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El atentado de Boston y el ‘accidente’ de Waco



Las dobles varas de medir se utilizan en el mundo político y mediático con verdadera desfachatez. En la semana que acaba dos lamentables sucesos han conmocionado al mundo. Mas el tratamiento mediático ha sido muy diferente, debido a que la información la controla, como todo, el dinero. O mejor dicho, los que manejan el dinero y a la vez, la información y el pensamiento único. 

Es lo que ha sucedido con el atentado de Boston y la explosión de una fábrica de fertilizantes de Waco –Texas-. Ambos sucesos costaron vidas, y dejaron infinidad de heridos. Y ambos son responsabilidad de quienes no tienen el menor aprecio por la vida de sus semejantes. 

El pasado lunes, dos bombas caseras explotaban en la meta del maratón de Boston, causando la muerte de tres personas, una de ellas un niño y ciento setenta heridos. El jueves, una fábrica de fertilizantes, en la que parece que no se seguían los controles de seguridad adecuados y que fue denunciada, e incluso multada, en diversas ocasiones, dejaba treinta y cinco muertos y más de sesenta desaparecidos.

Mas la reacción de las autoridades norteamericanas fue bien distinta. En el primer caso, el despliegue de las fuerzas de seguridad fue enorme, en el segundo nadie ha buscado responsables. También la atención informativa en USA y Europa.

‘Le tenemos, la caza ha acabado’: Con esa frase la policía de Boston anunciaba que había sido capturado el más joven de los hermanos Tsaenaev, señalados como los responsables del atentado de Boston, después de abatirlo a tiros, pese a que parece, el joven se estaba entregando. 

Acababa así un episodio extraño y opaco, como muchos de los que se registran en los EEUU que, en su obsesión con el terrorismo, se lanzan a la cacería del hombre como si este fuese un monstruo letal y peligroso, aunque tan solo se trate de un muchacho de diecinueve años, seguramente aterrorizado. 

La madre de los dos jóvenes, de origen checheno, aseguró que el FBI andaba detrás de sus hijos desde hacía cinco años, y que así se lo hizo saber cuando ella residía en USA: "Me dijeron que mi hijo mayor era un extremista islámico, un peligro, que había que tenerle miedo". Sin embargo, pese a que el FBI los señalaba como terroristas, las fuerzas de seguridad de Estados Unidos nunca pudieron relacionar a los dos hermanos con el terrorismo de Al Qaeda. 

Tras la detención del joven Dzhokhar y la muerte de su hermano mayor, Tamerlan, las autoridades proclaman que ‘la ciudad de Boston ya respira tranquila’, seguros de que los jóvenes acusados son los responsables del atentado perpetrado durante la celebración del maratón de la capital del estado de Massachusetts. 

No sería de extrañar que, tras la acusación y muerte de uno de los jóvenes y las graves heridas del segundo, al cabo se descubriese que el responsable real del atentado fue uno de esos americanos obsesionados con la pureza de la raza blanca, enemigos de la teoría de la evolución y seguidores del tea party. 

Aunque tal vez, si las autoridades norteamericanas descubriesen la verdad, dejarían  caer una cortina de espeso silencio, tan gruesa y opaca como la que cayó sobre la responsabilidad de la muerte de Kennedy y la de su supuesto asesino Lee Oswald. 

En tanto que la prensa oficial se felicita por la eficacia de las fuerzas de seguridad norteamericanas, en Internet son no pocos los cometarios y blogs que hablan de la sospecha de que no ha sido sino una operación de criminalización de unos jóvenes de procedencia islámica que es posible que nada tuvieron que ver con el atentado del pasado lunes. 

Son las mismas voces que se extrañan, al tiempo, de que las mismas autoridades que se han mostrado tan eficazmente violentas con unos muchachos a los que se responsabiliza de tres muertes, no aplicasen el mismo rigor al propietario de la fábrica de fertilizantes de West, en Waco, Adair Green. 

El propietario de la fábrica en cuya explosión fallecieron treinta y cinco personas, y hay aún sesenta desaparecidos, fue multado en reiteradas ocasiones por poner en peligro a los trabajadores de su industria y por las emisiones de gases que llevaron, en una ocasión, a tener que cerrar la escuela del pueblo, hecho que no se comunicó a las autoridades que, por otra parte, siempre se han mostrado muy lasas a la hora de controlar los peligros de esa factoría que opera con productos altamente tóxicos e inflamables. 

El tratamiento mediático de uno y otro suceso fue bien diferente. Mientras que el atentado de Boston concitó un gran interés y un seguimiento mediático que ronda lo obsesivo, la explosión de la fábrica de fertilizantes no pasó de la crónica de un suceso del que se dejó de hablar aún antes de conocer el número exacto de víctimas. 

Y es que no es lo mismo asesinar en nombre de una religión –incluida la cristiana a la que pertenecen los extremistas americanos de extrema derecha- que hacerlo en nombre de la rentabilidad y el dinero. 

A unos locos fanáticos, como dicen que han sido los hermanos Tsaenaev –de ser ellos realmente los responsables del atentado de Boston-, hay que ‘darles caza’ como si de dragones de fauces humeantes se tratase; a quienes causan más de un centenar de víctimas, como ha sucedido con el dueño de la fábrica de fertilizantes de Waco, Adiar Green, y otros muchos propietarios de fábricas contaminantes de todo el mundo, apenas si se les exigen responsabilidades. Es más, la mayoría de las veces quedan impunes.

Aunque el suceso de Waco sea también terrorismo, es terrorismo capitalista. Y ese no se persigue. 

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Comentarios

  1. gracias luisa por tu post te debo algunos comentarios gran post me da una rabia que estes en paro y que otros mentecatos ocupen el puesto que te mereces gracias amiga

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