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Inacabable espiral: Bruselas exige más impuestos y más pérdida de derechos



La noticia saltaba a media mañana de hoy con la misma brutalidad que un pitbull pueda saltar al cuello de un indefenso gozquecillo: Bruselas exige más subida de impuestos, más control sobre el déficit de las Comunidades autonómicas, más recortes en suma, y más sacrificios de los ciudadanos.

Pudiera pensarse que los dirigentes de la UE son unos psicópatas sádicos sin más. Aunque no se trata de eso. Detrás de las órdenes, que no peticiones, de los mandamases de Bruselas, de los hombres de negro, de los dirigentes de la Troika Comunitaria, no hay sino números y la preocupación única de que Alemania recupere el dinero de la deuda de los bancos alemanes.  

Tras sus decisiones no ven los dramas de las personas a las que se imponen injustos recortes, sino tan solo las cifras macroeconómicas que les dicen que para que cuadren las cuentas los países han de tomar determinadas medidas. Que esas medidas acaben con el bienestar y hasta la vida de los ciudadanos de los deudores es algo que ni se plantean. 
Hasta qué punto llega la ceguera y la indiferencia de quienes mueven los hilos económicos de la UE se resume bien en una anécdota protagonizada por Daniel Gros, director del Centro de Estudios de Política Europea (CEPS, en sus siglas en inglés), uno de los think tank más influyentes del continente.

En una conversación privada, de la que ha tenido referencia esta periodista devenida en bloguera, el importante economista argumentaba la necesidad de que los salarios españoles se reduzcan aún más, dada la situación de déficit de este país. Quien hablaba con el director del CEPS argumentó que era imposible que se aplicase una mayor bajada porque ya está resultando verdaderamente imposible el sobrevivir de muchas familias que perciben salarios de seiscientos euros, y aún menores. Gros, con la lógica de quien solo mira papeles y curvas de cifras, defendió su posición argumentando que el salario base de Bulgaria es de doscientos noventa euros y que ese país hace las cosas como debe. 

Es posible que el señor Gros no sea un sádico ni un terrorista de la economía, sino tan solo una más de las cabezas cuadradas que han secuestrado el poder en Europa, para ponerlo al servicio de los intereses financieros y que son los que hoy mismo reclaman al Gobierno de este país que suba aún más el IVA, cuando ya es el más alto de Europa, atrase la edad de jubilación, sin atender al drama de millones de parados mayores de cuarenta años y de jóvenes a los que les es imposible acceder al mercado laboral,  que endurezca aún más las condiciones de los trabajadores, cuando estas han regresado a las del siglo XIX, o que se solucione el déficit tarifario cuando es en España donde el coste de la energía eléctrica es el más alto de toda Europa, entre otras causas porque el actual Gobierno ha impuesto un brutal retroceso en la implantación de energías renovables.

A las cabezas cuadradas de Bruselas solo les importa que las cuentas de este país, o de Portugal o Grecia, se saneen, por mucho que en el proceso de saneamiento la población experimente un empobrecimiento insoportable, y la gente muera a consecuencia de los recortes sanitarios o de desesperación. 

Todos los economistas coinciden en que este país no va a salir de la crisis en años, algunos incluso ponen fecha, y nos auguran diez años de calvario a consecuencia de la política de austeridad impuesta por los cuervos de la UE, cuya única preocupación es la de cobrar en tiempo y forma unas deudas abusivas y creadas ficticiamente, consecuencia de la especulación y la subida de la prima de riesgo. 

La pertenencia a la UE ya no corresponde al sueño de hace treinta años, cuando la perspectiva de una Europa de los pueblos, todos con los mismos derechos y las mismas libertades, hacían atractivo el proyecto de una comunidad sin fronteras. 

En la actualidad ser miembro de la UE supone renunciar al crecimiento, a la reactivación de la economía, al bienestar. Pertenecer a ella es tan irracional y absurdo como si alguien se empeñase en estar integrado en un club donde ser miembro supusiese que todos los días nos robasen, nos dieran una paliza, y nos dejaran sin comer. 

El Gobierno del PP se rindió a Europa para rescatar a la banca, dejando inerme a una ciudadanía que no es considerada un colectivo de personas por los prebostes de la UE, sino meras cifras a las que hay que restar cuanto sea preciso para que cuadren las cuentas. Decidió, en su servidumbre con la oligarquía, rescatar bancos antes que personas.

No podemos continuar así. No podemos renunciar al futuro, ni a la posibilidad de reactivar nuestra economía. Mas esas aspiraciones no se cumplirán  nunca mientras pertenezcamos a una UE de especuladores financieros. Ha llegado la hora de romper con el club, de salirse de la espiral de austeridad y pobreza que nos imponen los cabezas cuadradas al servicio de los bancos alemanes. 

Y la única manera de lograrlo es forzar la dimisión de este gobierno, la celebración de elecciones en las que votar a políticos que se comprometan a sacarnos de este agujero infectado por sanguijuelas en forma de ‘hombres de negro’. En tanto no lo consigamos, cada día que pase, caminaremos al suicidio como personas y como país.

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