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Ausencia de ética



Si una sociedad constituye un cuerpo social, la española sufre de una notable esquizofrenia. Porque si por una parte hay un gran número – aunque no el suficiente- de personas que están reaccionando a los abusos, latrocinios y arbitrariedades del poder, existe otra elevada cantidad que carece por completo de sentido de la realidad y aun de la ética. 

La respuesta a la corrupción - que en cualquier país civilizado se hubiese llevado ya por delante al partido que sustenta al Gobierno y al propio Ejecutivo-no pasa en este de algunos comentarios de condena, expresados sin ningún fervor, cuando no de justificaciones y, sobre todo, de indiferencia. 

Todo lo que rodea a la más que presunta financiación ilegal del PP no causa en la mayoría más reacción que la de comentar, con una inexplicable resignación, que ‘todos son iguales’. Cuando no, con el cinismo de los estafadores in péctore, afirman que, de estar en el mismo sitio de los implicados, ‘harían lo mismo’.

El ciudadano medio de este triste país está horro de sentido de la ética. Es por lo que muchos admiran a los salteadores de lo público, sin la menor conciencia de que son víctimas de tales latrocinios. También admiran a los explotadores, a los responsables del paro, de toda clase de abusos sobre los trabajadores. 

Personajes tan siniestros como el dueño de Zara, Amancio Ortega, despiertan la admiración de quienes solo cifran en el éxito económico la valía de una persona, sin mirar que ese empresario que, figura como la tercera fortuna del mundo, la ha hecho  deslocalizando sus fábricas de ropa, en las que el respeto por los derechos de los trabajadores es nulo, como han denunciado reiteradamente sindicatos y trabajadores.


Inditex -la marca de las factorías que elaboran las prendas que se venden en Zara, 
Bershka, Massimo Dutti, y Oyso, entre otras-, se ha visto involucrada en varios casos de explotación infantil en Brasil –país que sancionó con millón y medio de euros a la empresa de Ortega por practicas esclavistas en una de sus fábricas- Portugal y Argentina, donde, en la actualidad, se está investigando un escándalo de explotación infantil en un taller ilegal en el que trabajaban en condiciones de esclavitud un importante número de menores.

Otro empresario que igualmente despierta una inexplicable admiración es Juan Roig, fundador de la cadena de supermercados Mercadona, que viene significándose por declaraciones que ponen en evidencia su talante esclavista. Los trabajadores de esa empresa le acusan de presionar a los que sufren una baja por enfermedad o por maternidad, de que se llevan prácticas de moobbing sobre los que se significan por sus reivindicaciones, o por la escasa cuantía de los salarios. Sin embargo, son muchos los que admiran a un tipo que vulnera los derechos de quienes trabajan para él. 

La tolerancia con el sinvergüenza  alcanza en ocasiones cotas surrealistas. Está sucediendo con la condena por blanqueo de dinero –dinero hurtado a los marbellíes-a la cantante Isabel Pantoja. Esta misma tarde, en La Sexta, una ciudadana (?) a la que preguntaban sobre la posibilidad de retirar a la cantante la medalla de Andalucía, respondía indignada: ¡pero si ella no ha hecho nada malo, solo estaba enamorada! 

Ignorar el daño hecho a las arcas públicas por una trama de ladrones que saquearon el Ayuntamiento de Marbella, y considerar que quien colaboró en la ocultación de lo robado ‘no hizo nada malo’ da la medida del laxo sentido ético de una población que considera que apropiarse del dinero de todos no es ‘nada malo’. Con ese concepto intentan escabullirse de contribuir a la Hacienda Pública ya sea cuando compran una casa o cuando se trata a abonar la reparación de su vehículo, una lavadora o el sofá nuevo del salón. 

Es obvio que los políticos no ayudan a que cale la idea de que existe el deber inexcusable de pagar impuestos, cuando el mismo Ejecutivo que reprocha al ciudadano de a pie que no lo haga, perdona el pago de impuestos a los defraudadores  como Bárcenas, Correa y otros significados ladrones que lavaron sus fortunas amasadas a costa de dinero público, con amnistías fiscales. 

Es posible que la laxitud moral del pueblo hunda sus raíces en una clase dirigente que, en este país nuestro, se ha distinguido a lo largo de su historia por carecer de ella. Y lo que es peor, incluso la celebrarla. 

Así, el protagonista del primer cantar de gesta de nuestra literatura, Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid Campeador, es celebrado, además de por sus gestas bélicas, por haber estafado una gran cantidad de dinero a unos prestamistas judíos de los que recibió una gran cantidad de dinero para mantener sus mesnadas. El héroe castellano dejó en garantía un voluminoso cofre, del que dijo contenía la fortuna de su familia, aunque en realidad en su interior solo había piedras. 

El baúl se conserva, como pieza de veneración histórica,  en la Catedral de Burgos. Y los guías explican, orgullosos de su héroe local, lo inteligente que fue por estafar lo que en el presente serían varios millones de euros. Un país que celebra, con ese fervor,  a uno de sus héroes nacionales por su capacidad para la estafa y el latrocinio por fuerza ha de estar marcado con la lacra de la inmoralidad. 

También nuestra literatura está plagada de héroes de ficción de los que se celebran sus sinvergonzonerías; desde el Lazarillo de Tormes hasta los protagonistas del neorrealismo que se filmaba en los años cincuenta.

Si no fuese porque este pueblo tiene una inteligible simpatía por los sinvergüenzas ¿cómo se puede entender que un personajillo como Jesús Gil gobernara –y estafara millones de euros- el Ayuntamiento de Marbella durante muchos años? O que otro ilustre estafador, Ruiz Mateos, lograra un escaño en el parlamento europeo, cuando se presentó como candidato, después de haber protagonizado la estafa de Rumasa. O que el banquero condenado por estafa, Mario Conde, tuviese más de un voto en las pasadas elecciones gallegas. 

Se dirá que son personajes a los que se les puede encuadrar en la categoría de frikis, mas la ausencia de moralidad también acompaña a las declaraciones de políticos supuestamente serios. Así, hace unos días, el President de la Generalitat Valenciana, Alberto Fabra manifestó, a propósito de la posibilidad de expulsar de su grupo parlamentario a todos los imputados que "la oposición lo tendría muy fácil" y presentaría querellas en los juzgados para menoscabar la mayoría del PP en las Corts. Así, el señor (?) Fabra antepone el mantener el poder a la ética. 

Con gobernantes que se enriqueces gracias a donaciones ilegales, o disponiendo del dinero de los trabajadores - como los indecentes señoritingos andaluces que se forraron con el dinero de Mercasevilla y los ERES-, con un Jefe del Estado que se construye su picadero particular con el dinero de los presupuestos, y cuyo yerno esquilmó las arcas públicas y defraudó al fisco, no es de extrañar que el pueblo se quiera escaquear a la hora de pagar impuestos.

Lo que extraña es que permita tanta sinvergonzonería como se registra en las altas instancias del poder y no sepa otra cosa que intentar emular tanto pillaje. 




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