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La torpeza de El País y los problemas de los inmigrantes.



Los lectores habituales de este blog observarían anoche que, al cabo de pocas horas de colgado el último posteo, este desapareció. Tiene que ver el hecho con la falta imperdonable de esta bloguera, que no contrastó debidamente la veracidad de una noticia publicada por el ‘prestigioso’ diario ‘El País’. La noticia se destacó en la portada de papel en la columna de entrada, que daba por hecho que lo narrado era un acontecimiento producido en fechas inmediatas. Decía ese titular: “Una inmigrante con sida murió mal atendida por descoordinación del Estado”.

Esta bloguera, indignada ante un suceso que ponía de manifiesto todo el horror al que se somete a los inmigrantes que carecen de papeles –jamás ‘ilegales’ porque la existencia de un ser humano  nunca lo es- escribió: El caso de la inmigrante que falleció por falta de atención médica del Centro de Internamiento de Extranjeros de Alcobendas–Samba Martine, congoleña, treinta y cuatro años- pone en evidencia toda la miseria moral, estupidez y crueldad de una Administración a la que, por casos como este, habría que juzgar por homicidio involuntario. Como poco. 

Si los hechos se habían producido como narraba la noticia de El País, sobradas razones había para lanzar esos denuestos contra la Administración del Estado y contra quienes hicieron posible que se produjera ese drama. Que no tuvo lugar en fechas recientes, como daba a entender el rotativo de Prisa, sino el 19 de noviembre de 2011. Aún está pendiente de sentencia el litigio que lleva a cabo la madre de Samba Martine contra el Estado, después de que el Juzgado de guardia número 38 de instrucción de Madrid desestimase la denuncia interpuesta, y recurrida ante la Audiencia Nacional, por la progenitora de la fallecida. 

El actor Juan Diego Botto eligió la historia de Samba Martine como una de las que construyó en cinco monólogos que forman parte de la obra 'Un trozo invisible de este mundo', dedicado a los dramas de los inmigrantes. Y sobre cuyo estreno dio cuenta El País el 29 de septiembre de 2012. No se entiende pues, que el redactor de la notica, a la que se le dio visos de exclusiva del momento, no se documentase ni tan siquiera en su propio diario, llevándonos a los demás a cometer el mismo error. 

¿Por qué El País dio esa noticia como una exclusiva de última hora, cuando aconteció hace más de un año? Puede que algunos piensen que la razón está en el deseo de ese diario de criminalizar al PP, al narrar un suceso que evidencia una combinación de torpeza y crueldad, de haberse desarrollado los hechos tal como los cuenta la madre de la fallecida. 

Mas, con la experiencia que me dan largos años de ejercicio en la profesión periodística, casi podría jurar que lo que sucedió fue una concatenación de torpezas, empezando por el redactor de la noticia, Manuel Altozano, que como se dice en el argot de la profesión ‘se columpió’ cual bobo, del mismo modo que el redactor jefe, que dio el visto bueno a la noticia, y acordó que apareciese en portada.

Lo sorprendente del caso es que, casi veinticuatro horas después y en la sección de política, que no la de Sociedad en donde aparecía la crónica sobre el fallecimiento de Samba Martine, El País publicase una rectificación sin asumir que era tal, al informar que la denuncia de la madre de Martine había sido desestimada, volviendo a fallar a la hora de titular y a al hora de dar explicaciones, porque no se leía ninguna rectificación a la metedura de pata, al dar como del día una noticia de hacía meses. 

Tal vez el inadmisible error de El País, considerado hasta hace poco uno de los diarios más serios de Europa, se deba a los ERES mediante los que el diario de Prisa -bajo la gestión económica del experiodista traidor a los principios de la profesión, Juan Luis Cebrián-, puso en la calle a muy buenos profesionales, para contratar a becarios recién salidos de la facultad, quizá con mucho ímpetu pero con poco oficio. No parece que Altozano, pese a su juventud, sea un becario, aunque sin duda, no es un buen profesional, porque el error es digno de figurar en los anales de los desaguisados periodísticos. 

Lo más irritante de este asunto es que, al haberse columpiado Altozano, dio lugar a que dos noticias que ponen de manifiesto el desprecio del actual Gobierno por los inmigrantes pasaran desapercibidas, a causa de esa otra, rescatada de a saber dónde, pero sin la necesaria profesionalidad para, si se quería repetir la historia, utilizarla para ponerla como ejemplo, y, a la hora de editarla, hacerlo como un ladillo de las noticias que sí eran del día. 

