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Paraísos Fiscales: Una lacra más del capitalismo



Los paraísos fiscales guardan alrededor de la cuarta parte de la riqueza mundial, entre veintiocho y treinta y dos billones de dólares. La cifra la facilita en la web El Librepensador, el periodista Xavier Caño. Las insolidarias grandes fortunas de todos los países y las grandes empresas,ocultan en ellos, al abrigo de las haciendas de sus respectivos países, su dinero, hurtando así la posibilidad de que la riqueza se redistribuya de un modo relativamente justo. Se podría decir que los paraísos fiscales son auténticas cuevas de ladrones.
Mas son cuevas de ladrones legalizadas, auspiciadas por los Gobiernos de países que se benefician de la opacidad de sus leyes y sus bancos y cuyos habitantes gozan de un elevado nivel de vida que nada tiene que ver, ni con la desoladora pobreza del África Subsahariana, ni con la de los recortes de los países europeos masacrados por la Troika comunitaria.
Si los países en crisis recuperasen todo el dinero que habrían de pagar los evasores que guardan su dinero en esos paraísos, sin duda, los recortes serían menores, o incluso, inexistentes. Porque de los más de setenta de paraísos fiscales existentes que operan en todo el mundo, sin desvelar jamás el titular de empresas, fortunas o fondos de inversión, que en ellos radican y desde los que evaden impuestos, ocultan patrimonio y blanquean dinero, se escamotean miles de millones a las haciendas públicas.
La evasión fiscal es una práctica habitual de multinacionales que abren filiales en países que facilitan el fraude. En España, treinta grandes empresas de las treinta y cinco del Ibex, tienen sucursales en paraísos fiscales; en 2009, solo dieciocho contaban con delegaciones en tales lugares, pero el número ha aumentado exponencialmente con la crisis.
La evasión de capitales permite  no solo librarse del pago de impuestos, sino argumentar que han bajado sus beneficios, para llevar a cabo despidos masivos con el pretexto de una crisis ficticia que, no es económica sino de un sistema codicioso y mortal para lo que otrora fue clase media y, con esas operaciones, se ve convertida en una empobrecida y explotada clase trabajadora a merced de especuladores de mente feudal.
A raíz de dos acontecimientos que han sacudido a la opinión pública europea -el descubrimiento de que un ministro del Gobierno del Presidente de la República Francesa, Françoise Hollande, tenía una fortuna en Suiza, y el del Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación,  que ha desvelado nombres y apellidos de ciento treinta mil personas multimillonarias que ocultan sus fortunas en paraísos fiscales-, la UE asegura que va a tomar cartas en el asunto y a luchar contra las cuevas de ladrones que son los paraísos fiscales.
Aunque las promesas del presidente del Consejo Europeo, Herman Van Rompuy, que declaró que "debemos aprovechar el impulso político para abordar este problema crucial”, tras asegurar que cada año "se pierde un billón de euros por la evasión fiscal" en la UE –la misma cifra del PIB de nuestro país-, y las del Presidente Francés Hollande que, tras anunciar drásticas medidas en Francia, manifestó que “quiero que eso se aplique también a nivel de la Unión Europea y que se extienda a las grandes empresas", se ponen en duda porque, además de los países con paraísos fiscales que se oponen, las multinacionales y grandes empresas de todos integrantes de la UE, es seguro que torcerán el gesto ante las autoridades comunitarias y estas no querrán molestar a sus amos.
Son muchos los países europeos que cuentan con esos paraísos fiscales, ya sea en su propio territorio, como Suiza, Austria o Luxemburgo, o en islas o colonias, como hace el Reino Unido, tanto en las Islas Vírgenes, Gibraltar o alguna pequeña isla del sur de Gran Bretaña, cuenta con esos paraísos fiscales, al punto que ha llevado a afirmar que la City de Londres es un paraíso fiscal por la opacidad de las operaciones que tienen lugar en ella.
A los políticos de los países que no cuentan con legislación que auspicie el secreto bancario, se les llena la boca de reclamar medidas contra los paraísos fiscales, mas nunca acaba de tomarlas con la furia impositiva que la Troika Comunitaria exige recortes a Grecia, España o Portugal. Al fin y al cabo, los paraísos fiscales son la síntesis del criterio neoliberal,  que considera que cada cual es muy dueño de hacer con su dinero lo que crea oportuno y que los Estados no tienen por qué intervenir en ello.
Si se acabase con los paraísos fiscales se acabaría con la evasión de capitales. Y en ese caso los gobernantes de derechas se quedarían sin argumentos a la hora de negarse a subir los impuestos a los más ricos, para que fuesen las grandes fortunas las que, proporcionalmente a su volumen, se gravaran con mayores cargas fiscales. Y eso no quieren –excepto el socialista Hollande- llevarlo a cabo en sus países los actuales gobernantes europeos, todos ellos pertenecientes al más insolidario  ultracapitalismo.
Muchos países europeos han tenido la oportunidad –este entre ellos- de controlar a los evasores de fortunas en Suiza gracias a la documentación que desde hace tiempo viene facilitando Hervé Falciani, el informático que sacó miles de datos de evasores de todo el mundo que tenían cuentas en la banca HSBC.
Falciani compareció hoy ante la Justicia española en la vista por la petición de extradición de Suiza. La fiscal de la Audiencia Nacional se opuso a la extradición, argumentando que la información facilitada por Falciani sirve para desvelar conductas que pueden contribuir no solo paliar la crisis económica, sino a evitar a la vulneración de derechos de los ciudadanos a los que, a causa de la evasión fiscal se les hurtan fondos públicos y por ello “no se le puede perseguir, y España no le perseguirá”.
El exsecretario de Estado de Hacienda, Carlos Ocaña, testificó a favor de Falciani,  con el argumento de que gracias a la información que facilitó, la Agencia Tributaria sacó a la luz la identidad de seiscientos cincuenta y nueve defraudadores fiscales, y se consiguieron regularizar trescientos millones de euros, en lo que Ocaña calificó como “la operación de regularización más cuantiosa que ha habido en esos años en el Ministerio y creo que de la historia”.
Ahora la decisión de extraditar o no a Falciani está en manos del Gobierno del PP, habrá que ver si se inclina por seguir persiguiendo a los evasores fiscales o, sumiso a la oligarquía y a la banca, lo pone en manos de la banca suiza.
Aunque los datos de Falciani solo den cuenta de las fortunas evadidas a al país helvético. El resto, aquellas que se ocultan en la infinidad de paraísos fiscales, contra los que no actúan los gobiernos con la necesaria contundencia, siguen al abrigo de las Haciendas Públicas. Si la comunidad internacional se pusiese de acuerdo para obligar, so pena de contundentes sanciones monetarias, o bloqueo de abastecimiento -como el que USA impone a Cuba y casi todo el mundo secunda-, los paraísos fiscales dejarían de existir.
Pero en el fondo, los gobernantes europeos, por mucho que hagan solemnes anuncios de compromiso para erradicar los paraísos fiscales, nunca se atreverán a tomar las medidas necesarias, porque, en su ideología capitalista está el germen de la delincuencia económica.
Los paraísos fiscales, al fin y al cabo, no son más que una lacra más del capitalismo salvaje que, de dejarle, acabará con todo y con todos. Si antes no se acaba con él.  


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