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6.202.700. parados ¿Y los manifestantes son antisistema?




A las seis y veinte de la tarde, hora de comenzar la redacción de este posteo, las calles aledañas al Congreso de los Diputados están ya repletas de gente. Las plataformas del 25S, Rodea el Congreso, Afectados por la Hipoteca y el partido de izquierdas IU se han desmarcado de una convocatoria que se reputa como violenta, lo que ha llevado a un enorme despliegue de fuerzas de seguridad, más de mil cuatrocientos agentes. 

Las televisiones y los periódicos, a través de vídeos, muestran a los manifestantes; son gente de diversa edad, jubilados, gente de mediana edad y jóvenes, todos repiten que no es una manifestación violenta. Está el movimiento ‘Yo no pago’, y muchos de los asistentes preconizan la paciencia necesaria para quedarse ante el Congreso hasta que caiga ‘no el Gobierno sino el sistema’. 

Dicen algunos periodistas que esa manifestación es un intento de golpe de Estado, que a los diputados los votaron muchos millones de españoles, y que lo que pretenden es secuestrar la democracia. 

Tal vez los planteamientos de la Plataforma ¡En Pie! no sea la adecuada, tal vez se han pasado a la hora de recomendar que los manifestantes lleven antorchas y pitos para despistar a los caballos. Seguramente esos llamamientos que han hecho que se desmarquen diversos colectivos fueron una torpeza. O una intencionada maniobra para evitar que la manifestación que podría haber sido multitudinaria, haya fracasado.

Razones para una manifestación masiva, de millones de ciudadanos reclamando ante el Congreso –que dicen es la sede de la Soberanía Nacional-, un cambio radical en las políticas que lleva a cabo el Gobierno no son inadecuadas, sino imprescindible.
Cierto es que al actual Gobierno lo votaron once millones de personas. Aunque cabría preguntarse si lo harían hoy, cuando se ha visto que el partido que lo sustenta, mintió cual bellaco durante la campaña electoral. Lo que lleva a meditar si realmente este Ejecutivo tiene la legitimidad con la que afirma contar. 

Enardecidos de optimismo, o de artificio, los candidatos populares anunciaban que ellos crearían millones de puestos de trabajo, como hizo Esteban González Pons, que se permitió cuantificar en tres millones y medio los que iban a crear. Y otro de sus dirigentes, Javier Arenas, afirmó en un mitin algo parecido a que si la gente quería trabajar tenía que votar al PP, porque los otros partidos no lo iban ni a intentar, y que cuando ese partido gobierna siempre crea riqueza. 

Mas los dirigentes que jugaron con la ingenuidad de un pueblo convencido de que ese partido les devolvería la estabilidad económica, han visto como hoy el paro ha superado y con mucho, los seis millones de parados, concretamente 6.202.700., 237.400 despedidos en el último trimestre. 

En lugar de satisfacer una promesa de difícil cumplimiento, el Gobierno del PP no ha hecho otra cosa que obedecer las equivocadas consignas de una UE dominada por una Alemania interesada tan solo en que los países puedan pagar las deudas generadas de modo espurio, aumentando los intereses de lo que les debían los países del sur por reflotar a los bancos que le deben dinero.

Volviendo el rostro al pueblo, este Gobierno –y el anterior también en parte- no ha hecho sino tomar las medidas necesarias para complacer a los prebostes de la UE –que es lo mismo que decir Alemania-, al recortar, privar de derechos a los ciudadanos y acabar con las conquistas laborales logradas en más de siglo y medio, con el único fin de saciar la avaricia de una UE dominada por el ultraliberalismo. 

Con dos millones de hogares con todos sus componentes en paro, cientos de miles de personas que no reciben un solo euro del Estado que ayude a sobrevivir, sin más ingresos que la ayuda de amigos o personas solidarias, porque las Consejerías autonómicas y los Ayuntamientos no ayudan, la situación empieza a ser más que dramática.

