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Crónica de liberticidios y manipulación: En memoria de José Couso



Hoy hace diez años que fue asesinado- junto con la libertad de información- José Couso, periodista gráfico que filmaba, desde un balcón del Hotel Palestine sede de la prensa internacional, la entrada de las tropas americanas en la arrasada ciudad de Bagdad.  El disparo de mortero que causó la muerte de José Couso se llevó por delante también la vida del cámara ucraniano Taras Protsyuk. Horas antes un misil había matado al jordano Tarek Ayub, de la cadena televisiva catarí Al Yazira, cuya sede alcanzó previamente las tropas USA en un descarado intento de asustar a la prensa para que, retirándose, les dejara el campo libre para cometer las tropelías que años después se han ido conociendo muy a pesar de sus protagonistas.

El asesinato de José Couso –Cousiño para sus colegas- no fue, como dieron en repetir los corifeos del PP y la prensa cavernaria, un desgraciado hecho de guerra, o un gaje de la profesión. El brutal ataque al Hotel Palestine fue, como precisa en el auto de procesamiento de los militares americanos el juez Pedraz, la ejecución de una estrategia de ‘amedrentamiento’ a los periodistas a través del bombardeo al Hotel Palestina, ordenada por el general Buford Blount, y quien sabe si inspirada por aquel psicópata, presidente los EEUU, llamado George Bush. 

Los autores materiales del crimen fueron el teniente coronel Philip de Camp, el capitán Philip Wolford y el sargento Thomas Gibson. Sobre los tres pesa una orden de búsqueda y captura ordenada por el juez Pedraz, de la Audiencia Nacional, que la Interpol se niega a dar curso, a la vez que la Fiscalía insiste, desde hace años, en pedir el archivo del caso, obedeciendo así las órdenes del gobierno norteamericano, como si este país fuese una mera colonia de los yanquis. 

Para quienes vivimos con estremecimiento la noticia del asesinato de José Couso, no fue solo el drama personal de la pérdida, de forma violenta e injusta, de un compañero de profesión, sino también, un atentado a la libertad de informar. La impunidad de sus asesinos sigue siendo, diez años después, una afrenta y una humillación insoportable.

Y, sin embargo, las dolidas palabras de la familia y sus colegas, que siempre esperaremos que algún día se haga justicia –a muchos nos gustaría ver a Bush y a sus cómplices en la mentira de las armas de destrucción masiva sentados ante el Tribunal de la Haya- han tenido una mínima repercusión en los medios a los que más recurren los ciudadanos de este país para informarse, según la última encuesta de CIS, que precisa que son los informativos televisivos el medio del que más se sirven los españoles para informarse, aunque entre los más jóvenes el más habitual sea Internet. 

Es lógico pues que,  siguiendo la información de esos medios, escorados a la derecha descaradamente y que ocultan informaciones como la que recogía ayer este blog, sobre el dinero que se lleva la secta católica y con el que podrían haberse evitado muchos recortes, la mayoría de la gente no recuerde a José Couso, ni a los responsables de su asesinato, ni sepa cuán criticables han sido las acciones, o las omisiones, de la Fiscalía y de los sucesivos gobiernos que miraron para otro lado a la hora de exigir responsabilidades. 

José Couso fue víctima de la más atroz de las censuras que puede aplicarse a un informador: el asesinato. Mas segar la vida de quienes se la juegan, de un modo u otro, para informar, es algo que no solo sucede en las guerras y no solo a tiros. Dejar mudos a los informadores, robarles la oportunidad de contar aquello que sería imprescindible que la gente conociese, es otra forma de liberticidio que se produce constantemente en este país. 

Elegir qué noticias se dan y cuáles se acallan es una forma de asegurarse la permanencia de un sistema que tiene de democrático tan solo el nombre. Se dice que la ciudadanía, cansada de la actitud de los políticos, de la corrupción que todo lo enfanga, se abstendrá en un alto porcentaje en futuros comicios, porque ya no cree en quienes la representan. Entre otras causas,  porque los medios, casi unánimemente, silencian existencia y alternativas a aquellos partidos que no son los mayoritarios, que no encarnan la sumisión habitual al actual establishment. 

Como ejemplo de esa intencionada manipulación de los medios, al ocultar la existencia de formaciones y alternativas políticas que no se corresponden con los criterios del actual Gobierno, se puede citar el silencio de las televisiones, incluso las consideradas más progresistas, del nacimiento de la nueva formación, Izquierda Abierta, integrada en IU y cuyo propósito primordial se cifra en constituirse como "germen de una gran marea política que integre en un Frente Amplio de izquierdas las grandes mareas sociales contra los desahucios, las privatizaciones y el desmantelamiento de la enseñanza pública" según explicó el pasado sábado el fundador de esa nueva alternativa política, Gaspar Llamazares. 

Es muy posible que los propósitos de esa nueva organización, en la que están personas no marcados por la mácula de un pasado político de connivencia con la derecha económica, ni con la corrupción generalizada presente en el PP, el PSOE y la monarquía, atrajera a muchos millones de personas, de conocerla. Mas los medios televisivos, en poder todos de la derecha más o menos reaccionaria, pero en cualquier caso supeditados al poder económico, han hurtado esa información, al igual que la del derroche de miles de millones destinados a la secta católica. 

Esas prácticas son liberticidios constantes; no tan violentos ni salvajes como los aplicados por los militares americanos que asesinaron a José Couso, porque con ellas no quitan, directamente, la vida a nadie. Aunque su censura evita que el pueblo pueda conocer alternativas a un régimen económico y político que, en su afán de rapiña, al aplicar recortes inicuos a la población más indefensa y proteger la avaricia de la banca, ya ha costado cientos de vidas. 

Y a pesar de que muchos intenten, o intentemos, informar de cuanto hay, los grandes medios de comunicación de masas, esos que la ciudadanía elige a diario, de un modo borreguil e indiscriminado para saber qué sucede, seguirán censurando y manipulando. Y cada vez que lo hagan se asemejarán a esos malditos militares que asesinaron a José Couso y al tiempo, a la libertad  de informar. 

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Comentarios

  1. gracias luisa me has puesto la carne de gallina menuda masacre por culpa de los EEUU , gran entrada

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