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Tú robas, ellos te votan


Continúa en los medios la película de terror de la corrupción en el seno del PP. Por mucho que sus dirigentes anuncien auditorías privadas o públicas, o por mucho que amenacen a los medios con querellas por contar la verdad, o simplemente por hablar de lo que hay, como hicieron el sábado intentando intimidar a la cadena Telecinco que emitía un programa de tertulias en el que se analizaba el asunto, es imposible silenciar el clamor de rechazo y estupor que produce y producirá ese escándalo, según se vayan desvelando nuevos datos, que sin duda aparecerán en los medios. Los dirigentes del PP parece que no saben que cuando un colector de aguas fecales estalla, la mierda se extiende imparablemente. Y así está sucediendo con el asunto de los famosos sobres con los que Bárcenas pagaba a dirigentes de esa formación, y sobre los que, según las últimas noticias, tiene documentación para tener cogidos por los huevos a todos los integrantes de la dirección de ese partido, parte del Gobierno y a unos cuantos ex.

La reacción del PP ha sido la que suele ser, aquella a la que tiene acostumbrada a la opinión pública o publicada: ante todo decir que ellos jamás cometieron tamañas felonías, anunciar querellas contra la prensa o contra uno de sus exdiputados, Jorge Trías Sagnier que, en una carta al diario El País, confirma el trasiego de sobres en la sede del PP. Y tras constatar que son tan evidentes las pruebas que no pueden negarlas, como vienen haciendo desde que estalló el escándalo Gürtel, el Presidente Raxoi ha anunciado que harán una auditoría interna y otra externa. ¿No sería mejor, y más transparente, rendir cuentas en el Congreso, y poner a disposición de todos los diputados la contabilidad completa del PP?

Y si es menester que lo haga el resto de partidos, a los que, desde el PP y la caverna mediática, se quiere involucrar en el desprestigio, así sea. Esa costumbre de esparcir la mierda de sus cloacas al resto del colector puede resultar peligroso. No se plantean, ni por un momento, que con ello están poniendo en riesgo la mismísima democracia y el desprestigio absoluto de la existencia de los partidos políticos que la extrema derecha aprovecha para criticar, como franquistas que son, lo que han dado en llamar despectivamente 'partitocracia'. Aunque bien pudiera ser que en ese partido, trufado de fascistas y nostálgicos de la dictadura, piensen que mejor volver a ella para poder robar y manejar los dineros públicos con total impunidad. Como si no lo hicieran en el presente.

El PP, como partido de derechas que es, sucesor del franquismo e imbuido del mismo espíritu señoritil de los caciques que aún pululan por nuestra sociedad, por mucho que algunos crean que son cosa de antaño, siempre considera que, cuando gobierna, tiene derecho a hacer con el dinero público mangas y capirotes, usarlo a su antojo para satisfacer la avaricia propia o de sus amigos. Lo de los sobres de Bárcenas es tan solo un indicio de qué cosas puede llegar a hacer ese partido en beneficio propio o de sus allegados a la hora de disponer del erario público.

En esa aparición de noticias de olor nauseabundo, hoy se ha sabido que Bárcenas tiene en comandita un limonarcillo de nada, de más de doscientos setenta kilómetros cuadrados -una superficie tres veces mayor que la extensión de Barcelona- en la localidad argentina de Salta. Y al ver quién es el que se dice único propietario, Ángel Sánchiz, otro extesorero del PP, vinculado al escándalo Naseiro de financiación ilegal de ese partido en el País Valencià -que se malogró por una cuestión de forma, bien aprovechada por el equipo jurídico, dirigido entonces, como en el caso Gürtel, por el opusdeístico señor Trillo-, bien podría pensarse que el negocio pudiera ser una de las varias fuentes de financiación del PP, comprado el limonar con dinero procedente de esas mordidas que han dejado las arcas valencianas en estado de caquexia absoluta.

Y es que el PPCV, amo y señor de la Generalitat Valencià y de la vida y haciendas de todos los valencianos, con su expresidente implicado en el asunto Gürtel por mucho que saliera indemne del escándalo de los trajes gracias a un jurado popular -y a la palabra popular se le puede dar cualquier sentido-, siempre ha dispuesto de los fondos públicos a su antojo y para su propio solaz. No hay que remontarse mucho para saber cuánto dinero se despilfarro, y aún se despilfarra, con el Gran Premio de Fórmula1. Y hoy se ha sabido que, por obra y gracia de unos acuerdos firmados por el 'curita' de malhadada memoria, los valencianos tendrán que sufragar de sus bolsillos, y prescindiendo de Educación, Sanidad, Dependencia y Prestaciones Sociales, la nada ínfima cantidad de 118 millones de euros para asumir las deudas de los clubes de fútbol que Camps avaló porque le gustaba hacerse fotos con deportistas, ya fuera pasear en un Ferrari, sostener la Copa del Mundo, o darse un paseíto en uno de los veleros participantes en la Copa del América. Uno de los clubes que el señor Camps avaló, con absoluto desprecio por la economía de las arcas públicas fue el Hércules, propiedad de uno de los más caros amigos del PP en el País Valencià: El empresario implicado en varios casos de corrupción Enrique Ortiz, uno de los benefactores de los caprichos de, entre otros, la alcaldesa de Alacant.

Con estos antecedentes, ¿quien podrá sorprenderse cuando salga lo que aún pueda salir de los negocios del PP, negocios realizados en beneficio propio y a costa de dinero público?. Es posible que en otros partidos se hayan dado casos de corrupción, acciones condenables y censurables en cualquier caso. Pero nunca han supuesto el asalto a las arcas públicas que viene llevando a cabo el PP desde que el señor Aznar llegó a La Moncloa.

Lo demoledor de esta situación no es solo el latrocinio que viene practicando sistemáticamente el PP allá donde tuvo poder, ahora en el Gobierno de la nación, desde el que beneficia a bancos, a empresas de gestión sanitaria o a la secta católica poniendo en sus manos la educación pública. Lo demoledor es que lo hace con la anuencia de los votantes, que le dieron carta blanca para llevar a cabo lo que se sabía que haría. Recuerden, si no, el resultado de las elecciones autonómicas pasadas cuando, a pesar de conocerse bien el escándalo Gürtel, Camps y los suyos ganaron las elecciones con más votos que nunca. El PP está resultando el partido más corrupto de toda la historia de la democracia. Y todo el país es culpable por consentirlo.

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