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Un año -que pareciera decenios- de Gobierno del PP


Al cumplirse un año de Gobierno del PP -a muchos millones de ciudadanos nos parecen decenios-el presidente, Mariano Raxoi ha hablado. No en sede parlamentaria, que hubiese sido lo suyo, sino en rueda de prensa donde, con toda seguridad, su gabinete de comunicación habrá seleccionado cuidadosamente a quienes debiera darse la palabra para que nadie osara hacerle preguntas comprometidas. No dijo nada nuevo el señor Presidente, sino que repitió las obviedades y falacias a las que ya tiene acostumbrada la ciudadanía de este abatido país, sumido, desde que llegó él al poder, en la pobreza y en el recorte de derechos y libertades.

Haciendo uso de su cantinela favorita culpó, cómo no, a la herencia recibida para justificar una política de ultraderecha que nada tiene que ver ni con la herencia recibida, ni con la crisis económica. Porque las medidas adoptadas por los ministerios de Interior y Justicia en nada están relacionadas con la crisis. Mas a través de normas, de muy difícil encaje constitucional, limita y penaliza el derecho de libre manifestación y reunión, la libertad de informar -al perseguir y sancionar a periodistas en el libre ejercicio de su función o a quienes con sus teléfonos o cámaras graban abusos policiales- y castiga a quienes celebran asambleas para acordar manifestaciones, como hizo la policía, obedeciendo las indicaciones del Ministerio del Interior o las Subdelegaciones del Gobierno-, al 'identificar' a quienes, reunidos para acordar protestas, fueron posteriormente sancionados con cuantiosas multas económicas. Menos aún tiene la crisis influencia en la decisión de acabar con la Ley de Plazos del aborto, a través de una regresión legal que obligará, a cientos de miles de mujeres, a viajar al extranjero o jugarse la vida prescindiendo de garantías sanitarias, porque este Gobierno, sometido a los predicamentos de la secta católica, no hace sino legislar de acuerdo a los preceptos religiosos de una creencia que atañerá a sus fieles, mas no tendría por qué imponerse sobre los no creyentes.

Tampoco tiene nada que ver con la crisis la decisión de eliminar Educación para la Ciudadanía, dando gusto a la iglesia talibana para hacer de las clases de religión una asignatura prácticamente obligatoria, por el tramposo sistema de ofrecer, como alternativa, una asignatura más complicada. Ni existe razón económica en que el Ministerio de Educación quiera 'españolizar' a los alumnos, a los que asiste todo el derecho a educarse en su lengua materna. Como tampoco la hay, ni tiene explicación, más allá de la ideología ultraderechista y beata que, tanto ese Ministerio como las Consejerías de las autonomías o regiones en las que gobierna el PP, restar cuantiosas partidas a la Escuela Pública, para incrementar las dedicadas a la enseñanza concertada, en su totalidad en manos de la secta vaticana. No hubo relación alguna entre la crisis y el cambio en el modelo de televisión pública, porque el PP no lo llevó a cabo para optimizar recursos ni ahorrar un euro, sino para convertir la televisión de todos, en la televisión de su propio partido, de manera que la RTVE ha pasado a ser, en este año de gobierno del PP en RTVPP, como vino haciendo en todas las comunidades que gobierna desde hace años.

