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El Gobierno asume que no bajará el paro: ¿Qué hace que no dimite?



No  se sabe si la totalidad de los españoles, pero sí la totalidad de la prensa, esperaba con expectación la rueda de prensa que todos los viernes ofrece el Gobierno tras la celebración del Consejo de Ministros. Después de conocerse ayer la estremecedora cifra de seis millones doscientos dos mil setecientos parados, se esperaba alguna medida, alguna reacción a lo que es el problema más grave que sufre este país. Mas se celebró el Consejo de Ministros, la rueda de prensa posterior y, como en los versos cervantinos, ‘fuese y no hubo nada’. 

El Gobierno del PP, partido que durante la campaña electoral aseguró que crearía tres millones y medio de puestos de trabajo, el mismo que proclamaba ufano que era el único que ‘siempre’ acaba con los problemas económicos, no es capaz de reaccionar a una cifra que produce espanto: un 27.1 de tasa de paro. Responsable de una Reforma Laboral que ha dejado millones de parados desde que se aprobó, no se muestra proclive a retirarla, sino más bien al contrario, sigue insistiendo en que ha sido un acierto y que el paro se ha frenado gracias a ella. 

La rueda de prensa tras el Consejo de Ministros no dejó sino perplejidad en algunos y descontento en los más. Muchos periodistas situados en el espectro de la derecha –los que raramente eran críticos, como el expresidente de la Asociación de la Prensa, Fernando Fernández Urbaneja, entre otros- llegaron a señalar que este Gobierno está ya amortizado, dado que, a tres años de las elecciones generales, ha asumido que nada tiene ya que hacer. 

Es una evidencia. Porque el Gobierno, ante la debacle de una tasa de paro jamás registrada en este país, ni en tiempos de la falsa transición, asume que durante esta legislatura no se creará empleo. Ni piensa hacer nada para crearlo. Cabe preguntarse por qué este Gobierno permanece indiferente al drama de millones de ciudadanos. Y la respuesta es incuestionable: al Ejecutivo le importa una figa los ciudadanos, los parados, la clase trabajadora.

Si el PP ansió llegar al Gobierno, fue para favorecer al gran capital del que tanto dinero recibió, y posiblemente sigue recibiendo –en negro, of course- en agradecimiento a los servicios prestados y a los que están por prestar. Tenía una perentoria urgencia por llegar a La Moncloa para privatizar la sanidad en beneficio de sus amigos y allegados, poner la enseñanza en manos de la secta católica para formar súbditos en lugar de ciudadanos y, en suma, hacer retroceder al país a los tiempos de franquismo con medidas legislativas contrarias a la libertad y a la Constitución.
 
Una vez encaminadas esas medidas, lo único que le importa es quedar bien con la UE, así obedece los mandatos de Bruselas que no es sino la correa de transmisión de las consignas de una Ángela Merkel en campaña electoral que tan solo quiere asegurarse un nuevo mandato.

Al recortar en Sanidad y Educación ha dejado en la calle a miles de médicos y profesores. Al desmantelar la industria de las energías alternativas ha dejado otros miles de parados. Como ha sucedido en el sector de la obra pública. Aunque poco le importa al Ejecutivo de Raxoi, comprometido con las empresas de sanidad privada, con la secta católica y con las compañías eléctricas. 

El Gobierno no se plantea crear puestos de trabajo, ni llevar a cabo campañas de fomento del empleo, le da igual. Sabe que, a pesar de todo, una ciudadanía incura aceptará sus falacias sin reaccionar a sus infundios y no se cuestionará cuanto proclamen los medios de la caverna. Seguirá malbaratando el dinero público en  campañas de propaganda, aunque no en políticas que puedan crear puestos de trabajo. Mas como sabe que, aun a pesar de todos sus abusos, una mayoría ágrafa y descerebrada le seguirá votando, no se plantea trabajar para solucionar un problema que a ellos y sus afines no les atañe.