 Y cuando las administraciones autonómicas o locales se avienen a facilitar ayudas de miseria, se demoran en burocráticas ‘cuestiones de procedimiento’, chantajean a los solicitantes inmiscuyéndose, de forma humillante e intolerable, en sus vidas, ordenando cómo han de vivir según el criterio de trabajadoras sociales que imponen sus fobias y filias propias, aunque quien espera la ayuda no sea ni marginado ni drogadicto, sino víctima de unas políticas llevadas a cabo en beneficio de los bancos y los especuladores. 

Quienes dicen que no tienen derecho los manifestantes a proclamar que los diputados no los representan ¿realmente pueden asegurar que representan a los ciudadanos quienes se reúnen en el Congreso, para aplicar unas políticas que, a lo único se han orientado ha sido a reducir el déficit fiscal o, para que todo el mundo lo entienda, la diferencia entre lo que se gasta y se ingresa? 

Hoy mismo, el comisario económico europeo, Olli Rhen, ha recordado al Gobierno español que debe solucionar el problema del déficit fiscal, sin preocuparse de que esa reducción suponga más paro aún, más pobreza y más sufrimiento para una ciudadanía que está perdiendo a pasos agigantados su capacidad de consumo, su bienestar social y su autonomía personal. 

En los últimos meses ha aumentado exponencialmente el número de parados en el sector público, las empresas se curan en salud antes de tener problemas económicos y despiden a sus trabajadores porque cuentan con una reforma laboral que permite librarse de los trabajadores sin apenas costo. 

Muchos economistas señalan que no hay que hacer un dogma de la reducción del déficit fiscal, que no pasa nada porque un país tenga deudas si esas deudas son para fomentar el crecimiento y el bienestar de los ciudadanos. 

Sin embargo, el déficit de este Estado no tiene origen en deudas contraídas para satisfacer las necesidades sociales de la ciudadanía, sino únicamente porque se endeudó con el objeto de sanear bancos para que estos puedan seguir pagando sus deudas a los bancos alemanes. 

No dijo el PP en la campaña electoral que fuera a hacer semejante cosa, es más, proclamó todo lo contrario, su voluntad de no endeudarse para ayudar a la banca. Una andrómina más para conseguir el poder.

¿Quién pues no tiene legitimidad? ¿Los manifestantes que dicen querer rodear, asediar, asaltar el congreso-seguramente porque no conocen bien el idioma, porque lo único que a estas horas hacen es gritar en contra de la política gubernamental-, permanecer a sus puertas hasta que el Gobierno dimita y se tomen decisiones radicalmente diferentes a las actuales? ¿O los gobernantes que están llevando a cabo políticas en contra del interés de los ciudadanos? 

Este Gobierno, que dice no tener dinero para sanidad, para educación, para prestaciones sociales, si lo tiene, sin embargo, para gastar ‘lo que sea necesario’ en palabras del Presidente del Congreso, Jesús Posada, con el objeto de mantener cerca de dos mil agentes de la seguridad del Estado, en prevención de una violencia inexistente ante unos manifestantes que lo único que pretenden es ser escuchados, que les restituyan cuanto se les está robando para entregárselo a la codiciosa Alemania.

No son antisistema los iaio flautas, las madres de familia, los trabajadores, los estudiantes, los estafados por los bancos, los parados que se están manifestando pacíficamente; los antisistema, quien vulnera la legislación vigente, la Constitución, es un Gobierno al servicio de los intereses de otro país, son quienes legislan en contra del pueblo y las leyes que este se dio. 

No es solo que este Ejecutivo mintiese durante la campaña electoral, no es solo que no represente a los ciudadanos. Es que ese partido, a cuyos dirigentes se les llena la boca de elocuentes frases patrioteras, está, desde que llegó al poder, traicionando al país, sirviendo a un poder extranjero. Y eso, en sus engoladas palabras, se llama ‘alta traición’.


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