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Rajoy: Un okupa en La Moncloa


Llegó a La Moncloa mintiendo, prometiendole a los más de cuatro millones de parados, entonces- en el presente, con sus equivocadas decisiones económicas y laborales, la cifra ha superado los seis millones-, que cuando llegase al poder todos encontrarían el ansiado trabajo, que no tocaría ni la Educación ni la Sanidad Públicas, que nos sacaría de la crisis como por ensalmo con solo sentarse en el sillón de Presidente del Gobierno. Esas mentiras y la alianza de quienes se abstuvieron con el objeto de castigar al PSOE, castigándose ellos y al resto del pueblo, permitieron que alcanzase una espectacular mayoría que le hace ser el Presidente con más poder de toda la historia de esta pseudodemocracia que sufrimos los ciudadanos.

Mariano Raxoi Brei -una vez más hay que reiterar que el alfabeto galego, lengua materna del Presidente, no cuenta con la Y griega ni la J- logró lo que quería a la tercera. En dos convocatorias electorales previas había visto como la ciudadanía le volvía la espalda. Había que hacer lo que fuese para ganar las elecciones y lo hizo. Mintió al electorado, ofreció quimeras, y manipuló realidades. Tras llegar a La Moncloa y aplicar las medidas que muchos sabíamos que llevaría a cabo, un alto porcentaje de los que le votaron, aquellos que creyeron ingenuamente sus falacias, le han vuelto la espalda. Y, tal como refleja una encuesta realizada por la consultora Demoscopia, ha llevado a su partido a los índices de intención de voto más bajos de la historia reciente. En la actualidad únicamente un 29.8 de ciudadanos manifiestan que votarían al PP, dejándolo en el mismo índice de participación que tuvo el partido de Fraga cuando se llamaba Alianza Popular y el PSOE de Felipe González barría en las urnas con mayorías absolutas elección tras elección. En menos de un año el orgulloso Mariano Raxoi se ha convertido en el presidente peor valorado de la historia de la democracia: el 84% de los encuestados no confían en él. Y durante el primer año de su Gobierno las calles de todo el país han registrado muchas más manifestaciones de las que tuvieron lugar en los ocho años de Gobierno de Zapatero: en más de treinta y seis mil ocasiones cientos de miles de ciudadanos salieron a la calle en cientos de ciudades; una media de ciento veinte manifestaciones diarias, que seguirán produciéndose, o incluso, aumentando.

Ante esos datos un político demócrata debiera plantearse cambiar sus políticas o bien convocar elecciones anticipadas, dado el rechazo que sus medidas concitan en el pueblo y que la impopularidad de su persona, sus ministros, y la política que lleva a cabo aumenta día a día. En la actualidad, perdida por completo la confianza del país, se ha convertido en un okupa de La Moncloa. Empero Raxoi y su partido no son demócratas, el afán del Presidente y los suyos por alcanzar el poder es el que de siempre ha tenido la derecha: ocuparlo para llevar a cabo sus negocios, con el sentimiento de que el país los pertenece 'por la gracia de Dios' y tienen derecho a jugar con la vida y haciendas de los pobladores de todo el territorio por ser ellos quienes son.

Con ese convencimiento no pasa, ni pasará, la idea de rectificar o dimitir por las mientes ni del presidente ni por las de sus correligionarios; bien al contrario, siguen empecinados en aplicar unas políticas de absoluta opresión sobre las capas más vulnerables de la sociedad, privándolas de derechos y libertades con una nueva ocurrencia cada día. La última, hasta el momento, ha partido de uno de los más impopulares ministros de su Gabinete, Alberto Ruiz Gallardón, que estudia imponer la censura informativa sobre aquellos casos que un juez considere que 'existe riesgo relevante' para el esclarecimiento de un hecho, así lo contempla el proyecto de Ley de Enjuiciamiento Criminal. Empieza prohibiendo la difusión sobre asuntos judiciales -para que la ciudadanía no tenga datos, entre otros, de casos de corrupción como el de la trama Gürtel o similares que afectan al PP- y se acaba poniendo una mordaza a los medios para que no den cuenta de cualquier asunto negativo de su Gobierno. Es una vuelta de tuerca más a la deriva dictatorial y fascista de un Ejecutivo que pretende castigar con penas de cárcel a quienes graben imágenes de abusos policiales en las manifestaciones en contra de sus políticas de recortes y abusos.

Si se pensase en el Presidente del Gobierno como en un ser humano normal cabría suponer que el rechazo que concita en los ciudadanos le afecta. Mas no es el caso. Como todos los autócratas está convencido de que la repulsa por sus decisiones parte de 'enemigos de la patria'; parados que pretenden estafar al fisco reclamando pagas a las que no tienen derecho, huelguistas que no quieren trabajar, enemigos de la democracia, marginados y terroristas.

Por esa causa todo cuanto hacen sus correligionarios lo encuentra justificado. Si Güemes, el exconsejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid trabajó desde su cargo político para privatizar hospitales y servicios en beneficio propio, Raxoi considerará, si alguien le pregunta, que es una impertinencia hacerlo, convencido de que los suyos no es que nunca se equivoquen, sino que tienen derecho a hacer cuanto quieran, porque obtuvieron mayoría absoluta. Una mayoría absoluta que ha perdido en la calle y entre la ciudadanía. Ciego y sordo a las protestas él sigue su camino, indiferente a los problemas de los desahuciados, los parados, los enfermos, los estudiantes y todas cuantos ven afectada su vida por sus decisiones, orientadas todas a favorecer a la oligarquía bancaria y a los grandes empresarios.

Encastillado en un poder que obtuvo por medio de falacias, enrocado en la idea que si le votaron mayoritariamente nadie puede cambiar de opinión, Mariano Raxoi Brei está instalado en el poder de forma ilegítima. Es un okupa en La Moncloa en términos éticos. Mas nada le importa al hombre cuya única obsesión fue y es mantenerse en el poder a toda costa. Lo ha demostrado sorteando el rescate a base de dejar exánime la caja del Fondo de Pensiones.
Todo vale con tal de seguir en la presidencia, aun teniendo en contra la voluntad del pueblo y el rechazo masivo a su política. Si fuese persona y tuviera dignidad dimitiría. Pero esas son palabras que no forman parte del vocabulario presidencial, en el que sus expresiones favoritas son: recortar y prohibir.

Comentarios

  1. Enhorabuena por el artículo. Pronto te transmitiremos la decisión de la votación, pero he de decirte que los resultados por el momento son muy satifactorios. La entrada es precisa, sutil e ingeniosa...¡Me gusta!

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