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Nos robaron por encima de nuestras posibilidades



Cuántas veces habremos oído de los políticos del PP y de sus voceros que 'hemos vivido por encima de nuestras posibilidades' con el fin de justificar los insufribles recortes que se vienen aplicando al Estado del Bienestar. Mas la realidad es muy otra. Si las arcas públicas están exánimes es, en gran medida, porque nos robaron por encima de nuestras posibilidades y de las del Estado. De dónde, sino de los sobrecostes de obras públicas, salían los sobres que, conteniendo de cinco mil a quince mil euros, entregaba Luis Bárcenas a los políticos que pululaban por la sede de Génova 13; obras públicas, o servicios, que se presupuestaban en una cantidad que, durante el desarrollo de la obra o la prestación del servicio, duplicaba su coste para alcanzar a sufragar los sobornos y agradecimientos dirigidos a quienes utilizaron sus influencias o su poder para otorgar la concesión a empresas que, después, mostraban su agradecimiento con dinero que iba a parar a los bolsillos de la gente del PP. Todo ese dinero fue hurtado a las arcas públicas, a los Presupuestos Generales del Estado, a los de las Comunidades y Ayuntamientos, a los bolsillos de los ciudadanos en suma, quienes, obligados a pagar impuestos, sufragaron el latrocinio generalizado que protagonizó el PP durante veinte años.

Ahora que los medios hablan del ciclista Armstrong, que los comentaristas deportivos e incluso los que no hacen crónica de deportes, coinciden en señalar que, aparte el dopaje, el delito y lo reprochable de su trayectoria está en la mentira, conviene recordar la monstruosa falacia del PP, que en los años noventa se vendió a la ciudadanía como alternativa honesta a la política de un PSOE acosado por casos de corrupción, muchos reales, otros tantos fabricados por el 'sindicato del crimen', un grupo formado por periodistas intrigantes y algún político del PP. Entre los primeros estaban José Pedro Ramírez y Rafael Ansón, decididos a cambiar el color político del gobierno porque ya no soportaban más tiempo en la oposición. Así lo desveló Ansón hace unos años en una entrevista concedida a una televisión generalista.

La bomba que estallaba esta mañana en forma de portada del diario El Mundo, pone en evidencia que el PP mintió entonces, cuando se vendía como un partido transparente y honrado, y que miente ahora, cuando asegura que nada tiene que ver con su extesorero, Luis Bárcenas, el mismo del que recibían tan substanciosos regalos provenientes del saqueo de lo público.

Según el diario dirigido por José Pedro Ramírez, que ese es su verdadero nombre, durante el tiempo en que Bárcenas ejerció como gerente del PP, más de veinte años, y el que lo hizo como Tesorero, repartía esos sobres entre la cúpula del PP, que los recibía junto con el sueldo declarado, más, en ocasiones, sueldos institucionales. No se trata, pues, de la presunta financiación ilegal de ese partido, de la que en la actualidad, por muy presunta que se repute, a nadie le cabe duda de que existió, sino de la recepción de dinero negro por parte de sus dirigentes, los mismos a los que se les llena a la boca afeando que un obrero de los que cobra una ayuda de cuatrocientos euros realice algún trabajillo en negro con el fin de que su familia pueda subsistir ¿Con qué cara van, a partir de ahora, a reiterar esos argumentos para justificar las escasas entradas de dinero en las arcas públicas, si los propios dirigentes del PP practicaron ese latrocinio a inconmensurable mayor escala que el albañil o el electricista que no declara por ese trabajo de unos pocos euros?

Ha sorprendido que fuera El Mundo, un periódico muy afín al PP, el que lanzó esa bomba informativa contra la línea de flotación del navío del PP, y contra su capitán, el Presidente del Gobierno, Mariano Raxoi. Puede que el periódico dirigido por Ramírez busque, en una maniobra que no sería de descartar, conseguir la caída de Raxoi con el fin de que Esperanza Aguirre lo substituya en La Moncloa. O que, vayan a saber por qué intereses, están ayudando a Bárcenas a consumar un chantaje contra la dirección del PP con el fin de que el partido, al que dicen que ya no pertenece -aunque mantenga en él un despacho con cuantiosa documentación-, lo libre de las consecuencias judiciales de sus sinvergonzonerías que, a tenor por lo desvelado, no practicaba solo él, sino cuantos recibían los generosos sobres con dinero negro. Resulta obvio que tales chantajes son, en realidad, prácticas gansteriles, pero a nadie que esté lúcido puede quedarle duda alguna en este momento, después de haber transcendido a la prensa los detalles de tan continuada corrupción, de que todo el PP está inmerso en una cloaca de inmensa podredumbre ética y de unas prácticas propias de la mafia.

Ese partido, inmerso en el caso más escandaloso de corrupción de toda la historia de la reciente pseudodemocracia, ganó las elecciones por mayoría absoluta mintiendo a la ciudadanía, como es hábito en él. Puesta en evidencia la mendacidad de su comportamiento, no se entiende que, tras conocerse ese escándalo mayúsculo que pone en entredicho la esencia de los valores democráticos, el líder del partido mayoritario de la oposición, Alfredo Pérez Rubalcaba, en una rueda de prensa en la que no admitió preguntas -y mis colegas fueron tan indignos como para no marcharse y dejarlo con la palabra en la boca, como habría de hacer cualquier profesional ante esa condición impuesta-, se limite a pedir la dimisión del Ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, basándose en el argumento de que Bárcenas blanqueó dinero aprovechando la amnistía fiscal. Alguien debiera decirle a Rubalcaba que no es la dimisión del Ministro de Hacienda la que tiene que pedir con la boca pequeña, tal como hizo hoy, sino exigir, con más carácter y más contundencia, la dimisión urgente de todo el Gobierno, por carecer este de toda legitimidad democrática; en una democracia no se tolera que gobiernen ladrones.

Vivimos en la actualidad una época dramática. Y no es debido solo a la crisis, fruto de diversos factores, entre los que no es baladí el hecho de que durante años entrasen a saco en las arcas públicas políticos ladrones, sino porque los partidos que debieran representar al pueblo carecen de legitimidad. El PP, enfangado en la más escandalosa de las corrupciones, el PSOE, inerme y en estado catatónico, sin nervio para ejercer la oposición y sin líder y programa que le permita presentarse ahora a unas elecciones y ganarlas.

En estas situaciones, con demasiada frecuencia surgen los salvapatrias y los populismos. Si este pueblo fuese consciente y formado, tendría que tomar las riendas de su propio destino y enviar a los actuales políticos a hacer puñetas por incapaces y a la cárcel a los corruptos, buscando una alternativa seria, democrática y de izquierdas capaz de enfrentarse a los problemas de la crisis, a los mandatos neocon de la UE y a la pasividad de una judicatura incapaz de limpiar de ladrones de guante blanco el panorama político.

Mas tristemente, como la mayoría de este pueblo carece de formación y de sentido de la responsabilidad, con todo lo que está ocurriendo puede pasar cualquier cosa. O lo que sería aun peor, que no suceda nada y que todo siga como hasta ahora.



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