Ir al contenido principal

Las prisas de Merkel y el IV Reich por hacerse los amos de Europa



“Tenemos que estar preparados para aceptar que Europa tiene la última palabra en ciertas áreas. De otra manera, no seremos capaces de continuar construyendo Europa", son palabras pronunciadas por la canciller alemana Ángela Merkel en un acto organizado por Deutsche Bank en Berlín, la sede de los ‘jefes’ de la Fürheresa que, con esas declaraciones,  se dispone a consumar la ocupación definitiva de Europa por Alemania, por tercera vez en la historia, en esta ocasión sin disparar un solo tiro, pero con tanto o más sufrimiento para los pueblos ocupados que en las anteriores ocasiones y, desde luego, con muchas menos esperanzas, porque los países sometidos ven como sus dirigentes son colaboracionistas con el IV Reich. 

Es indudable que la unidad de Europa tendría que pasar por una unidad efectiva y real, que supusiese una política económica y social común a todos los países, esto es, los mismos sueldos, los mismos precios, los mismos impuestos y los mismos derechos sociales y laborales. En definitiva, que Europa en lugar de una unión de países se convirtiese en un solo Estado.  Más esos no parecen ser los propósitos ni de la canciller Merkel, ni de quienes detentan el poder en la UE, toda al servicio de Alemania, incluido el italiano Draghi, poderoso director del Banco Central Europeo. 

Sobre el que hay que hacer un excurso en el relato de las pretensiones de Merkel, para precisar quién es este italiano, poderoso director del BCE, que tiene las llaves del cofre del dinero y de cuyas decisiones depende que suba o no la prima de riesgo en los países periféricos.  Draghi fue, antes de hacerse con el control del euro como presidente del BCE, vicepresidente en Europa, con cargo operativo, de Goldman Sachs, el cuarto banco de inversión del mundo y origen de la crisis financiera a causa de la compra masiva de las tristemente famosas ‘hipotecas subprime’. 

Sobre Draghi pesa la responsabilidad de la crisis griega, porque, bajo su vicepresidencia en Goldman Sachs international, esta entidad asesoró al gobierno del conservador Kostas Karamanlis sobre cómo ocultar la magnitud real del déficit griego, origen de una crisis de la que Alemania se beneficia al igual que del resto de las de los países periféricos. 

Al repasar la película de cómo se fue gestando la crisis y sus consecuencias, siempre, de un modo o de otro, está la alargada sombra germana, ya sea en la figura de la canciller Merkel, ya sea en la de sus colaboradores de la UE, que actúan como peones al servicio de la poderosa Fürheresa. 

Porque, no hay que olvidar que, los bancos alemanes tuvieron un importante y decisivo papel en la formación de la burbuja inmobiliaria de nuestro país, la que hace que los alemanes consideren que ‘vivimos por encima de nuestras posibilidades, y que ahora pretende Merkel que paguemos, a través de un impuesto sobre las propiedades inmobiliarias, en un país en el que, durante décadas, se vendió la idea de que había que tener un casa en propiedad, porque, en caso contrario, quien vivía de alquiler era considerado poco menos que un marginado. 

El alto número de españoles propietarios de vivienda han servido para que el BCE argumente que los españoles viven mejor que los alemanes. Esa mal intencionada afirmación es fruto de una encuesta en la que se cuenta el valor de las viviendas como parte de la renta, sin tener en cuenta que la mayoría de esos ‘ricos españoles’ deben su casa a los bancos que enriquecen al país teutón y que, gracias a su impuesta austeridad, las desigualdades sociales son abismales en comparación con las alemanas. 

Cabe preguntarse, si el dejar correr los euros por los países ahora endeudados y sometidos al control de una UE supeditada siempre a los deseos de Alemania, no fue una premeditada maniobra, muy calculada, del país teutón, ávido de dominar a Europa desde hace siglos: y como con las armas no le resulta factible se inventó el euro. 

Cuentan, para explicar cómo se gestó la moneda única que a finales de 1987, altos cargos políticos de Francia y Alemania se reunieron para llegar a acuerdos bilaterales en materia de defensa militar, sobre todo en relación al arsenal nuclear de la potencia gala. El francés Jacques Attali se dirigió a la delegación alemana con un mensaje inquietante: “Para poder tener un equilibrio, hablemos ahora de la bomba atómica alemana”. Los alemanes no salían de su asombro: “Sabéis que no tenemos la bomba atómica. ¿Qué quieres decir?”. A lo que Attali, en aquel entonces consejero del presidente Mitterrand, respondió: “Me refiero al marco alemán”. 

A los franceses les interesaba desactivar tan potente arma, la de una moneda de una fuerza con la que no contaba no solo el franco francés o la libra británica, las monedas más fuertes del continente, excluyendo, naturalmente, el marco. 

