asuntos tan actuales como la corrupción en el PP, los papeles de Bárcenas, los sobresueldos, la procedencia del dinero con los que se abonaban, la trama Gürtel y todo lo que lleva ocupando las portadas de todos los medios desde hace meses se enfoca, según los medios que dan la noticia, de modo tan diferente que es imposible que alguien con inteligencia pueda aceptar tales divergencias.

Hoy mismo, sobre el asunto de los pagos a altos cargos del PP se recogía de la siguiente manera, según los medios que titulasen la información: para El País “Aznar estaba al tanto de los pagos ilegales”, para El Mundo “Del Burgo y Matas recibieron pagos legales”, para La Razón “No hubo sobresueldos”. Que alguien miente a la hora de titular es algo incontrovertible, pero la ideología marcará la tergiversación en el medio menos afín a sus ideas, de ese modo, los periodistas que escriben en aquel con cuyas ideas no comulgan son unos manipuladores.

Si a eso se suma la importancia que conceden algunos medios a noticias que no tendrían que serlo, el cliché de periodista manipulador, al servicio del poder, se convierte en un reproche generalizado hacia los profesionales. ¿Cómo puede respetar una persona inteligente a un medio que se permite dar la noticia de un ‘milagro’?, como hacía ayer Levante EMV que, con total seriedad informaba, sin que fuese 28 de diciembre: “Ocho médicos testifican la curación ‘inexplicable’ de una niña valenciana”. La redactora explicaba que una niña que nació con graves problemas de salud se había curado inexplicablemente después de que sus padres acudieran a un convento de monjas Carmelitas en busca de ‘auxilio espiritual’ y las monjitas les diesen una estampita de uno matrimonio recién beatificado y les recomendasen que los pidieran la curación de su hija. Según el medio la niña se había curado milagrosamente y ocho médicos lo testificaban. Un profesional serio tendría que negarse a dar semejante noticia, mas el miedo a perder el trabajo lleva a muchos  a plegarse a las líneas editoriales o las indicaciones de los directores, haciendo dejación de su profesionalidad y dignidad.

Periodistas ¿héroes o villanos? Seguramente ninguna de las dos cosas, simples trabajadores los más. La realidad es que la manipulación de los medios no se da por culpa de los periodistas, sino por el poder de los accionistas de esos medios, los que determinan la línea editorial y cómo han de contarse las cosas. Los accionistas colocan en las direcciones a quienes saben cumplirán sus deseos porque son de su ideología. Esos sí son los manipuladores y tergiversadores, mas esos no son sensu estricto periodistas, no ejercen la profesión. Periodistas son los que buscan la noticia, los que la redactan, los que investigan.

Al final la profesión periodística no es sino un reflejo de lo que sucede en una sociedad. Vivimos en una sociedad enferma, supeditada al poder del dinero y de la secta católica. En esa sociedad hay héroes que se matan por contar la verdad y villanos que se pliegan a las consignas del poder. Solo por la existencia de los primeros tendría que tenerse en consideración a una profesión que, de no existir, permitiría que el poder cometiese aún más abusos de los que comete.


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Comentarios

  1. Más claro, agua. Totalmente de acuerdo Luisa. Qué pena que estés en el paro. Seguramente es porque tu estás en el grupo de los héroes. Enhorabuena por tu escrito. Estoy contigo.

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  2. Estoy con javier es una pena que estes tu en el paro porque me encanta como escribes y las verdades que dices

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  3. Gracias a los dos. Y sí, estoy en el paro precisamente por no plegarme a las consignas peperas, por informar de cosas que, entre otras, acabaron costándole la inhabiliitación y cuatro años de cárcel, que supongo no cumplirá, a un alcalde corrupto.Y la expulsión del PSOE de un edil sinvergüenza. Aunque al final, ellos son millonarios, y yo me las veo y me las deseo para sobrevivir. Así son las cosas en este puto país. Pero no me considero una heroína en absoluto, ni siquiera pensaba en las consecuencias, simplemente hacía mi trabajo como pensaba que tenía que hacerlo.

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