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Crónica de corrupción y amantes reales: De Bárcenas a Corinna zu Sayn-Wittgenstein






En este Patio de Monipodio en que se ha convertido nuestro país, resulta sumamente difícil escoger una noticia para, en base a ella, realizar comentarios o desmenuzarla más allá de lo que hace la prensa ‘oficial y cortesana’. Porque hay medios, la mayoría, que nunca se atreven a llamar las cosas por su nombre y amagan, aunque nunca llegan a dar, sobre asuntos tan escandalosos como la corrupción en el PP y el desarrollo del escándalo Bárcenas, que, a la hora de escribir estas líneas, ha proporcionado nuevos datos.

La mayoría de publicaciones o cadenas televisivas, no se sabe si por impericia o por cobardía, nunca acaban de desgranar los asuntos como se debiera, y se quedan en la cáscara de los acontecimientos, sin entrar en el meollo de la información, ya sea sobre la corrupción del partido que gobierna, ya sea sobre la casa real.

Habrá por lo tanto que intentar, desde los blogs, poner un poco de transparencia en lo que no acaban de contarnos los medios de los asuntos de actualidad que vienen convirtiendo a este país en un reino de tontos, gobernados por locos desaprensivos. 

Hoy se ha sabido que el que llaman extesorero del PP, mientras que, desde el Presidente del Gobierno al último mono de su cúpula directiva, juraban que no tenía nada que ver en ese partido, cobraba un sueldo mensual de veinte y un mil trescientos euros. Mucho más de lo que ganan hoy día infinidad de personas en todo un año, tras la reforma laboral llevada a cabo por el Gobierno que sustenta al partido que pagaba ese sueldo millonario a su tesorero.

Eso es lo escandaloso de la noticia sobre Bárcenas, el hecho de que un partido que ha venido imponiendo una austeridad criminal a los ciudadanos pague sueldos inmorales a sus funcionarios, seguramente para comprar un ominoso silencio que oculta toda clase de delitos. Porque, ¿cómo ha de llamarse la ‘casualidad’ de que las empresas agraciadas con contratos de muchos millones de euros por las administraciones populares, inmediatamente después de obtener tales contratos hicieran substanciosas y generosas donaciones al PP?. Así se ha deducido de los análisis de los papeles de Bárcenas, esos que el PP dice que no tienen validez porque son fotocopias. 

Lo que sí airearon algunas televisiones fueron los balbuceos de la señora Cospedal, metida en un jardín de difícil salida, sobre la situación laboral de Bárcenas en el PP. Como en ese partido no saben por donde salir, ni qué justificación dar a sus ominosas relaciones con el extesorero, y las muchas mentiras que vienen contando, en el convencimiento de que la ciudadanía es idiota y deglute cuantas falacias relatan, la secretaria general del PP se lanzó a afirmar que el dinero pagado a Bárcenas fue una ‘indemnización en diferido’ y una ‘simulación’, que expertos en derecho laboral se han apresurado a calificar de fraudulenta e ilegal.

Y no es solo en relación al PP sobre lo que los medios  ‘oficiales’ hablan en voz bajita, u obvian para no hacer sangre. Resulta significativo el modo ‘cortesano’ con el que se viene tratando el asunto de la amante del rey, la llamada ‘princesa Corinna’ de apellido impronunciable y título virtual que, en una entrevista en El Mundo, alardeó de hacer ‘trabajos delicados y clasificados’ para el Gobierno español. 

Que una amante, por muy real que sea, ande metida en asuntos políticos hace recordar épocas muy pretéritas, cuando las cortesanas influían en la vida política de sus países. La historia recoge infinidad de presencias femeninas en los aledaños del poder, con una enorme influencia lograda en las camas regias, en tiempos en los que las mujeres sufrían de tan poca consideración, que hasta se les negaba tener alma y, menos aún, entendimiento. Lo que no quitaba para que notables damas, arrimadas a las entrepiernas de los poderosos, tuviesen más poder que los más poderosos cortesanos. 

Desde amantes de Papas, como Mariozza, que alegraba la vida a Sergio I, la llamada ‘emperatriz Teodosia’, actriz y amante de Justiniano, Agnes Sorel, Madame de Montespan, la Pompadour, la Princesa de Éboli o la Bella Otero, que frecuentó los lechos de reyes y emperadores, entre ellos, el de Alfonso XIII, la historia de las monarquías está repleta de cortesanas influyentes. Mas no es de recibo que en siglo XXI siga sucediendo, y una señora –Corinna zu Sayn-Wittgenstein- por mucho que intente buscarle trabajos al presunto corrupto yerno real, intervenga en asuntos de Gobierno, como ella misma afirmó, poniendo así de manifiesto que la monarquía es un sistema, no solo desfasado, sino corrupto. 

El secretario general de los socialistas, y ex ministro del Gobierno de Zapatero, Alfredo Pérez Rubalcaba, se apresuró a aclarar que Corinna zu Sayn-Wittgenstein jamás trabajó en asunto clasificado alguno para los Gobiernos de los que formó parte. Y resulta creíble, porque es más propio de un Ejecutivo como el actual  prestarse a los caprichos de un rey caduco, al que se concedió el intolerable  capricho de designar personalmente al ministro de Defensa, como hizo con el actual titular de esa cartera, Pedro Morenés y Álvarez de Eulate, hijo del Conde del Asalto, y vinculado con empresas de armamento.

Las noticias que en las últimas semanas vienen apareciendo sobre la Monarquía y el rey son la evidencia de que un régimen monárquico es una anomalía democrática, algo anacrónico y fuera de lugar en un país civilizado. Al menos una monarquía como la borbónica, con unos reyes que si no la dan a la entrada de sus reinados la dan a la salida, como está haciendo el actual Borbón, con sus líos de amantes, sus cacerías, sus turbios negocios, y las presiones y ninguneo a la prensa, como ha sucedido hoy mismo, cuando al visitarle ministro de Asuntos Exteriores de Portugal, Paulo Sacadura Cabral Portas, se ha negado la presencia de los medios no oficiales –RTVE y EFE-para impedir preguntas incómodas sobre su amante, o sobre un estado de salud que hace pensar que anda rondándole cualquier grave enfermedad y la visita de la parca.  

La monarquía, de hábitos absolutistas, intenta escapar a las reglas del juego democrático, como se ha puesto en evidencia a la hora de aprobar normativas de transparencia, porque el PP, seguramente obedeciendo las consignas de la Casa Real, intenta dejar fuera del control democrático el mucho dinero que pagamos todos para mantener a una familia que vive más que lujosamente. Y sin más obligaciones que aparecer de vez en cuando en los medios con elegantes indumentarias, mientras el pueblo padece recortes sin cuento.

Son estos meros apuntes sobre los desafueros que padece este pueblo por parte de políticos que se supone están al servicio de los ciudadanos y de una monarquía a la que de lo menos que se puede acusar es de anacrónica.

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