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Discriminación y ladrillo: La panacea económica del Gobierno


Este veinte de noviembre se cumple un año de la victoria del PP, sobre el que la mayoría de los ciudadanos coinciden en que las decisiones tomadas por ese registrador de la propiedad con escasas actitudes de liderazgo que es don Mariano Raxoi Brei, vienen siendo nefastas para el país. O para una ciudadanía que contempló, primero con estupor y pasados unos meses con indignación, cómo se la privaba de todos los derechos, para, con exclusividad, satisfacer la voracidad de la banca y los especuladores, de ese ente sin rostro llamado mercado que viene succionando la sangre y la vida a todo un país.

La concatenación de medidas no ya impopulares sino nefastas, se han sucedido a lo largo de los meses, desde la subida del IRP a la del IVA, la Reforma Laboral que ha privado a los trabajadores a golpe de decreto de derechos conseguidos a lo largo de ciento cincuenta años y el desmantelamiento de la Sanidad y la Escuela Públicas. En los doce meses que lleva gobernando el PP la aplicación de restricciones a las ayudas sociales ha dejado a buena parte de la clase media sumida en la penuria más absoluta y con unas cifras de paro que hacen no entender que el pueblo no se levante en pie de guerra. Y en los que ha aumentado alarmantemente la pobreza infantil hasta un 45%, muy por encima de la media de la UE.

Ningunos de esos problemas parecen preocupar a un Gobierno que, con una mayoría absoluta que le permite tomar en solitario toda clase de medidas arbitrarias, solo piensa en las cifras de déficit, en reducir la prima de riesgo y en satisfacer a los mercados, cuya portavoz máxima es la canciller Merkel. De espaldas a los problemas de los ciudadanos más vulnerables este Gobierno, de derechas, solo parece preocupado en hacer caja y que la hagan sus privilegiados amigos.

En esa línea de decisiones enfocadas a tan solo favorecer al mundo del dinero se puede enmarcar la decisión anunciada por el secretario de Estado de Comercio, Jaime García-Legaz,  que anunció, sin el menor rubor, que el Gobierno está dispuesto a conceder la ciudadanía a todos aquellos extranjeros que compren una casa de más de ciento sesenta mil euros. El argumento que expuso el propio Raxoi, a la hora de justificar la medida, fue que con ella se activará el consumo porque quienes compren las casas igualmente adquirirán muebles y electrodomésticos. Siendo optimistas hasta algún cuadro de firma y varias colecciones de libros encuadernados en piel, que adornen las librerías de las suntuosas viviendas que ocuparán potentados rusos y chinos, los únicos que pueden permitirse semejantes gastos.

Que esa medida –discriminatoria y humillante para todos los inmigrantes que en la actualidad están pasando un verdadero calvario para mantener las casas que adquirieron cuando los bancos daban créditos sin mirar a quién, y de las que ahora los desahucian-, supone abrirle las puertas a las mafias y a los blanqueadores de dinero no parece ser algo que preocupe a un gobierno que tiene sus miras puestas en la privatización de la Sanidad para que sus amigos hagan caja a costa de la salud de los ciudadanos, o en el desmantelamiento de la Educación para ponerla toda ella en manos de una secta, la católica, con el fin de que forme alumnos dóciles y beatos, futuros ciudadanos sumisos.

Asociaciones de Inmigrantes, SOS Racismo, abogados de extranjería y ONG’s, no han demorado la respuesta crítica a la ocurrencia gubernamental dada a conocer por García-Legaz. Así Gustavo Fajardo, abogado de la ONG Aesco, manifestó que: "Es una vergüenza que el Ejecutivo regale residencias por 160.000 euros, en lugar de destinar los pisos vacíos a crear un fondo de viviendas sociales”, y reprochó al Gobierno que, “abra las viviendas de los desahuciados a la especulación financiera internacional”. Mas ninguna de esas críticas parecen importarle a un Ejecutivo cuyo interés por ganar las elecciones estaba, única y exclusivamente, puesto en la avaricia de la especulación y el negocio a costa de lo público y los ciudadanos.  

Haciendo uso de su mayoría absoluta con el mismo estilo que los sátrapas o los autócratas, el Gobierno viene poniendo el dinero en manos de los bancos, el poder en mano de los especuladores y la posibilidad de crecimiento de la economía en los mismos elementos que la hicieron quebrar. Al destruir la posibilidad de que se fomenten programas de Investigación y Desarrollo, dados los brutales recortes de las partidas para ese fin en los Presupuestos Generales del Estado, pone como instrumento de recuperación de la economía el mismo modelo que la hundió, el de la especulación del ladrillo, al fiar la posibilidad de que se reactive el comercio en que los mafiosos compren viviendas y las amueblen, o contraten nacionales, como esclavos, para que limpien sus casas, adecenten sus jardines o conduzcan sus vehículos. Para condenar, una vez más a lo largo de la historia, a los ciudadanos de este país a sobrevivir a base de la sumisión y el servilismo.

Animados por la permisividad o colaboración del gobierno con la especulación, los mismos causantes de la crisis se crecen y dan recetas que no suponen sino una vuelta de tuerca al mismo modelo de economía que fue el que llevó al país al presente estado de bancarrota. Así el Presidente de la Patronal Bancaria, Miguel Martín, recomienda que para evitar los desahucios que están costando vidas a muchas más personas de las que nos cuentan los medios, la solución sea la de ‘construir más casas y dar más hipotecas’. Con el propósito de perpetuar de ese modo el nefasto modelo de falso desarrollo del ladrillo, de la burbuja inmobiliaria, que tanto paro, miseria y dificultades han acarreado a este país.

Resulta descorazonador y deprimente que quienes ostentan el poder y quienes les son afines, tengan no ya tan poca imaginación, sino una absoluta falta de ética y que cifren el futuro de este triste país en perpetuar un modelo en el que la economía se base, a partes iguales, en la especulación y la picaresca, en el dinero fácil para unos pocos, la corrupción rentable para mucho político, y la miseria y la falta de derechos para todo un pueblo.

Tan descorazonador y deprimente como que la ciudadanía no los corra a gorrazos del poder, y tome las riendas de este país para hacer de él, olvidándose de especuladores, corruptos y conseguidores, un país serio que base su economía en algo diferente al ladrillo y el servilismo. 

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