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Ponferrada: Los socialistas y el acosador


Año 1979, salón de reuniones de la agrupación socialista de Moncloa, en la calle Marqués de Urquijo de Madrid, a unos pasos de la recién estrenada sede del Partido en la calle Ferraz, construida sobre el solar donde estuvo la casa de Pablo Iglesias, fundador del PSOE, y de la que se respetó la fachada de la vivienda donde moró en sus últimos años el venerado gallego.  Acaban de dar las ocho de la tarde, y la Ejecutiva Local va a reunirse para tratar diversos asuntos.  Apenas una hora antes han tenido reunión los chicos de Juventudes. La mesa está llena de vasos de plásticos, botellas de refrescos de cola, envoltorios de chicles, bolsas vacías de patatas fritas, ceniceros repletos de colillas. La mesa es, realmente un asco. Y el Presidente de la Agrupación, un septuagenario con carácter exclama contrariado: “¡Qué barbaridad, como han dejado esto los chicos! ¡Y que no haya en la Ejecutiva una mujer con conciencia que lo limpie!”

La reacción de las componentes de la Ejecutiva local de Moncloa fue la que se puede suponer, la misma, sin duda, que han tenido las mujeres del PSOE ante la decisión de la dirección y de sus compañeros de Ponferrada de apoyarse en el condenado acosador para acceder a la Alcaldía: Estupefacción, disgusto y hasta iracundia.Ni aquel septuagenario presidente de la Agrupación de Moncloa ni posiblemente quienes consideraron aceptable negociar con un acosador, se plantearon hasta qué punto con sus palabras o acciones le estaban dando una patada a los principios de igualdad que se supone inherentes a la ideología socialista. 

A muchos militantes varoncitos del PSOE se les habla de Max Weber y de sus escritos sobre la doble explotación de las mujeres en el capitalismo, y dicen que saben quién fue, incluso que lo leyeron. Mas es seguro que, si se menciona a su inteligente y reivindicativa esposa Marianne, o a Flora Tristán, una de las primeras ideólogas del socialismo, adquieran una expresión dubitativa, o directamente pongan cara de bobos desconocedores de la existencia y de la obra pensadoras de una indiscutible talla. 

El caso de Ponferrada, ese ‘me cegó la posibilidad de sacar de la política a ese individuo’, al referirse Oscar López al convicto acosador Ismael Álvarez, evidencia lo poquito que piensan en las mujeres los hombres socialistas, por mucho que  haya habido dirigentes, como Zapatero, que haya predicado, parece que en el desierto, la necesidad de abandonar un machismo del que no parecen desprenderse algunos ni frotándoles el cerebro con piedra pómez. Aunque si alguien les pregunta si son machistas responderán con un ‘nóooo’ convencido.

Hoy día no hay político con vocación de poder, sea del partido que sea, que se atreva a manifestar su machismo, mas esa lacra anida en la oquedad de la cabeza de muchos políticos, incluidos algunos socialistas. 

Esta bloguera sabe de un edil de una de esas ciudades crecidas al socaire de la fiebre del ladrillo en la Costa Blanca, que se permite, cuando una compañera le lleva la contraria o no comparte sus ideas dentro del Grupo Municipal o en la Ejecutiva Local, de asegurar despreciativo que su postura contraria está motivada porque ‘está falta de un buen polvo’. El problema no es solo que el descerebrado concejal se manifieste de forma tan osbcenamente machista, sino que, ni el Secretario General, ni ninguno de sus compañeros del grupo municipal o de la Ejecutiva, muestre su repulsa o considere que es acreedor a la apertura de un expediente de expulsión. 

A Óscar López, a Samuel Folgueral, y todos los que consideraron que hacían un bien a la ciudad de Ponferrada, e incluso a la ética, al lograr la salida del consistorio de Ismael Álvarez –salida ficticia porque, aunque no como concejal, cargo del que ha dimitido, seguirá  manejando su grupo- ni se les pasó por sus cabezas de varoncitos estultos la idea de que, al recibir el apoyo de un elemento tan abyecto como el tal Álvarez, estaban abofeteando la dignidad de todas las mujeres de su partido,  porque no está en su código genético esa sensibilidad. 

Es posible que López y Fogueral se remitiesen a Maquiavelo para encontrar razones o justificación s en el apoyo de Álvarez, pensando que si el fin a conseguir era bueno –invocó esos motivos el ya alcalde de Ponferrada al explicar que era necesario un cambio de gobierno municipal por el bien de la ciudad-, con taparse la nariz respecto al auxilio que necesitaban del acosador para lograr la vara de mando, no había por qué plantearse otras exigencias éticas. 

Dicho todo lo anterior, cabe señalar que, en estos convulsos tiempos en los que la corrupción se enseñorea en la sede de Génova 13, donde el PP tiene sus cuarteles, que sea noticia el PSOE porque muchas militantes se alzaron contra una decisión del Secretario de Organización por una cuestión de ética y de igualdad dice mucho a favor de las socialistas. En el PP parece que no hay mujeres capaces de decir no al Presidente del Partido, cuando la mayor virtud de su Secretaria General, Dolores de Cospedal, es que nunca dice no, según Raxoi.  Lo que deja la duda de si la dama lleva a cabo en su partido tareas ejecutivas o es tan solo una oveja. 

Hubo mucho de hilarante en las críticas de la prensa, más o menos cavernaria, que puso el grito en el cielo porque un socialista se dejó apoyar por el acosador Álvarez para lograr la alcaldía, cuando hasta el pasado viernes ese mismo atroz acosador era el sostén de un alcalde del PP y a nadie parecía mal. Ni siquiera vertieron críticas, ni se llevaron las manos a la cabeza cuando, la hoy alcaldesa de Madrid, Ana Botella, mostró todo su apoyo al acosador convicto, al que llego, incluso, a calificar como ‘persona admirable’. 

Está claro que al PSOE se le exige siempre un comportamiento ético que jamás se pretende a la derecha. Debe ser porque todo el mundo tiene asumido que en esa ideología sus integrantes no son muy proclives a esas fruslerías. 



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