Y para mayor contradiós su planteamiento de futuro, para el día en que se salga de la crisis, si es que con sus políticas se sale alguna vez, es volver al ladrillo. Esa, y los intereses de los amigos del Ministro de Medio Ambiente, Miguel Arias Cañete, fue la causa de la reforma de la Ley de Costas que permite ahora que se construya a veinte metros de la línea de costa para poder, cuando vuelva otra fiebre del ladrillo, construir otros cuantos miles de viviendas; lacustres si se tercia.

Si al Gobierno le preocupasen los ciudadanos se plantearía medidas para crear empleo, salir de la crisis y sacar adelante al país. Mas da la impresión de que esos son asuntos que le resultan indiferentes. Porque, de querer, le plantaría cara a la UE y a las políticas de austeridad de la señora Merkel, saliéndose de la unión monetaria de ser preciso. Y estudiaría muy bien cuáles son las deudas reales del Estado y cuáles las que pertenecen a sectores privados, que tendrían que pagar los responsables, por ejemplo, las de los bancos. 

De querer crear empleo fomentaría la obra pública, prestaría ayudas a la I+D+i y, teniendo en cuenta que en este país hay zonas que cuentan con trescientos sesenta días de sol, destinaría grandes cantidades de dinero a la energía solar, creando así miles de puestos de trabajo y, de paso, librando al Estado de gastar enormes cantidades de dinero público en comprar energía a otros países. 

En lugar de eso, usando un lenguaje críptico, cuando no inventado o plagado de eufemismos, cuenta que va a “desindexar” las pensiones,  palabra poco usual que lo que oculta es que el Ejecutivo no va a subir las pensiones a tenor de lo que suba el Índice de Precios al Consumo. Un palo más para jubilados y enfermos, que, como todos los sectores débiles, son siempre el objetivo de un Gobierno que solo piensa en favorecer a la oligarquía. 

También subirán algunos impuestos. ¿Cuáles? No se sabe. El Ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, en respuesta al periodista que le inquirió sobre el asunto,  manifestó que no lo anunciaba para ‘no distorsionar los mercados’. Con el habitual cinismo que le caracteriza, aseguró que no habrá subida de impuestos sino ‘novedades tributarias’.  Y, como siempre hace desde que el PP ganara las elecciones, sus palabras estuvieron acompañadas de una sonrisa que no se sabe si de satisfacción o porque se ríe de la gente, pero que constituye un verdadero insulto a los más de seis millones de parados. 

Con gesto menos jocoso, el Ministro de Economía, Luis de Guindos –exresponsable de Lheman Brothers en Europa que, parece que está teniendo el mismo éxito con la economía española que tuvo en la dirección de una de las financieras origen de la crisis-, asumió que el Gobierno acabará la legislatura con un alto número de parados –dos millones más que los que había cuando le reprochaban a Zapatero el alto índice de la tasa de población activa-, sin apenas crecimiento económico y con el país sumido en la depresión. Eso sí, contando con las bendiciones de la UE, de la banca, el empresariado y la secta católica.

En la rueda de prensa esperada con tanta expectación por el mundo mediático, el Ejecutivo firmó su acta de defunción. Su indiferencia al drama social de seis millones doscientos dos mil setecientos ciudadanos, su transparente satisfacción porque lo que se está logrando es estabilizar a los bancos y a los inversores, traducido en la bajada de la prima de riesgo, ha colmado la paciencia hasta de los periodistas de derechas, que ya alzan la voz para expresar la necesidad de un gran pacto social al que este Gobierno se niega con la prepotencia de sus ciento setenta y seis diputados que le permiten gobernar como dictadorzuelos de una república bananera. 

Como se vio ayer en la manifestación convocada para asaltar o rodear el Congreso, parece que el pueblo es indiferente a los palos que recibe. Mas cuando la prensa en su totalidad se conjura contra el Gobierno, por mucho que se empecine, acabará cayendo mucho antes de lo que se imaginan Raxoi y sus ministros. Por mucho que tenga una mayoría absoluta. Porque, ¿para qué la quiere si es incapaz de gobernar? 


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