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Como nos ven en Europa: ‘Corrupción propia de una dictadura del Tercer Mundo’



Hace unos días, el diario alemán Die Welt publicaba un editorial demoledor, titulado ‘Una cuestión de decencia’, contra gobiernos del sur de Europa, entre los que mencionaba el de Mariano Raxoi. Para el autor del artículo, Ulrich Clauss, el nivel de corrupción de países como España, Italia o Chipre es la consecuencia de contar con una clase política ‘propia de una dictadura del Tercer Mundo’. Aunque tampoco, a juicio del periodista germano, se libra de responsabilidad en la existencia de una corrupción endémica “la falta de cultura política de los ciudadanos de países como España, Italia, Grecia y Chipre”.

Para el editorialista del diario alemán, no son las políticas de austeridad impuestas por la UE a esos países, en los que hacemos responsable a la canciller Merkel, sino el hecho de que para los países del sur ‘“la palabra buen gobierno parece ser una palabra extranjera”, y considera que “hasta ahora nadie se atreve a decirlo abiertamente, la división entre la cultura política del norte y del sur de Europa es extrema”.

Y aunque su defensa de las políticas de austeridad que la canciller Merkel viene imponiendo a los países del sur de un modo implacable -con el objeto de que no escape ni un solo euro de la deuda que inflan a extremos de usura, mecanismos como el de la prima de riesgo, que siempre beneficia al país teutón-, lo convierta él, un tanto parcial, tampoco puede reprochársele al señor Clauss que haga juicios tan duros sobre la corrupción en los países  del sur de Europa en general, y del nuestro en particular. 

Las crónicas de la corrupción que leemos cada día en los medios nacionales, y que, inevitablemente, traspasan nuestras fronteras en un mundo extremadamente globalizado -por fortuna, también en el ámbito de la información-, no escapan al conocimiento de cuanto acontece, al menos en el ámbito de la UE. 

Que Ulrich Clauss afirme que los dos grandes partidos están inmersos en casos de corrupción, cuando cada día las páginas de los periódicos dan cuenta de casos como el de la financiación del PP, o el de los Eres en Andalucía, resulta inevitable. 

Por otra parte, tampoco puede extrañar que el periodista del Die Welt no entienda cómo la ciudadanía de este país elija en sucesivas elecciones a partidos y políticos inmersos en casos de sonada corrupción de los que, reiteradamente, se han hecho eco todos los medios europeos. 

Así, la corrupción valenciana, que se vincula al despilfarro desaforado de esa Comunidad, en la que existe un alto número de dirigentes con causas judiciales abiertas y que ha sido objeto de no pocos reportajes de televisiones de media Europa, debe ser una de las cuestiones que el periodista germano mira con desagrado, por lo que no duda en señalar que “la palabra buen gobierno parece ser una palabra extranjera”. 

Reportajes como el que publicaba hace unas fechas el diario digital Público, sobre la denuncia del grupo Ecologistas en Acción –uno de los firmantes de la querella contra el PP por supuesta financiación ilegal proveniente de contratos de obra pública, muchas veces innecesaria y otorgada a dedo- en el que aseguraban que "la mayor parte de los pagos supuestamente ilícitos que aparecen en los papeles de Bárcenas presumiblemente se tradujeron luego en licitaciones de grandes e insostenibles obras de infraestructura que ahora debemos pagar incrementando de forma abrumadora la deuda pública" producen indignación en países en los que a los políticos se les hace dimitir por copiar párrafos en sus tesis de doctorado. 

Cabe preguntarse qué opinaría la prensa europea de conocer otras noticias que, sin estar directamente vinculadas a la corrupción del dinero, lo están, sin duda, con la corrupción de la democracia y de los derechos de los ciudadanos.

¿Qué opinarán los muy civilizados y laicos europeos de que existan docentes que afirman disparates como los protagonizados por Gloria Casanova, profesora de Doctrina Social de la Iglesia – asignatura medieval e intempestiva que se imparte hasta el tercer curso de la carrera de Periodismo en la Universidad valenciana CEU Cardenal Herrera de Moncada-, que hace afirmaciones tan atroces como las de que “las mujeres maltratadas no deben separarse porque eso es amor”, o “el aborto en el caso de violación no es tolerable porque dentro de lo terrible de la violación sacas algo bueno, que es un hijo, un don de Dios”, y que considera, en contra de cualquier criterio científico y social, que la homosexualidad es una enfermedad que puede curarse?. 

¿Y de que, en tanto que esa propaganda del integrismo católico se produce en una universidad privada, pero que recibe dinero público a manos llenas, las Nuevas Generaciones del partido del Gobierno hayan emprendido una campaña contra la libertad de cátedra de los profesores críticos con una ley de Educación destinada a manipular ideológica y religiosamente a los educandos?. 

¿No verán, con estupor asimismo la campaña difamatoria del Gobierno contra los colectivos ciudadanos que defienden los derechos de las personas desahuciadas por una ley considerada ilegal por el Tribunal Europeo de Justicia, y que el Ejecutivo no se ha apresurado a derogar, a pesar del fallo de ese alto organismo jurídico? 

¿Cómo no han de calificar de tercermundista a un país en el que, por culpa de una ley  ilegal en todo el ámbito de la UE, existen personas que mueren en la calle por falta de un hogar y de asistencia sanitaria, como sucedió en un barrio de Teruel, donde un parado que había perdido su vivienda por culpa de esa ilegal ley hipotecaria, sin techo también porque igualmente fue desahuciado por no pagar un alquiler, así privado de un hogar por la inexistencia de vivienda social, falleció en la calle víctima de un fallo hepático? Su nombre era Pedro Millana y su caso se ha conocido a través de medios digitales de escasa repercusión, porque, aunque la noticia partió del Gabinete de Prensa de la Policía, que llega a todos los medios, a ninguna de las grandes cabeceras del país le pareció un asunto digno de figurar en sus páginas. 

¿Qué pensarán en todos los países en los que se han llevado a los tribunales a clérigos pederastas de que en las Islas Baleares -bien conocidas por el colectivo germano que las elige para sus vacaciones y segunda residencia- existan sacerdotes que salgan en defensa de sus colegas pederastas, criminalizando e insultando a sus víctimas, como ha sucedido hoy mismo con un infame clérigo que se permitió calificar poco menos que de casquivana a una joven  violada por un cura -ahora expulsado por el Obispado, y pendiente de un juicio seglar que podrá llevarle cerca de veinte años a prisión-, y a la que atribuyó su denuncia al afán de enriquecerse? 

Al leer tanto dislate y tanto abuso como se produce en este país con el latrocinio organizado por políticos, en una gran mayoría del partido que sustenta al Gobierno pero no solo, sino y también por cuantos ataques a la libertad de expresión, a la democracia, a los derechos sociales, a la dignidad de la ciudadanía en suma, ¿cómo puede extrañar que la prensa del norte europeo sienta perplejidad cuando no estupor, y recalque la enorme diferencia que existe entre los modos de gobernar, y las exigencias de los ciudadanos entre los países del norte y del sur?  


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