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Lamela sin careta: La difamación contra Montes olía a dinero




“Esta persecución tenía un origen económico, político e ideológico”: son palabras del doctor Montes, anestesiólogo, exdirector del Servicio de Urgencias del Hospital Severo Ochoa de Leganés, y víctima de una campaña difamatoria organizada por Manuel Lamela Fernández cuando era Consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid. En el presente Manuel Lamela es asesor y miembro de varios consejos de dirección de diversas compañías privadas sanitarias y, desde hace quince días, creador de Farma Partners, dedicada a asesorar oficinas de farmacia, justamente cuando el Gobierno se plantea liberalizar el sector.

En una entrevista publicada por El Plural.com y Nueva Tribuna.es  en 2009, explicaba Montes sus palabras argumentando: “Económico porque el caso Leganés sirvió de cortina de humo durante más de un año para no hablar de la privatización desmesurada del Gobierno de la Comunidad en la sanidad madrileña”. Y añadía: “Cuando la derecha hace algo nunca improvisa. En el plano ideológico, hay que tener en cuenta que era un momento en el que acababa de ganar el Oscar la película Mar adentro, que ya sabemos sobre qué versaba, se había estrenado Million Dollar Baby de Clint Estwood que trataba la eutanasia activa. Es decir, en la sociedad este tema estaba surgiendo con fuerza y al PP eso no le gustaba nada. Esperaron el momento y el lugar para sacar adelante este proceso. Lamela, a partir exclusivamente de una denuncia anónima, decidió cesarme y acusarme del homicidio de 400 personas. Cada vez que lo pienso no lo puedo creer”

Aquella maniobra de Manuel Lamela, ideológica, pero sobre todo económica, era la coartada de un político que, en su edición de hoy, El País, en un artículo sobre sus actividades empresariales califica como ‘maestro de la puerta giratoria’; fenómeno de dudosa moralidad que hace que los políticos pasen a las empresas privadas relacionadas con sus anteriores responsabilidades, o que personajes de empresas privadas pasen a puestos políticos relacionados con su actividad privada. 

Bajo esa práctica de la puerta giratoria actúan, con más o menos descaro, políticos de todo el mundo, pese a que las leyes incompatibilidad, señalan que no deben llevarse a cabo esas relaciones.  Este triste país no se libra de esa connivencia entre lo privado–grandes empresas del IBEX- y lo público: Felipe González y José María Aznar, después de dejar la Presidencia del Gobierno pasaron a formar parte de los consejos de Administración de Iberdrola y Gas Natural respectivamente. También se dan casos a la inversa, como el del actual ministro de Defensa, Pedro Morenés, que accedió al Ministerio –dicen las malas lenguas que por un capricho del rey-tras ser alto cargo en una fábrica de armas.

El caso de Lamela se une al de Güemes, otro ex consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid que, después de dejar el cargo pasó a formar parte de una empresa privada de análisis clínicos a los que había concedido la concesión de la privatización de los análisis clínicos en la Comunidad de Madrid cuando estaba en el cargo.

Mas Lamela y Güemes no son los únicos políticos del PP relacionados con empresas privadas sanitarias, el marido de la Secretaria General del PP, Dolores Cospedal, Ignacio López del Hierro, forma parte del Consejo de Administración de Capio una de las sociedades que se está haciendo con la gestión de muchos hospitales otrora públicos, y que, a pesar de que desde el PP aseguran que la Sanidad Pública es ruinosa, se matan por hacerse con su gestión. 

De modo que cuando el doctor Luis Montes afirmó que la persecución a la que lo estaba sometiendo Lamela era ideológica, política y económica no se equivocaba. Cuando Lamela acusó  a Montes de llevar a cabo sedaciones ilegales con enfermos terminales, y propició que la prensa cavernaria y algunos talibanes afines al PP, le llamasen asesino y nazi no estaban actuando en defensa de familiares de pacientes, sino en la de sus intereses económicos. 

Es lo que está siempre detrás de la política del PP, nunca toma este partido, ya sea en Gobiernos Autonómicos o en el de la Nación, decisión alguna que no lleve a la consecución de substanciosos beneficios económicos;  negocios siempre rentables, que llevan a cabo en contra de los intereses de la ciudadanía. 

La privatización de la Sanidad Pública, su práctico desmantelamiento, no se debe al interés de hacerla más rentable y mejor para los ciudadanos, sino a los millonarios contratos que saldrán de ella y de los que parte irán a parar a sus propios bolsillos, los de aquellos que ponen en práctica, sin el menor pudor, la teoría de la puerta giratoria. Aún falta saber cuáles son los intereses del actual consejero de Sanidad,
En los muchos millones que acabarán, o que ya están en sus bolsillos, o probablemente en cuentas de paraísos fiscales, está la razón del empeño de la privatización sanitaria en las comunidades en las que el PP es mayoritario como Madrid, el País Valencià, o Castilla-La Mancha. 

O en Galicia, donde el ahora Presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo –tan de actualidad por su opaca amistad con el narco galego Marcial Dorado, cuando era Secretario General de la Consejería de Sanidad y Servicios Sociales- que ejerció importantes cargos en el sector sanitario con el Gobierno de Aznar, esté protagonizando, como Presidente de la Xunta, una nefasta política sanitaria de recortes que han causado ya muertes en hospitales galegos.

Es el afán de recaudar dinero para sí y para su partido lo que lleva a los dirigentes del PP al absoluto desprecio de las necesidades del pueblo. Por esa causa no atienden a las reclamaciones de la ciudadanía y desprecian el criterio-y los puestos de trabajo- de los profesionales. Lo hacen en defensa de sus intereses particulares, de sus rentables negocios. 

Quizá por eso hoy, el Presidente del Gobierno, Mariano Raxoi, en la reunión celebrada en Génova con los suyos, con la entrada vetada a la prensa, ha dicho que no se ocupen de las críticas ciudadanas y sí de la economía. Puede dar la impresión de que no hablaba del país, sino de sus propios intereses. De ahí su total desprecio por los ciudadanos y su clamar en contra de medidas que solo los benefician a ellos, que llegaron al poder por un golpe de estado en las urnas, mintiendo a la ciudadanía para gobernar en su propio beneficio. 

Porque si no es así, y deberían atenerse al dicho de que la mujer del César no solo ha de ser honesta sino parecerlo, flaco favor están haciendo a las siglas de ese partido la caterva de políticos que demuestran, con sus decisiones y su uso de puertas giratorias, que su único interés por la política es el que le puede facilitar la realización de muy rentables negocios.

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