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Draghi, los desahucios y el Gobierno de Raxoi



El presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, ha respondido al Gobierno español con un suave varapalo a la nueva Ley Hipotecaria, porque,hasta ese tiburón de los mercados debe de considerar que  expulsar masivamente a los ciudadanos de sus viviendas no es de recibo, ya que señala que “debería adoptarse un conjunto de medidas más amplio que aborde las causas subyacentes de las dificultades relacionadas con las hipotecas y que trate de evitar, en la medida de lo posible, las ejecuciones hipotecarias”.

El escándalo de los desahucios llegó a Europa tras la denuncia de una víctima de los abusos de la banca que, luchando por sus derechos, recurrió al Tribunal de Justicia Europeo. Dada la resolución de tan alto tribunal, cabe deducir que se escandalizó ante una práctica más propia de la Inglaterra dickensiana, que de la de un país europeo moderno. A pesar de ello, el Ejecutivo de Raxoi hizo oídos sordos a las recomendaciones del TJE y, tras aceptar la ILP avalada por más de millón y medio de firmas, las arrojó al cesto de los papeles, para articular una nueva Ley Hipotecaria, cicatera con los derechos de los consumidores y muy tolerante con las entidades bancarias. 

Una vez aprobada, la envió a la UE, convencido de que recibiría los parabienes de las instituciones económicas europeas que, probablemente, debieron de pensar los componentes del gabinete de Raxoi, estarían encantadas de que, a pesar de las protestas ciudadanas y la llamada de atención del TJE, se mantuviese firme en la defensa de los derechos de quien se debe defender contra viento y marea, ignorando las voces de la plebe quejicosa y plañidera. 

El Ejecutivo de Raxoi, que más de una prueba viene dando de su poca práctica democrática, no dudó que Europa valoraría sin más su diligencia en proteger los derechos de la banca, ignorando totalmente los de los consumidores. No cayó en la cuenta de que en Europa tienden, al menos, a disimular la supeditación a los intereses financieros y respetan también los derechos ciudadanos. 

Teniendo en cuenta que el signore Draghi no es, ni una hermanita de la caridad, ni un Robín Hood defensor de los débiles, es posible que su llamada de atención al Gobierno de Raxoi esté motivada por su visión más clara de lo que puede suceder si en España se sigue tensando la cuerda de la ausencia de derechos ciudadanos en su relación con la banca. Cuando en un país los bancos se quedan, como sucedió en 2012, con 39.167 viviendas por impago de hipoteca, de las que 18.195 fueron entregas judiciales y dentro de estas, 14.165 de primera vivienda, que supone que ese número de familias se quedó en la calle, hay que tomar medidas para evitar no ya el drama humano, sino la reacción de la ciudadanía que puede acabar tomando al asalto las entidades bancarias, o incluso, atacando a los señores banqueros. Y eso es lo que debe temer el signore Draghi al recomendar al Gobierno del PP que suavice la Ley Hipotecaria, porque quiere impedir que la ciudadanía acabe sublevándose. O que se harte y provoque un cambio político que lleve al poder a un partido decidido a salirse de la zona euro, con el perjuicio que esa decisión conllevaría para su querida amiga Ángela Merkel. 

El drama de los desahucios lleva ya provocadas muchas muertes y esa situación parece inasumible hasta en la Europa de los Mercados que se muestra más sensible que el Gobierno de Raxoi, al que no se le mueve ni el pelo de una ceja, cuándo se suicida gente ante el drama de verse sin techo. Y no son pocas las tragedias que se están produciendo por esa causa.

El pasado lunes se registró en Chiclana un suicidio más, debido a las presiones a las que someten los bancos a los hipotecados que se demoran en el pago: un hombre, de 53 años en paro, casado y padre de seis hijos, de los que solo uno trabaja, se quitó la vida tras recibir el burofax de una entidad bancaria en la que se le reclamaba el pago, en dos días, de una deuda que ascendía a 167.343,12 euros por la hipoteca de su vivienda. En el escrito la entidad bancaria, con su habitual matonismo, advertía que si en dos días no procedía a saldar la deuda estarían "obligados a ejercitar las acciones legales procedentes en defensa de nuestros derechos". Es fácil imaginar el terror de una persona, seguramente poco informada y nada conocedora de sus derechos y de los mecanismos legales a los que acudir, ante la lectura de semejante misiva que le llevó a la muerte. Algún día habrá que legislar para que, cuando los bancos provoquen reacciones de pánico que llevan al suicidio, estos se enfrenten a responsabilidades penales. 

La llamada de atención del Presidente del BCE supone, una vez más, que la actitud poco democrática del gobierno de este país se da de bruces contra unos estamentos que, a pesar de ser conservadores y neocon, mantienen derechos propios de la democracia que siempre imperó en los estados miembros y cuyas prácticas, el Ejecutivo de Raxoi, más cercano al nacionalcatolicismo que a la democracia, suele ignorar. 

Estar en Europa lleva suponiendo, desde que estalló la crisis, no pocos disgustos y pérdidas de derechos. Mas las instituciones europeas al menos saben donde está el límite de la democracia, cosa que este gobierno de talibanes de ultraderecha ignora. No es pues la primera vez que desde la UE llaman la atención al Gobierno de Raxoi ni será la última. 

A ver si la próxima lo hacen sobre una Ley de Educación, la Lomce, que no es ni más ni menos que la vuelta al modelo de educación de la dictadura nacionalcatólica.


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