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Marea ciudadana no solo por los políticos y los recortes: Por el sistema




Una marea de ciudadanos hartos, indignados con los recortes, la corrupción, los desahucios y en suma, con un sistema que hace aguas, inundó las calles de más de ochenta ciudades de este país de países. 

Cientos de miles, afirman algunos medios, los más veraces, que, sin embargo, temen informar de lo que fue realmente, que millones de ciudadanos salieron a la calle a demostrar el hartazgo por una política económica de ultraderecha que, amparándose en los recortes impuestos por Europa, está aplicando un Ejecutivo que se ceba en los más desfavorecidos para repartir el dinero prestado por la UE entre la banca, sin que esta dé nada a cambio. Hasta el extremo de que el Comisario para Asuntos Económicos, Olli Rehn advirtiera al Gobierno de Raxoi que el dinero prestado es para que fluya el crédito y se active la economía y no para repartirlo entre la banca. 

En cualquier caso, sea el dinero para los bancos o para que fluya el crédito, los ciudadanos mostraron ayer su oposición a la política del Gobierno Raxoi y de la UE, cuyo programa de austeridad comienza a ser contestada por numerosos cualificados economistas y rechazada por el pueblo que ve los recortes como un golpe social o económico, como hacían constar los manifestantes, al comparar la actual situación con el golpismo de 1981, del que, justa y precisamente ayer, se cumplían treinta y dos años. 

Porque ayer, 23 de Febrero de 2013, se constató en las calles de más ochenta ciudades de este país de países el rechazo por los recortes impuestos por un Gobierno que aprovecha la crisis para privatizar cuanto queda de público con el fin de favorecer a sus amigos, y por una corrupción que adelgazó las arcas públicas en las comunidades donde gobernaban para hacerse de oro. Y la indignación contra un Presidente del Gobierno, Mariano Raxoi, del que se exigió la dimisión no solo por sus decisiones, sino por mentiroso y por amparar a los corruptos.

Pacíficamente y con mucho sentido del humor, los participantes en las manifestaciones sacaron todo el ingenio de este pueblo para criticar a los mercados, a la UE, y a la corrupción de un partido, el del Gobierno, que a estas alturas todos sabemos se ha enriquecido a costa del dinero público, hurtado en contratos concedidos a empresarios corruptos, a hechuras de sus ambiciones. 

Sin embargo, y a pesar de la multitud humana que participó en una protesta que, sumando los miles de manifestantes de las ochenta ciudades, suponen varios millones de almas clamando contra las injusticias, las imposiciones de la UE, la avaricia de los bancos,  el latrocinio generalizado, y la actitud intolerable de un gobierno mendaz, los medios de comunicación apenas concedieron atención a la protesta, saldando la noticia los más con ‘decenas de miles de manifestantes protestan contra los recortes’, a pesar de que la protesta tenía origen en causas mucho más profundas que la queja por la política económica sin más. 

Porque, aparte de la preocupación y la crítica a las medidas aplicadas por un gobierno de ultraderecha que, desde que llegó al poder, no ha hecho otra cosa que desmontar el Estado del Bienestar, privando a los ciudadanos de prestaciones con las que cuentan en toda Europa, por mucho que la UE recomiende recortes, lo que mostraba la ciudadanía era el repudio por la actitud de una clase política que se ha distanciado de los problemas reales y, ensimismada en sus asuntos, parece no ver el sufrimiento de una población que pierde sus empleos, sus prestaciones, y a consecuencia de ello, sus casas, su seguridad, su dignidad y en casos hasta su vida.  

El pueblo está harto de políticos corruptos, de jueces consentidores, de instituciones inservibles y ancladas en el pasado. Y decididos los más a llevar a cabo una nueva, o real, transición que no se efectuó por mucho que nos vendieran la moto del cambio de régimen civilizado y ejemplar. 

La gente está cansada de la monarquía, de que los altos tribunales de justicia compadreen con el poder, de que los jueces valientes no tengan medios, o acaben destituidos, de que los representantes de la religión oficial, por mucho que la Constitución proclame la aconfesionalidad del Estado, se lleven por la cara miles de millones de euros para sus ritos, sus negocios y su propaganda. Y no soporta ya más un sistema, el capitalista, que lleva años agonizando pero que, en su larga agonía, está matando a todos con sus coletazos de dragón moribundo. 

Podrán pasar aún años en los que haya que salir a la calle a clamar contra un gobierno de ultraderechistas corruptos, de jueces vendidos al poder, de bancos especuladores y avariciosos, de políticos distantes que no ofrecen nada a los ciudadanos para acabar con la situación de penuria e injusticia en la que se vive en el presente, mas como decía aquella antigua canción de Lluis Llach, L’estaca: Si estirem tots ella caurà/i molt de temps no pot durar,/ segur que tomba, tomba, tomba,/ ben corcada deu ser ja.



Se seguirá saliendo a la calle, pese a las agresiones policiales, como las que se registraron ayer en Madrid, en las que la policía cargó contra todo el mundo indiscriminadamente, porque unos jóvenes les increparon. Fue a raíz de los golpes y la represión cuando los jóvenes llamados ‘radicales’ prendieron fuego a contenedores y papeleras. 

Y se seguirá protestando por mucho que un fascista como el número dos del Presidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González, Salvador Victoria, tuviera la desfachatez de escribir, en su cuenta de Twiter, que “necesitamos democracia, no que hoy, como hace 32 años, los enemigos de las libertades tomen el Congreso y las calles”, cuando él y sus correligionarios son precisamente los herederos en modos y costumbres de los golpistas de 1981 que, en 2011, llegaron al poder por un golpe de Estado en las urnas, al mentir al electorado respecto a sus intenciones.

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