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La fina piel de la derecha: La doble vara de medir de los intolerantes



Una de las características de la derecha es que reclama siempre derechos que no respeta en absoluto en los demás. Clama por su libre ejercicio de libertad de expresión, por la consideración hacia sus ideas, por un buen trato que ella no concede en absoluto a los demás y se duele, compungida, si no recibe loas y parabienes. Debe ser que la derecha tiene una piel excesivamente fina, y una acusada sensibilidad… para sí misma. 

El vicesecretario general de Estudios y Programas del PP, Esteban González Pons, fue hoy protagonista de uno de esos episodios en los que se pone de manifiesto la doble vara de medir propia de su ideología, después de que un grupo de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca acudiese a su domicilio para pegar carteles y, dijo: ‘aporrearon la puerta de mí casa durante cuarenta y cinco minutos, llamándome asesino, estando dentro mis hijos’. 

Es evidente que el episodio puede no haber sido amable, pero contrasta su sensibilidad por lo acaecido con la indiferencia generalizada de todo el PP por los dramas que generan los desahucios. A González Pons le dolió mucho que golpeasen la  puerta de su casa –y habría que saber si es cierto o ha cargado un tanto las tintas- porque estaban sus hijos en el interior de la vivienda. 

Mas, sin duda, el señor González Pons, como todos sus correligionarios, nunca se planteó qué sienten los niños de las familias desahuciadas, a las que sacan violentamente de sus hogares, muchas veces, con violencia policial. Cabe preguntarse si González Pons reflexionó sobre el miedo y la angustia que sienten los niños desahuciados al acabar en la calle. Porque, al fin y al cabo, los hijos del político no sufrieron mayor experiencia negativa que la de haber aguantado algo de ruido y denuestos contra su padre. Mas siguieron seguros y protegidos en su hogar del que nadie los expulsó.  

González Pons, que ahora reclama respeto a su condición de diputado, fue, en los tiempos en los que gobernaba Zapatero, un verdadero agitador que incitaba a las masas a ‘convertir cada calle y cada plaza de España en la Plaza de Tahir’ –el famoso espacio cairota donde se inició la fallida ‘primavera árabe’- con el fin, decía, de mostrar el descontento hacia las políticas del gobierno socialista, y expresar su rechazo a cuanto político socialista con el que se toparan. 

En el presente, cuando la Plataforma de Afectados por la Hipoteca intenta hacerse escuchar por los diputados del PP -sin éxito alguno porque ese partido jamás se pondrá de parte de los ciudadanos dado que su ideología e intereses están de parte de la banca-, les parece muy mal que la gente exprese su descontento y sus reivindicaciones. 

Y del mismo modo que los integrantes del PP consideran inadmisible que haya manifestaciones y reproches contra su política o sus representantes, los creyentes católicos, que generalmente comparten ideología con la derecha, tienen igual sensibilidad a  la hora  de reclamar respeto por sus creencias religiosas, a la vez que ellos no muestran ninguna por otras convicciones. 

Es frecuente que los católicos, enfervorizados e intolerantes, reclamen el cierre de exposiciones en las que pueda haber lo que ellos consideran imágenes irreverentes y llegan, incluso, a llevar a los tribunales a artistas, como sucedió no hace mucho con el cantautor Javier Krahe, por la emisión en la cadena Cuatro de un vídeo antañón, en el que se le veía cocinando un santo de palo. 

Ahora bien, si quienes pretenden que se respeten sus credos son miembros de otra religión, no dejan de invocar la ‘libertad de expresión’ para hacer ellos lo que no permiten que lleven a cabo otros con sus creencias. 

El último episodio en el que han evidenciado su doble vara de medir hacia esos asuntos se produjo en las Fallas de València, cuando un hindú amenazó con inmolarse a lo bonzo si ardían los ninots de una falla que contenía veneradas imágenes del hinduismo. 

¿Alguien imagina un ninot de la Virgen María, o del Cristo? A ningún fallero se le ocurrirá jamás hacer una falla con semejantes mitos, más si se trata de otra fe, no dudarán en representar cualesquiera otros dioses, y se molestarán si los devotos de otras religiones reclaman el mismo respeto que exigen ellos para la fe católica. 
 
Cuando ayer, tras las protestas del colectivo hindú, los responsables de la falla que contenía imágenes sagradas para la religión que venera a Shiva las retirasen, un grupo de ultras protagonizó altercados protestando por la exclusión de los ninots, al considerar que la exigencia de los hinduistas suponía una falta de respeto a las fiestas valencianas.

Respeto que los defensores de las Fallas no tiene con aquellos valencianos, y son legión, 
que no participan de una fiesta zafia, envilecida y ruidosa, que invade la paz y la tranquilidad de muchas personas, a las que imponen, quieran o no, su pólvora, su olor a fritanga, calles colapsadas y una música a decibelios insoportables que invade los hogares de quienes detestan esos jolgorios. 

Ese reclamar respeto por sus creencias y sus personas, ese dolerse si alguien no los trata con guante de seda, aunque ellos justifiquen y encuentren ‘proporcionadas’ las agresiones de la policía que ordenan los políticos del PP, ya sea contra las víctimas de los desahucios, ya sea contra quienes manifiestan su descontento pacíficamente, deja al descubierto un cinismo y una desfachatez que evidencia la intolerancia de su ideología. 

O tal vez sea que la derecha, toda de mejor cuna que el resto de los mortales, tiene la piel más fina que el resto, y cualquier cosa hace más mella en su delicada epidermis que la que pueda sufrir la plebe. 

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Comentarios

  1. Le iba mal a la derechona española hasta que FAES y los del Tea Party enseñaron los métodos. Que bien le fue a Aznar y mira a Rajoy.

    http://vimeo.com/55613544

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  2. No sé si la derecha medró gracias al Tea Party, pero de lo que estoy convencida es de que la derechona española no se fue nunca, esa derechona, franquista, ha estado presente, y j... desde los tiempos del dictador, durante la transición y ahora, tiempos en los que se está imponiendo como en tiempos del genocida

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