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¿Qué periodismo? Notas sobre una profesión imprescindible



Un compañero de la Unión de Blogueros Progresistas, Adrian Speedy, ha dedicado hoy un posteo que titula ‘Crítica al periodismo del siglo XXI’*, con el que estoy de acuerdo en algunas cosas, pero no en otras.

Quizá porque, conociendo la realidad de la profesión, sé de sus entresijos, lo que me permite entender unas y condenar otras aun con mayor virulencia que él. 
 
En todo caso, obviando la actualidad, o no tanto, intentaré dar mi punto de vista sobre el periodismo, una profesión que siempre amé y de la fui expulsada por ser, o por haberlo intentado, independiente, por negarme a los caprichos de politiquillos que, a la manera del presidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González, quisieron  imponer limites. Y al menos conmigo, lo lograron. 

Una vez hecha esta aclaración autobiográfica, he de señalar que el periodismo y los periodistas, con ser lo mismo, son dos cosas diferentes. La esencia del periodismo es informar, contar la verdad de lo que sucede, ya sea a través de noticias, crónicas o reportajes –que son las tres formas de hacerlo, según enseñan en las Facultades de Ciencia de la Información-, ya sea en medios escritos o audiovisuales. 

Contar la verdad tendría que ser el compromiso ineludible de cualquier periodista, una obligación deontológica que, desgraciadamente, no todos cumplen. Y la razón de esa perversión de lo que tendría que ser servicio público, compromiso con la sociedad, viene, casi siempre, marcada por razones económicas. 

Señala Andrian Speedy, y esta periodista devenida en bloguera lo confirma, que no todos los que se dedican al periodismo lo son.  Hace muchos años, Juan Luis Cebrián, antes de que olvidara que era periodista para convertirse en accionista, y por lo mismo, en negociante en lugar de informador, decía que para hacer periodismo solo es necesario tener curiosidad y una imprescindible cultura. 

Tenía razón el hoy vendido al capitalismo Cebrián, que ha olvidado su condición de periodista a tenor de en manos de quiénes puso el diario El País por una cuestión meramente económica. Pero esa, como decía Rudyard Kipling, es otra historia. 

Ser periodista, independientemente de si se cursa la carrera de Ciencias de la Información o cualquier otra -síganse o no estudios académicos, en cualquier caso será imprescindible un buen conocimiento del idioma, de su sintaxis en especial, y una razonable cultura general-, debiera ser compromiso con la sociedad el contar la verdad por encima de simpatías ideológicas o condicionamientos económicos. Una tarea muchas veces titánica, o imposible, tal y como está hoy la profesión. 

Los medios, constituidos en grandes grupos, propiedad de un accionariado siempre conservador, viven sometidos a las necesidades económicas que le son transmitidas a las direcciones que, a su vez, imponen en las redacciones la línea editorial que considera el grupo propietario que debe mantenerse. 

En esas circunstancias, cualquier profesional del periodismo tiene que desarrollar su tarea, cumpliéndola con más o menos agrado, o luchando, en ocasiones hasta perder el trabajo por mantener su dignidad. Y aparte de esas dificultades, en los últimos tiempos se ha instalado en la profesión periodística una pereza intelectual que está matando lo que antaño era el periodismo llamado ‘de calle’, el de verdad, el de ir a buscar la información al lugar donde estaba la noticia o el dato. 

Aún hay quién lo hace, como Jordi Évole en su programa ‘Salvados’, que puede definirse como ‘periodismo en estado puro’, un periodismo que va a buscar la verdad, la razón de lo que pasa, el  ‘quién, qué, dónde, cuándo y por qué’ que se enseña en el primer curso de la carrera de periodismo. Mas para hacer lo que hace Évole es imprescindible que haya dinero, tanto como no están dispuestas a destinar muchas cadenas televisivas, y menos, los medios escritos.

Mas la norma es la pereza que cunde en las redacciones, muchas veces combinada con el afán de ahorro de las editoriales, que prefieren que el redactor se quede delante del ordenador adecuando y ajustando comunicados antes de que se vaya a la calle en busca de la noticia, porque entonces cobrará el taxi o la gasolina, y mejor no hacer dispendios. 

