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Ana Mato: Entre los recortes en Sanidad y los regalos de Gürtel


Si se la viese en la puerta de un colegio esperando a sus hijos, en un supermercado haciendo la compra, o en un centro comercial adquiriendo, con aire compulsivo,  ropa o complementos en época de rebajas, no llamaría la atención. Su aspecto es el de una mujer normal, con poco encanto y feíta. Como millones de amas de casa, madres de familia a las que los niños, el trabajo, la casa, la hipoteca y las letras del coche no les deja tiempo de atender demasiado a su físico. Pero no, esa mujer de aspecto poco agradable, de sonrisa forzada, e incluso falsa, es Ministra del Gobierno de España, ex esposa de un imputado por corrupción, que a pesar de estar, presuntamente, implicado en una trama tan pútrida y carente de decencia como la Gürtel, mantiene su puesto como funcionario del PP.

Se trata de Ana Mato Adrover, Ministra de Sanidad, la mujer que dejó sin atención médica a los inmigrantes, que ha castigado a los jubilados obligándolos a pagar parte de su medicación,  que hace abonar los traslados en ambulancia a los enfermos y que ha acabado con el derecho a la fecundación in vitro gratuita, entre otros recortes que caen como una losa en las perjudicadas rentas de los más débiles. Implacable, está decidida, como todo su partido, a acabar con una Sanidad Pública que hasta que ella llegó al Ministerio era una de las mejores del mundo.

Desde que tomó posesión, emprendió una razia de derechos que ha llevado, entre otras muchas decisiones crueles para con los más frágiles de la sociedad, aquellos ciudadanos enfermos que, en multitud de ocasiones, a la enfermedad han de sumar las dificultades económicas y que con sus disposiciones se ven obligados a pagar medicamentos, prótesis y transportes en ambulancia, a acabar con derechos ciudadanos que antes se pagaban a través de las arcas públicas, cuando con los impuestos sufragaban las necesidades de la sociedad. Hasta que llegó este Gobierno, del que ella forma parte, y decidiera que el dinero de todos ha de destinarse a pagar las especulaciones, extravagancias y dislates de la banca.

Más esta mujer de rostro casi tan antipático como sus decisiones, que se trabuca al hablar en público posiblemente porque no tiene claro lo que ha decir, o aún teniéndolo, sabe que es indefendible, está tocada no ya por la sospecha, sino por la certeza de que recibió regalos de la trama Gürtel, porque así lo ha demostrado la  Unidad de Delincuencia Económica y Financiera (UDEF) de la Policía Nacional, en un informe en el que se pone de manifiesto que esa trama, cuyo cabecilla gustaba de ser nombrado como Don Vito –uno de los mafiosos protagonistas de la novela El Padrino de Mario Puzo, al que dio vida en el cine Marlon Brando-, facilitó al matrimonio Sepúlveda/Mato la prestación de distintos servicios turísticos por un valor de 50.049 euros, pagó la primera comunión de una de sus hijas, y una fiesta con payasos en la que gastó miles de euros solo en confetis, y que  regaló, como una especial atención a la dama, bolsos de Louis Vuitton valorados en 225 y 385 euros, presentes que la banda Gürtel consignó en sus cuentas como “obsequio Ana Mato”.

Pese a las pruebas incontestables de los informes policiales, esta Ministra especialista en ensañarse con inmigrantes, jubilados y enfermos, se escuda en que si hubo delitos han prescrito, o que los problemas que su marido pueda tener con la Justicia, a consecuencia de sus relaciones con la trama Gürtel, son de él, y nada tiene que ver con ellos. Ciega, sorda y muda no se enteró de quiénes pagaban los lujosos coches de su exmarido, ni de donde salía el dinero para sufragar los saraos familiares.

Aparte de inmisericorde con los más débiles, enfermos o dependientes, la Ministra Mato –nunca un apellido se ajustó con tanta precisión con la gestión de su portador- se muestra indiferente al escándalo de corrupción en el que está inmersa, manifestando con total desfachatez que esos asuntos por los que la señala la justicia o no tienen nada que ver con ella, o han prescrito. Sin percatarse de que en política no basta con que un delito prescriba, porque la imagen de quien se dedica a ese oficio ha de ser transparente como el cristal, y la suya está sucia de las opacidades que envuelven a  la trama Gürtel.

Con la desfachatez y la indecencia de quienes carecen de dignidad y decoro, se pasea por las instituciones europeas como si estuviese limpia de cualquier sospecha o mácula, seguramente causando no poca incomodidad entre sus colegas de la UE, acostumbrados a que en sus países, cuando un político se ve tocado por, aunque solo sean indicios de corrupción, dimite ipso facto por una cuestión de pundonor.

Mas la señora Mato no va a dimitir. No lo hará porque desde su punto de vista, de pequeña autócrata, no está obligada a dar explicaciones ni tiene por qué justificar haber recibido trato de favor de una trama corrupta. Y se escuda en el indigno principio machista de que ella no intervenía ni preguntaba a su marido, como hacen las buenas y santas esposas sumisas.

Tampoco el Presidente del Gobierno, Mariano Raxoi, la obligará a hacerlo. No puede, como no puede dejar de pagar un sueldo al presunto corrupto exmarido de su Ministra de Sanidad. Porque como en esas películas sobre la mafia, sabe demasiado y lo largará como un Tommaso Buscetta cualquiera, sacando a la luz todo cuanto el PP está empeñado en ocultar sobre sus opacas maneras de conseguir miles de millones de euros para financiar sus campañas electorales con ventaja.

Al fin y al cabo la señora Mato no debe ser más que una de los muchos miembros de la cúpula del PP, enfangados en el escándalo más indigno sobre financiación ilegal de un partido que se ha dado en la historia de esta pseudodemocracia en la que, como recordaba en pasadas fechas el Financial Times, “desde la monarquía hasta el poder judicial muestran signos de putrefacción”. 

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