Informaciones que no me resigno a dejar olvidadas,  porque evidencian el maltrato al que se somete a los inmigrantes que vienen a este país buscando una vida mejor lejos del suyo. No a comprar casas de lujo, como esas que adquieren los rusos ricos, a los que el Ejecutivo del PP se ofrece a regalar la nacionalidad. 

Daba cuenta el País de una noticia que apenas tuvo repercusión y que pone de manifiesto la rudeza de un Gobierno que expulsa a inmigrantes de forma arbitraria e indiscriminada.  Así lo denuncia la ONG Pueblos Unidos, que informaba de que se está ignorando el arraigo familiar, una de las causas por las que se otorgan permisos de residencia a los inmigrantes. Según los datos de esa ONG, durante 2012, al menos once personas fueron detenidas y llevadas al CIE de Alcobendas, paso previo a la expulsión, sin tener en cuenta que eran padres de personas de nacionalidad española. 

La ONG criticó, también, la estrategia de criminalización de aquellos que ingresan en esos centros porque, según afirma, el Ministerio del Interior está expulsando personas mediante el procedimiento de “expulsión cualificada”, figura legal que se aplica a autores de delitos graves, pero que en la actualidad la policía extiende a procesos penales en los que aún no hay sentencia –vulnerando con ello el derecho a la presunción de inocencia- o a quienes, simplemente, se encuentran en situación de “estancia irregular”, sin haber cometido más delito que el de carecer de permiso de residencia.

Otra ONG, Médicos del Mundo, ha mostrado su alarma por las consecuencias que conlleva la inicua medida impuesta por la Ministra Mato de negar atención sanitaria a los inmigrantes. Pareciera que,  a juicio de las autoridades españolas, los inmigrantes no fuesen personas -desde el momento que han nacido, muy otra cosa sería si se tratase de ‘nasciturus’, sobre los que la carcundia reclama derechos que niega a las personas- y por ello no tuviesen derecho a la salud. 

Señalaba la citada ONG, que en el presente España está a la cola en la atención sanitaria a inmigrantes, triplicando el número de casos respecto a países como Bélgica, Francia, Alemania, Grecia, Holanda y Reino Unido, hasta llegar al 62% de pacientes a los que se niega asistencia sanitaria al carecer de permiso de residencia. Y hacía notar que, de ser en el pasado un país ejemplar en la atención sanitaria universalizada a cualquier ser humano que pisase este país, ha pasado a los puestos de descenso, utilizando el símil futbolístico.  

Este tipo de noticias suelen pasar desapercibidas en el marasmo informativo y,  acostumbrados a irritarnos y asquearnos por la corrupción de políticos que hurtan dinero público, conscientes de que esos latrocinios cuestan derechos, a la hora de sentir indignación no se calibra en la exacta medida hasta qué punto el latrocinio de lo público priva de cuanto más derechos a quienes son más débiles. Y los inmigrantes son el eslabón más débil de la sociedad. 

Cuando se mencionan atrocidades como la privación de atención sanitaria a los inmigrantes, son muchos los que repiten el reiterado exabrupto de que ‘bastante tenemos encima como para preocuparnos de ellos’. En ocasiones, esos comentarios parten de quienes se dicen fervorosos católicos o, incluso, militantes en el izquierdismo; ambos paradigma de una hipocresía insufrible. 

Pareciera como si la prensa nos diese de comer cada día una ración de desánimo con noticias que muestran a un país, y un Gobierno, preocupado tan solo en lo que nos dicen los amos europeos, en los índices de la bolsa o la prima de riesgo, en los malditos recortes cada vez mayores, y que pagan, ineluctablemente, los más débiles.

Tanto recorte y tanta miseria, la absoluta carencia de humanidad para con los más desprotegidos, son la consecuencia de la servidumbre a los dictados de los especuladores financieros a los que sirven los gobernantes neocon. El 40% de la riqueza del planeta está en manos de un 1%, en tanto que el 99 sufre los expolios y las injusticias que impone ese 1%. 

Habría que plantearse qué hacer con ese exiguo número de supermillonarios desalmados. Porque, por cantidad,  no parece que sean tantos como para no poder con ellos.

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