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Crónica de perversidades del PP contra la Educación Pública



Una buena educación, la que enseña a los jóvenes a pensar y ser críticos, a convertirse de adultos en ciudadanos responsables, integrantes de sociedades libres, es algo de lo que la derecha es consciente, por lo que tradicionalmente ha hecho todo lo posible para impedir que el pueblo se eduque. Si en los primeros tiempos de la República se crearon miles de colegios para acabar con el analfabetismo endémico que sufría la población más reprimida y explotada, cuando la hiena fascista se hizo con el poder, emprendió una persecución criminal contra la enseñanza y los enseñantes. 

Aprovechando que los ciudadanos andan distraídos por los muchos escándalos que giran en torno a su partido, el PP viene perpetrando atrocidades en materia tan trascendente y sensible como la Educación Pública. Este gobierno, hijo ideológico y putativo de las ideas más reaccionarias y clasistas del régimen fascista, consciente de que, si los españolitos se educan en libertad, se pondrá la cuerda al cuello de su futuro político, dado que, de tener este pueblo formación y cultura política jamás habrían ganado las elecciones, quieren seguir gozando de las carencias de una ciudadanía despistada a la que se pueda engañar a base de ahogar la Educación Pública por todos los medios a su alcance. Que son muchos, por desgracia. 

José Ignacio Wert, responsable de la Educación y la Cultura, parece puesto en su cargo precisamente para acabar con ellas. Sus declaraciones, contradictorias en ocasiones, incendiarias en otras, concitan la irritación de docentes, padres y alumnos, actores,  cineastas,  escritores o dramaturgos, y solo parece satisfacer a los analfabestias defensores de la crueldad tauricida. 

Cuando Wert habla de asuntos educativos nunca deja de escandalizar a todos los implicados con la Educación Pública. Lo hizo cuando aseguró, desconocedor o cínico, que el incremento de las ratios en las aulas –que aumentó a cuarenta niños por aula, con el pretexto de los recortes-, procuraría la socialización de los niños. Aunque, a la vez, protege la enseñanza discriminatoria de los centros de la secta católica -que separa a niños y niñas, en un intento de regresar a los modos discriminatorios  y machistas que caracterizaron la educación del nacionalcatolicismo-, concertados y subvencionados por un Ministerio que se salta a la torera las sentencias del Supremo que falló contra las subvenciones a centros docentes que incumplen preceptos constitucionales como el de la igualdad. 

Mas lo que parece una contradicción de Wert es, en realidad, una medida política como él mismo dijo al defender la Ley Orgánica de Mejora de la Calidad Educativa, pensada para desmantelar la Educación Pública y fomentar la concertada, en manos de la secta católica, decidido el Ministro y los miembros de Iglesia, a implantar una educación que forme, en lugar de ciudadanos libres, súbditos mediocres. Y aborregados. 

En esa tarea están no solo el Ministro, sino las consejerías de Educación de las Comunidades Autónomas gobernadas por el PP. Y si en Madrid, la beata Lucia Fígar regala los terrenos públicos a centros religiosos, cometiendo un flagrante delito de malversación de bienes públicos, en el País Valenciá  -Comunidad a secas, como pretende imponer el Consell- la consellera de Educación, Mª José Catalá –formada e imbuida del credo beato y neoliberal que se imparte en la Universidad CEU Cardenal Herrera de València-, pretende anular, con el habitual sentido autocrático de los gobernantes del PP, un convenio firmado con los sindicatos de enseñantes en 2010 sobre bolsas de trabajo que mantenía unos criterios de ordenación básicos desde 1993 y suponía, según los sindicatos “la estabilidad de las listas de interinos que provienen del año 1991”. 

A la Consellera de Educación del País Valencià se le ha ocurrido la idea de acabar con el criterio de bolsa de trabajo, al haber decidido que, en lugar del criterio de antigüedad de la bolsa de trabajo, se primará al profesorado que haya aprobado algún examen de oposiciones, con el argumento de que, de ese modo, accederán a la docencia los mejor preparados. Como si la preparación de los docentes fuese algo que preocupase al PP, o que se lograse por aprobar una oposición. Es curioso que la señora Catalá se interese por la calidad de los enseñantes interinos, cuando, a la vez, promociona, protege, subvenciona y prima la educación en centros concertados donde, en ocasiones, los enseñantes no tienen formación docente alguna. 

A esta periodista, devenida en bloguera a causa de las presiones mediáticas del PP del País Valencià, le manifestaba hace años un concejal de EU que en Torrevieja y en el único centro concertado de la localidad, regido por monjitas y al que llevan sus hijos las ‘fuerzas vivas’ y la burguesía reaccionaria, incluida la que tiene carné del PSOE, impartían clase religiosas sin titulación alguna, miembros de la congregación que no contaban con más mérito que el de vestir un hábito. 

El caso de Torrevieja no es el único, se da con frecuencia en los centros concertados en manos de la secta, agraciados con generosas subvenciones que se hurtan a la Educación Pública, impartida en colegios e institutos de barracones en muchas ocasiones y por un profesorado, interino las más de las veces, que se deja la piel con el alumnado, y al que la consellera de Educación valenciana está dispuesta a dejar en la calle, posiblemente para, anulando la equidad de la bolsa de trabajo, premiar o castigar a los docentes, según hayan participado en protestas o no, o manifiesten ideas próximas o alejadas al credo talibán de los integrantes del Consell. 

Mientras la ciudadanía pone sus ojos en los escándalos económicos de un partido que se ha venido financiando con el dinero que ahora recortan en servicios y derechos, el PP lleva a cabo el desmantelamiento de la Escuela Pública, en una maniobra estudiada y premeditada, con el objeto de imponer una educación clasista, discriminatoria y excluyente. Y que sea impartida, tan solo, por aquellos docentes que comulguen con su credo ideológico.  

Se podría decir que, como en tantas otras cosas, el PP es un peligro. Mas teniendo en cuenta la trascendencia de la enseñanza y la importancia para el futuro del país, no es tan solo un peligro, es una amenaza letal para los jóvenes y los docentes.

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