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Señores del PP: ¿Quiénes son los acosados?



Víctimas de los desahucios y de las acciones preferentes, vendidas por los bancos de forma tramposa, han comenzado a protagonizar acciones de lo que el PP llama ‘acoso’ al reivindicar sus derechos en actos públicos, o incluso, plantándose ante sus domicilios, o en lugares públicos donde puedan hallarse –lo hicieron hace unos días en la Estación de Atocha con un consejero del Gobierno de Castilla-La Mancha-, en plenos municipales y allá donde vayan. 

Quieren los afectados por injusticias y abusos que los políticos reaccionen y escuchen sus reivindicaciones. El PP llama acoso a esas protestas y algunos dirigentes han denunciado a quienes las llevan a cabo.

Que unos señores que cobran, en teoría, por gestionar la cosa pública, y –más teóricamente aún- por defender los intereses del pueblo se sientan acosados por las reclamaciones no deja de sorprender. Temen, dicen, que esas actuaciones deriven en violencia y el Ministro de Justicia, Alberto Ruiz Gallardón, uno de los que ha denunciado a la Plataforma de Afectados por la Hipoteca, por plantarse en las puertas de su vivienda, manifestó que esas personas hartas de sufrir el abuso y el latrocinio de los bancos, deben ‘respetar los límites’.

Cabria señalarle al Ministro de Justicia, a todo el Gabinete del PP, a todos sus dirigentes y aun a la prensa que remilgosa critica a los manifestantes, que el Ejecutivo y lo que se ha dado en llamar establhisment dejó de respetar los límites hace ya mucho tiempo. 

¿O acaso no es saltarse todos los límites de la humanidad, la decencia y el derecho aplicar unos recortes despiadados a la atención sanitaria que, según cifras de la Asociación de Defensa del Paciente, habían costado en enero de este año ochenta y nueve víctimas?. A las que habría que sumar otras tres registradas en las últimas semanas. 

Acoso se puede considerar igualmente el que viene llevando a  cabo el Gobierno con los parados, a los que recorta incesantemente prestaciones, y que da lugar a que en la actualidad tres millones de ciudadanos vivan en una situación de extrema pobreza, o que el 31.8 de las familias de este triste país no llegue a fin de mes.

Acoso es, como señalaba hoy mismo un abogado de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca, que acudan cinco furgones policiales para expulsar de su vivienda a una mujer separada, víctima de malos tratos, y madre de un niño de trece años, que no pudo pagar el alquiler de su vivienda, porque ni su Ayuntamiento ni su Comunidad  facilitaron una paga para poder hacer frente a ese gasto. 

Acoso es permitir que una mujer se quite la vida por no recibir ayudas sociales y verse abocada a perder su casa, sin tener, siquiera para comer. La historia me la contaba hoy mismo la hija de esa mujer. Teresa, cuarenta y pocos años, un mal día, abrumada por la falta de dinero subió al quinto piso del edificio en el que vivía y se arrojó al vacio.

Nadie ha sabido de esa muerte por la prensa, porque en la ciudad en la que sucedió tan triste suceso se silencian esos casos. Los periodistas  locales no quieren molestar al poder dando cuenta de semejantes sucesos, tendrían que haber explicado que le habían sido negadas ayudas sociales, que en la concejalía de Bienestar Social se había sentido humillada y maltratada cuando fue a pedir ayuda; que la falta de trabajo y de dinero, la desesperación y la inasistencia de una Comunidad en la que el Gobierno gasta millones en un Gran Premio de Fórmula1, o sus políticos roban millones de euros al erario, como en los casos Emarsa, Brugal, Gürtel o Cooperación, no tiene fondos para ayudar a los más desfavorecidos. 

Sobrepasar los límites que dice el Ministro Gallardón que no hay que sobrepasar es condenar a la pobreza y al paro a millones de ciudadanos para darle dinero a manos llenas a una banca cuyos directivos robaron, con todas las letras, lo que era de todos. 

Si seis millones de parados, la reducción de derechos laborales, de prestaciones de la SS, de recortes sanitarios, restricciones de prestaciones sociales, desmantelamiento de la Educación Pública, connivencia con una banca estafadora, recortes de libertades, aumento de la represión policial, no es acoso sobre la ciudadanía que explique el partido en el Gobierno qué es. 

Porque si ante tanta desmesura, tanto recorte y tanta desconsideración por los derechos ciudadanos, si ante tanta desfachatez, la respuesta es que un centenar de personas se planten en la puerta de sus domicilios a decirles que sí se puede acabar con la inhumanidad de los desahucios, los políticos se sienten acosados y lo único que saben hacer es denunciar en busca de más represión, los que han dejado de respetar los límites han sido ellos. 

Y cualquier día el pueblo, indignado y puteado, va a acabar dejándolos de respetar de verdad, en justa correspondencia a tanto abuso, tanta injusticia y tanto latrocinio.  

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