Amparado en el argumento de la crisis, este gobierno, desde el preciso momento en que pisó el suelo de La Moncloa, tomó decisiones encaminadas, única y exclusivamente, a beneficiar al capital, a la oligarquía y a esos siniestros señores que, desde Bruselas, velan por obscuros intereses que tal vez algún día alguien nos revele en toda su siniestra intención. De momento, el gobierno de Raxoi, ya sea por las indicaciones de los siniestros inspiradores de Bruselas, la Fürheresa Merkel o el feudal empresariado español, cuenta en su haber el dudoso honor de haber redactado la más antisocial y fascista reforma laboral, una regresión de derechos de los trabajadores de más de siglo y medio. Reforma laboral que no ha servido, ni mucho menos, para frenar el paro o crear puestos de trabajo. Las consecuencias de esa infame reforma es queen la actualidad hay seis millones de personas sin trabajo. Sin trabajo y sin apenas prestaciones sociales, porque este gobierno ha recortado las prestaciones del paro, al argumentar, con un cinismo intolerable, que los parados dicen no encontrar trabajo para vivir de las prestaciones. Planteamientos que recuerdan a los que usaba la sádica sociedad victoriana para dejar desasistidos a los más infortunados, mientras las clases pudientes nadaban en la abundancia. Porque este Gobierno, del PP, ha retrotraído a nuestra sociedad a unas condiciones que bien pudieran ser argumento de las novelas de Charles Dickens, escritas hace mas de siglo y medio. Y ahí están, presentes en la mente de todos, los cientos de miles de desahucios que ya se han llevado, que se sepa, casi media docena de vidas por delante.

Con la tesis de que con el sacrificio -siempre de los más desfavorecidos- se saldrá de la crisis, no ha hecho este Gobierno, presidido por el señor Raxoi, otra cosa que maltratar a los más desfavorecidos: privó de asistencia sanitaria a los inmigrantes, hace repagar a jubilados, pensionistas y enfermos crónicos, medicamentos, prótesis, sillas de ruedas y traslados en ambulancias, a la vez que elimino del catálogo de medicamentos que proporcionaba la SS un sinfín de específicos imprescindibles para personas que se tendrán que ver obligadas a abandonar su uso, o pagarlo de su bolsillo, a pesar de sus más que exiguas pensiones. Ha acabado con la Ley de Dependencia, dejando a los más débiles y a sus cuidadores desasistidos, a la par que obliga a las mujeres a retornar al hogar, sin recibir prestaciones o poder cotizar a la SS, convirtiéndolas así en futuras mendigas. Porque, con el pretexto de la crisis, ha conseguido este gobierno de ultraderecha, que los índices de pobreza de los ciudadanos aumenten exponencialmente, en tanto que la oligarquía es cada vez más rica y poderosa.

Con sus medidas económicas, esas que dice el Gobierno que van a sacarnos de la crisis, no ha hecho otra cosa que empobrecer al país hasta el colapso, y muestra de ello son los índices económicos que arroja el análisis de su año de gestión: En los primeros seis meses del año la riqueza de las familias se redujo en un 18. 5%; la Prima de Riesgo alcanzó en el mes de agosto una cifra que jamás había sufrido este país, al llegar los 639 puntos, actualmente está en 454 puntos, trece por encima de la de noviembre de 2011. El Déficit Público se cree que este año llegará al 8%, pese a que la UE quiere que se limite al 6.3 puntos. Con la Deuda Pública rondando el 80% a causa de las ayudas a entidades financieras como Bankia, y la inflación que supera el 3.5 %-al tiempo que las pensiones han bajado, y el salario mínimo ha experimentado una subida que más que tal es un sarcasmo-, la morosidad bancaria en más del 70% y con una fuga de capitales que no se había sufrido en todos los años de la pseudodemocracia, el PP no puede decir que su política económica esté llevando a otro lugar que no sea el desastre de la sociedad. Cuando el Ejecutivo habla de que las medidas adoptadas 'darán sus frutos' se abstiene de aclarar que los frutos los recogerán única y exclusivamente las grandes fortunas, los grandes inversionistas y el Deutsche Bank.

El balance hecho por Raxoi sobre su primer año de Gobierno -y quieran los ciudadanos, o los dioses del raciocinio, que sea el último- fue, como su programa electoral, una total ficción. Él, y tal vez los suyos, sabían que sus planes eran muy otros: Los de aplicar una política regresiva en derechos y libertades, acabar con lo público, privatizar hasta el aire que se respira e imponer, en suma, una sociedad a imagen y semejanza de un franquismo que nunca condena, añorado y respetado por los integrantes de un partido que llegó al gobierno a través de un golpe de Estado por las urnas. Puede sentirse orgulloso Raxoi de su primer año de Gobierno: Sirve bien a sus amos. 

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