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23F: Tenemos que salvarnos de un Gobierno de mentirosos y oligarcas



Si fuéramos norteamericanos o europeos del norte, el Gobierno habría ya dimitido a causa de sus muchas mentiras, dejando aparte sus otras muchas tropelías, como la de haber llegado al poder a través de un golpe de Estado en las urnas que le proporcionó una mayoría absolutísima lograda ocultando su programa electoral  para, a continuación, desmontar el Estado del Bienestar, acabar con los derechos de los trabajadores y poner una mordaza a los medios públicos.

Mas como no somos norteamericanos ni europeos del norte, y la mecánica institucional no prevé figuras legales como el impeachment, que permite, tanto en USA como en el Reino Unido, que las Cámaras procesen a un político acordando la expulsión del cargo y su inhabilitación, tendremos que ser los ciudadanos los que abochornemos  –abochornar es una de las traducciones libres del término impeachment- al Gobierno por mentiroso hasta obligarlo a dejar el poder. 

Los ciudadanos estamos forzados a decir ¡basta! a un Gobierno que miente respecto a la economía. Porque tan solo a dos días del Debate del Estado de Nación, la postura autocomplaciente del Presidente Raxoi sacando pecho sobre la economía y el déficit, se ha puesto de manifiesto su mendacidad tras conocer las valoraciones de la UE que, a la par que desdice las predicciones de Raxoi, amenaza con imponer más sacrificios al pueblo. 

Es este el que tiene que exigir claridad y jueces para dilucidar y castigar el ominoso asunto de la financiación del partido que sustenta al Gobierno. Una financiación que hace sospechar que ha costado muchos millones a una ciudadanía a la que se reprocha haber vivido por encima de sus posibilidades cuando la realidad es que mucha parte de culpa de la crisis es responsabilidad de quienes esquilmaron las cuentas públicas.

Porque, ¿sería disparatado suponer que los muchos millones, aún no sabemos cuántos, de Luis Bárcenas, o Luis el Cabrón, son del PP? ¿Es locura sospechar que el volumen de esas cuentas superan con mucho los veintidós millones descubiertos a Bárcenas en Suiza, y si otros haberes, como esa finca de limones de Argentina, supuesta propiedad de otro extesorero, son también bienes del partido que nos gobierna, conseguidos a fuerza de esquilmar las cuentas públicas? 

La ciudadanía tiene derecho a exigir que se desenrede la madeja de la corrupción,  que se devuelvan los millones sustraídos al erario y al bienestar de los ciudadanos, conseguidos través de concursos públicos inflados para obtener unos substanciosos beneficios que acabaron en las arcas del PP, al igual que otros procedentes de generosos donativos hechos por empresarios explotadores con sus trabajadores que hurtaron salarios para regalar parte de sus beneficios al partido que se somete dulcemente a sus exigencias. 

La foto fija de la actualidad deja ver un país sometido a la dictadura de un organismo supranacional en manos de los especuladores financieros, empeñado en acabar con derechos conseguidos a lo largo de siglo y medio, con el fin de volvernos a casi la esclavitud.  Y gobernado por un partido vinculado a la oligarquía y la secta católica, empeñado en convertir a los ciudadanos en súbditos, retrotrayéndolos al pasado a través de una Educación para ricos y pobres, para hombres y mujeres, para listos y tontos, condenados a la miseria por la falta de trabajo y prestaciones, explotados, los pocos privilegiados que lo tienen, por un empresariado protegido por un Ejecutivo que los dota de leyes abusivas para que puedan explotar mejor, a la vez que regala ingentes cantidades del dinero de todos a unos banqueros que expulsan a la gente de sus casas, al igual que los arrendadores a los que concede toda clase de facilidades para, igualmente, privar del techo a sus inquilinos, o que decide que haya una justicia para potentados y otra, inaccesible, para los más.

Esa misma foto fija da la imagen de unos políticos, los del Gobierno, mentirosos y autocráticos, y los de la oposición silenciados –desarmada por la mayoría absoluta de un partido que accedió al poder tras una campaña de mentiras y privilegios económicos-, golpeados por el fracaso y sin proyectos que permitan esperar un cambio radical ante una situación insufrible.  

Al desprestigio de unos políticos despóticos, inanes otros, desconectados todos de los problemas reales, se suma el desprestigio de una monarquía obsoleta, bajo sospecha por sus negocios poco lícitos, por el comportamiento inadmisible y hasta insultante de un rey más interesado en masacrar animales indefensos o en vivir aventuras amorosas impropias de su edad y condición, que de los problemas de los ciudadanos. 

Ante ese estado de cosas es el pueblo el obligado a tomar el timón, a expulsar de las instituciones a tanto inútil o sinvergüenza, a marcar el cambio imprescindible que libere de la servidumbre a una Europa dominada por financieros ávidos de dinero y derechos, que tome en sus manos una democracia exánime, y elija a nuevos representantes, empeñado en servir única y exclusivamente los derechos de las personas, frente a los actuales, comprometidos tan solo con la banca y la oligarquía. 

Nada cambiará, ni nada se conseguirá si el pueblo en masa no toma las calles y obliga a sus políticos y a sus jueces –servidores públicos, que cobran de las arcas públicas- a servirle a él y solo a él. Por eso es tan importante que el día veintitrés se tome la calle, se diga ¡basta! al golpe de Estado larvado, que soportamos estoicamente desde que estalló la crisis, por parte de políticos de derechas, banqueros abusivos empresarios delincuentes y un clero gorrón. 

El futuro no está en manos de la UE, ni del Gobierno, ni de los poderes económicos, sino en manos de la ciudadanía, si esta se decide a tomar las riendas, a salir a la calle a millones, para clamar que hasta aquí se ha llegado y que ni un recorte más, ni una estafa más, ni una imposición más.


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