Según señala  Juan Francisco Martín Seco, economista, ex secretario general de Hacienda con el PSOE y autor del libro ‘Contra el euro’, desde su creación en 1999, “el euro se ha apreciado un 31% frente al dólar, un 32% con la libra, un 54% con el rublo, un 70% con el peso mexicano… Aunque las recetas impuestas desde la UE defienden lo contrario, la verdad es que el diferencial de inflación entre España y Alemania no se explica por una política fiscal expansiva (España tenía superávit presupuestario al estallar la crisis) ni tampoco por incrementos salariales significativos” 

“Se trata –según Seco- de un diferencial que no debería sorprender a nadie que se haya tomado la molestia de observar la evolución histórica de los tipos de cambio entre los diversos países de la Eurozona. En los treinta años anteriores a la creación del euro, el marco se había apreciado en un 500% respecto a la peseta y en más de un 2.000% respecto al dracma”.

Al euro se le debe el haber contribuido a hinchar la burbuja inmobiliaria con una abundancia de crédito barato. Sin la moneda única europea, los bancos alemanes y franceses no hubieran podido prestar tanto y a un tipo tan atractivo a los bancos españoles. Sin duda, la crisis habría estallado de cualquier modo, pero no con esta magnitud. Habiendo cedido la soberanía monetaria, las autoridades españolas disponen ahora de menos instrumentos para hacerle frente. El euro tiene mucho que ver con la intensidad y el origen de la crisis, así como con las dificultades para poner en marcha soluciones realistas y socialmente equitativas.

Que es lo que parece buscaba la Alemania,  gobernada por la conservadora Ángela Merkel y su partido y que, ahora pretende dar una vuelta de tuerca más a sus aspiraciones conquistadoras, al reclamar la necesidad de hacerse con el control de la política económica de todos los países de la unión monetaria, sin que esa unidad vaya a suponer la igualdad de derechos de todos los europeos, sino que sigan perteneciendo, como en el presente, a distintas categorías: por un lado los ricos países del norte y por otro las deprimidas economías del sur; condenando a sus ciudadanos a toda clase de privaciones con el objetivo de garantizarse el cobro de la injusta deuda que ha propiciado ese país desde que se consumó la creación del euro a imagen y semejanza del marco alemán, que especuló, prestó y rentabilizó la deuda a su gusto, para someter a la dictadura de su economía a todos los países, sobre todo los del sur. 

En su comparecencia en la sede del poderoso banco germano, las palabras de Merkel tuvieron la tibia respuesta del Primer Ministro polaco, Donald Tusk, que alertó de que sería "peligroso que otros países sientan que Alemania está imponiendo su modelo económico”. Y aunque la Fürheresa niegue esa realidad, lo cierto es que, según un estudio de opinión sobre los valores y actitudes de los europeos, realizado por la Fundación BBVA, "la mayoría de la población en todos los países prefiere que cada estado mantenga su propia autoridad económica",  así lo piensa un 60,2% de los 10 grandes países de la UE estudiados por esa fundación que señala que solo un 33,4% se muestra a favor de dar más autoridad a Europa. En el caso de España, los porcentajes son del 54,6% y 38%, respectivamente. 

Tal como se están desenvolviendo los acontecimientos, pareciera que a los pueblos del sur de Europa, los más castigados por la avaricia calculada de una Alemania que viene moviendo los hilos de la crisis para hacerse con el poder en toda Europa, no les queda otra que actuar como los franceses en los tiempos en los que el colaboracionista y traidor Pétain regía los destinos de Francia: constituirse en resistencia. 

Si los países ahora sometidos a unas políticas de verdadera rapiña, fraguadas por Alemania para hacerse con el control económico y más tarde total de todos los países de la UE, no deciden romper prestamente esa unidad monetaria surgida toda en beneficio de Alemania estaremos perdidos. Porque es una falacia que la salida del euro suponga una catástrofe para quienes lo abandonen. 

La catástrofe será para Alemania y su obsesión dominadora si nos decidimos a abandonarlo. 

Si te gusta este blog y quieres ayudar a esta periodista en paro y sin ingresos, puedes contribuir a que siga escribiendo con libertad, con una pequeña aportación económica. Un solo euro puede ser suficiente.
Puedes hacerlo en la siguiente c/c: 0049 1608 04 2790044982 
Si lo haces desde otro país has de añadir:
IBAN: ES360049 1608 0327 9004 4982  BIC: BSCHESMMXXX

Comentarios

Entradas populares de este blog

26J: ¿Pucherazo o estupidez del pueblo?

Susana Díaz: El enemigo en casa

Crónica en negro del País Valencià: ¿Carlos Fabra implicado en asuntos mucho peores que la corrupción?

Quienes gustan de la historia, saben que muchos acontecimientos nunca explicados por los coetáneos de hechos ominosos, acaban apareciendo claros como el cristal con el transcurrir de años, o de los siglos. Acontecimientos políticos, guerras sin sentido que respondían a intereses económicos ocultos o, incluso, a pasiones de índole sexual, se desvelaron con el paso del tiempo aunque, para quienes fueron testigos directos hubieran constituido secretos insondables.
Una publicación catalana, El Triangle, sacaba a la luz en días en pasados un artículo sobre el crimen de las niñas de Alcàsser en el que, según recoge un amplio reportaje en su edición de papel, la confesión de un arrepentido podría implicar al todopoderoso y corrupto Carlos Fabra, expresidente de la Diputación de Castellón durante largos años, en una red de pornografía infantil que llevaba a cabo, igualmente, un amplio abanico de actividades ilícitas: importación y venta de cocaína procedente de Panamá, tráfico de armas, trapic…