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Regreso a la dictadura: Guardias Civiles que imponen hablar 'español'



En la población valenciana de Almenara se juzga a un vecino por defender ante la Guardia Civil el derecho a hablar su lengua materna, cooficial en el País Valencià, después de que unos agentes de ese cuerpo obligasen, al viejo modo de la dictadura, al uso del castellano que tanto incuro cerril se empeña en llamar 'español', como si no lo fuesen asimismo el catalán, el galego o el euskera. El vecino, parado por dos agentes de la GC de carretera, al dirigirse a ellos en valenciano, fue conminado, con los tristes malos modos de quienes, como dijo el poeta: tienen de plomo, por eso no lloran, las calaveras, a que hablase 'en español', dando así muestras de desconocer tanto el derecho constitucional a usar cualesquiera de las lenguas del Estado, como que el valenciano es una lengua tan española como castellano, de asumir la unidad de España que, sin duda, los agentes que impusieron el uso del 'español' defienden a capa y espada.

La actitud de esos agentes de la Guardia Civil trajeron a mi memoria un paisaje entre Teruel y Tarragona donde, en unos terrenos yermos y solitarios, se alzaba un chamizo medio derruido, erguido en medio de la nada, que presentaba en una de sus astrosas paredes, la más próxima a la carretera, una pintada en la que se se leía: 'Por Dios y por España habla el Idioma del Imperio'. El idioma del 'imperio' era, obviamente un castellano impuesto a culatazos y detenciones en todos aquellos territorios en los que los naturales pretendían hablar su lengua materna. Corrían los primeros años de la década de los setenta y el franquismo gozaba de una excelente salud que permitía que se cometiesen toda clase de imposiciones y abusos, entre ellas la de impedir el libre desarrollo de lenguas como el catalán, el gallego o el euskera.

Con la promulgación de la Constitución que hizo cooficiales todas las de estos territorios, se dio carta de naturaleza a las citadas. Mas en la mentalidad estrecha y cerril de mucho zoquete el 'español' sigue siendo ese castellano impuesto que, a fuerza de ser identificado con el españolismo dominante, lo hace idioma detestable por mucho que, como el resto de lenguas romances, hijas todas -menos el euskera-, del latín, sea una más de las que se hablan en esta península poblada, aún, por mucho ágrafo que, al despreciar cuanto ignora, pretende seguir imponiendo una de ellas sobre las demás, y proclamándola español por antonomasia.

Con la llegada del PP y ministros como José Ignacio Wert, que pretende 'españolizar' a los niños catalanes o galegos -a los valencianos hace mucho que lo hicieron, hasta el extremo que una de las ínclitas conselleras del Gobierno Fabra pidió perdón ante la grey pepera por expresarse 'sin darse cuenta' en valenciano-, el actual gobierno está protagonizando un viaje al pasado, al reprimir leguas que no son el castellano con total descaro: el mismo de esos guardias civiles que conminaron a un ciudadano a hablar 'en español'.

El almeranense denunció a los agentes por burlar su derecho constitucional y los agentes por 'no llevar puesto el cinturón de seguridad', extremo que el valencianoparlante niega y resulta fácil de creer, teniendo en cuenta la deriva de acusaciones falsas que llevan en el presente las fuerzas del seguridad, animadas, o incluso jaleadas, por un Gobierno que nos está regresando a la dictadura a una velocidad insufrible. Falta por ver qué resuelve el juez de turno. Porque si sigue el estricto cumplimiento de la Constitución deberá condenar a los agentes que, al ser precisamente guardianes de la ley de leyes, están obligados más que nadie a guardarla y hacerla guardar. Aunque tal y como van las cosas en este triste país, nada sería de extrañar que su señoría, presionado por guardias civiles o por sus superiores, ignore el cumplimiento de la ley.

No sería un caso insólito, si se tiene en cuenta que otros de mayor gravedad se registran, como el del joven Alfon, detenido y encarcelado sin pruebas constatables y que no es puesto en libertad, según su progenitora, porque el juez y el fiscal del caso se excusan por la injusticia de tenerle encarcelado a causa de 'las presiones que reciben' por parte de la policía, para que mantengan encerrado al muchacho.

Hechos como los narrados ponen en evidencia la situación de dictadura de facto que sufrimos en este triste país, dado el comportamiento de gobernantes, fuerzas de seguridad que obedecen y jueces que no hacen valer su independencia, actuando igual que los de las desaparecidas dictaduras bananeras. Es preciso que seamos conscientes de que, como dice el filosofo y lingüista norteamericano Noam Chomsky: 'solo porque puedas votar y ellos no te disparen no deberías pensar que vives en democracia'.


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