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Aquellos saqueos trajeron estos recortes


Algunas personas, no muchas porque en ese caso las calles estarían colapsadas, se preguntan qué más tiene que suceder para que las masas se levanten, indignadas, contra todo lo que viene sucediendo y exijan un giro copernicano en la política y la economía de este triste país. No se entiende el aguante de los españolitos ante una situación de explotación y latrocinio por parte de bancos y algunos políticos que han dejado las arcas públicas en estado comatoso. Analizar las causas de esta pasividad incomprensible es tarea de sociólogos o de psiquiatras. Porque con solo leer las portadas de los periódicos, o escuchar con un mínimo interés los informativos, debería bastar para que la ciudadanía, de serlo, asaltase bancos y centros de poder, clamando por el fin de la situación que padecemos.

El Gobierno de la nación somete al pueblo a una política de recortes verdaderamente sádica que, en raras ocasiones, mitigan los jueces. Como han hecho los del Tribunal Superior de Justicia de Castilla La Mancha, que han ordenado que no se cierren a las ocho de la tarde los centros de Urgencias de veintiún pueblos. Decisión dictada después de que el alcalde socialista de Tembleque denunciara la medida del Gobierno de esa comunidad en razón a que contraviene la legislación sobre horarios de centros sanitarios. Mas la decisión del alto tribunal castellano-manchego es una anomalía en la conducta de la judicatura que, aunque haya dado algunos indicios de rebelión con el asunto de los desahucios, sigue dejando a las gentes desprotegidas en multitud de ocasiones, como en el caso de los desahucios, al privar a las gentes de sus casas para atender la demanda de los bancos y la imposición de una legislación obsoleta y abusiva, que ha sido hasta denunciada por la UE.

Paralelamente a los brutales recortes que caen sobre las capas menos favorecidas de la sociedad no hay día que no nos enteremos de un nuevo latrocinio perpetrado por bancos o políticos que en su día saquearon el dinero de todos. Se dice que no hay liquidez, que el Estado carece de ella, y que por esa causa hay que apretarse el cinturón. Mas no es cierto que no haya dinero, sino que está donde no debiera. Está alojada en paraísos fiscales y cuentas suizas a donde se lo llevaron gentuza como Bárcenas, al que la amnistía fiscal le ha permitido legalizar parte. Y podría preguntarse si esa amnistía no la habrá dictado el Gobierno precisamente para que sus amigos pudieran estar tranquilos con su dinero, conseguido de formas ilícitas y necesitado de un blanqueo.

Mas Bárcenas parece que no fue el único que se llevó un dinero que no se sabe cómo consiguió -hay indicios suficientes para pensar que a través de las mordidas que pagaba la trama Gürtel por su mediación para que administraciones autonómicas y locales gobernadas por el PP contratasen los servicios de Correa-y que guarda en paraísos fiscales y en la lejana USA. La familia de Jordi Pujol, o quizá el propio Pujol, expresident de la Generalitat de Catalunya parece que sacó del país ingentes cantidades de dinero, provenientes de feos asuntos de financiación ilegal y otras mordidas.

El Gobierno repite machaconamente que no hay dinero para mantener la sanidad y la escuela pública, a la vez que le otorga generosas aportaciones a la escuela concertada, toda ella en manos de la secta católica. O inyecta a los bancos unas cantidades de dinero que, en ocasiones, son hasta difíciles de leer a causa de la cantidad de ceros que llevan a su derecha. La entidad que ha recibido una cifra más elevada de dinero público ha sido Bankia, el banco formado por Cajas de Ahorro de comunidades gobernadas por el PP, cuyos representantes políticos entraron a saco en sus fondos para satisfacer caprichos. Veintitrés mil cuatrocientos millones de euros que hurtan a sanidad, educación y prestaciones sociales para reflotar una entidad detrás de la cual han de esconderse intereses que obligaron a no dejarla caer.

Y mientras a cada españolito nos cuesta el rescate de Bankia cerca de quinientos euros, los que no reciben miles de familias sin prestación alguna, nos vamos enterando, con cuentagotas, por qué sumideros se fue el dinero de las entidades que posteriormente formaron Bankia. Una de ellas, la Caja de Ahorros del Mediterráneo, le hacía la vida agradable a unos consejeros que no se sabe para que existían -dado que varios de ellos han declarado que no tenían ni idea de qué se cocía en la entidad por carecer de conocimientos económicos-, o que existían para hacer bulto o porque con su nombramiento se estaba recompensando servicios prestados. Por ejemplo, el señor Ángel Acebes, exministro del Interior con Aznar, nombrado Consejero de Bankia por Rodrigo Rato, percibió en cinco meses ciento sesenta y tres mil euros, por tan solo acudir a los consejos de administración de la entidad de vez en cuando.

Sin llegar a esas escandalosas cifras, todos los consejeros de la CAM se beneficiaban de prebendas como viajes de lujo en aviones privados, alojamientos en hoteles con muchas estrellas, comidas y cenas fastuosas para los diecisiete componentes del consejo y sus cónyuges. Aunque ese despilfarro inmoral supuso tan solo una ínfima parte del saqueo al que se sometió a la entidad que ahora se obliga a rescatar a los ciudadanos. Porque el dinero de la entidad valenciana fluyó durante años a las cuentas del Consell y la de los amigos promotores del Consell, sin control y sin tino. Debían tener claro, ya en aquellos tiempos, que de ir mal las cosas, sería  a la gente de a pie a quien le iría malporque ellos permanecerían al margen de los problemas.

En el presente las arcas valencianas están exánimes a fuerza de derrochar dinero público en edificios megalómanos cuyos proyectos firmaba el arquitecto aúlico de Camps, Santiago Calatrava, en copas náuticas y carreras de coches. Ese saqueo caprichoso a las arcas públicas lo pagan en el presente los valencianos más necesitados, porque, a modo de ejemplo hay que saber que este año no ha provisto, de momento, fondos para las ayudas básicas de urgencia, ni los que entrega a los Ayuntamientos para prestaciones sociales.

Con esos datos, y otros muchos similares que harían interminable este post, no se concibe que los ciudadanos no se levanten en contra de un poder corrupto que beneficia y subvenciona a los de su clase, mientras somete a todo tipo de recortes a la ciudadanía. Es cierto que el Gobierno hizo todo cuanto estuvo en su mano, mucho, por amedrentar a quienes pensaran manifestarse en contra de su política económica. Pero a los más ni siquiera se les ocurrió salir a la calle a protestar. Son muchos años de aborregamiento y temores. Y junto con ello, la esperanza incauta de que esto que está sucediendo es un impase, un pequeño entreacto en la comedia de la opulencia.

Mas no debieran engañarse. Si el pueblo permanece pasivo a tanto despilfarro y latrocinio, a tanto recorte y abuso -los trabajadores españoles ganan un veinte por ciento menos que los del resto de países europeos- quienes los llevan a cabo se crecerán y seguirán imponiéndolos. Seguros de que este es un pueblo de conejos cobardes o de borregos indolentes. Si no quieren que sigan robando habrá que oponerse con contundencia. Para evitar que directivos como los de Bankia, o políticos ladrones como Bárcenas, sigan expoliando las arcas públicas que, como resultado, hacen que cada día el país sea más pobre y sus ciudadanos estén más desasistidos. 

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