Comenta Adrian Speedy en su posteo, que se da con frecuencia en los medios el plagio y que no se respeta la propiedad intelectual. No se trata de eso exactamente. La coincidencia en los titulares sobre el caso al que alude el bloguero fundador de la UBP, se debe a que la información procede de un comunicado emitido, en el caso al que alude, por la Casa Real, que llega simultáneamente a la redacción de todos los medios, y que, en cada cual lo adecúan a su aire; generalmente, poniendo o quitando alguna coma, cambiando alguna palabra, y no sé yo si en los de la Casa Real se cae en ese vicio tan común de los partidos políticos de escribir ciudadanos y ciudadanas, que siempre hay que cambiar buscando el uso correcto del castellano. 

De ese modo, es inevitable que la noticia de un medio sea prácticamente igual al de otro, y al final, similar en todos. Nadie ha plagiado a nadie y en las redacciones se sabe; sencillamente nadie hay en ellas que tenga el pundonor de, basándose en el comunicado, redactar una noticia en lugar de hacer cuatro cambios en un texto enviado por un grupo político, una institución o una empresa. 

En los últimos tiempos la profesión periodística está devaluada, la gente no confía en los profesionales y la sensación de que engañan llega a cotas verdaderamente desmoralizadoras para quienes ejercen su trabajo con honestidad, siendo en ocasiones merecida, pero las más, injustas, porque los periodistas no son esos voceros gritones que aparecen en las tertulias cavernícolas de la TDT, y menos, los impresentables que participan en programas de la víscera como puede ser el famoso Sálvame deT5.

El problema en la actualidad es que se confunde periodistas con tertulianos. Los primeros son esos profesionales, prácticamente anónimos, que trabajan en las redacciones de los medios con dedicación, rigor y muchas veces con la frustración que produce que lo que considera uno un buen reportaje o una noticia exclusiva ‘se caiga’, porque ‘desde arriba’ ordenan que no se publique, ya sea porque una gran empresa ha comprado esa página para insertar publicidad, ya sea porque la información se considera que puede resultar molesta para un político o el anunciante que paga campañas publicitarias. 

Los segundos suelen ser asociados al poder, asesores, amigos de los amigos de los políticos, políticos reconvertidos, por la cuenta que les trae, en columnistas de medio pelo, ‘especialistas’ en algún tema concreto, pero que tienen en común con un periodista lo que pueda tener un barbero con un neurocirujano. 

Por otra parte, en los últimos tiempos se alzan voces que pronostican que el periodismo ha muerto, o que va a morir, porque lo substituirá Internet. Nada más lejos de la realidad. Tal vez cambien los instrumentos de hacer periodismo, pero este seguirá existiendo. No puede matarlo ni la inmediatez de la noticia corta que aparece en las redes, ni mucho menos, las redes sociales donde cualquiera puede colar un bulo o una insidia. 

El periodismo, ese que responde a las cinco w que dicen los sajones, el quién, qué, cuándo, dónde y por qué, no morirá nunca, porque siempre será imprescindible para que la gente conozca lo que pasa en su país y en el mundo. Si no existiera el periodismo, ¿sabríamos de las atrocidades cometidas por los yanquis en Iraq, de los latrocinios de la corrupción, de los abusos del capitalismo, de tanta injusticia y perversidad como se produce en el mundo? 

Si no hay periodistas no puede haber información, y si no hay información no hay democracia. Por eso en las dictaduras o seudodictaduras se persigue a los informadores. Porque sin el trabajo de quienes cuentan cuanto sucede, nada se sabría de las tropelías del poder.

El problema del periodismo del siglo XXI es el común a toda esta sociedad sometida al capitalismo salvaje, que impone su ley, su presión y su voluntad en contra de los intereses de la mayoría. No es un problema de la profesión. Es un problema del sistema.


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Comentarios

  1. gran entrada luisa estoy contigo en el concepto de periodismo y da rabia que se tire de tertulianos ignorantes que participan en debates y no contraten a periodistas, pues la carrera de ciencias de la informacion es una carrera que da gente culta, y tu eres el ejemplo, y sobre cebrian has dado en el clavo gracias me sabe mal que estes en paro cuando leo los articulos pobres de muchos que publican, pienso como tu que el periodismo que busca la noticia verdadera no morira es la esencia y es lo que al final le llega a la gente, no he podido leer otros post ando malucha gracias luisa

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  2. Gracias Jacqueline. Yo sinceramente espero que el periodismo no muera nunca, porque, como digo al final del posteo, sin información no hay democracia.

    Y cuídate, que llevas muchos días malita.

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