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La UE Premio Nobel de la Paz: Mas no a la paz social


Cuando don Alfred Nobel creó en 1900 la fundación destinada a lavar su conciencia después de haber pasado más de veinte años investigando la manera de crear explosivos que mataran mejor –como la balisitita o la pólvora sin humo, creadas ex profeso para usos militares- consideró que debían premiarse, además de a literatos y científicos, a aquellas personas o instituciones que trabajaran de forma muy especial por la paz. La Academia Sueca, encargada de conceder esos premios, no se sabe muy bien si por no enterarse o por estar al servicio de los intereses de los poderosos, lleva años concediendo premios Nobel que no se sabe a qué ideario corresponden, pero es de sospechar que no el que quiso darle su creador, ingeniero inventor de armas mortíferas con complejo de culpa.

La concesión este año del Premio Nobel de la Paz a la UE, precisamente este año, cuando ese organismo viene, desde hace algunos, destruyendo el bienestar y las esperanzas de los europeos de países como Grecia, España, Portugal, Italia e Irlanda resulta un verdadero sarcasmo.

Cabe preguntarse qué clase de paz está propiciando la UE, porque desde luego, no la paz social, que está minando con desigualdades impensables tan solo hace una década, y que, de seguir la actual deriva de opresión a las clases trabajadoras, de laminación de derechos obtenidos durante más de siglo y medio de lucha obrera, acabará propiciando desórdenes sociales, o incluso, y al paso que marcan los recortes de derechos, una revolución que, siendo pesimista, hace pensar que puede acabar con más violencia aún que la de 1917 en Rusia.

¿En virtud de qué méritos la Academia Sueca ha concedido el Premio Nobel de la Paz a una institución que está amparando al capitalismo más feroz y reaccionario en lo económico, que lleva a que varios de sus Estados miembros estén sufriendo un empobrecimiento feroz y galopante, por las políticas de recortes impuestas por Alemania, en defensa de sus bancos, que se están enriqueciendo de forma ilícita gracias a las políticas económicas impuestas por los llamados ‘hombres de negro’, los economistas mamporreros de la señora Merkel y el Deutsche Bank?

¿Qué carallo –como diría un galego-hace por la paz una institución que le ha dado la espalda a las necesidades de los ciudadanos de los estados miembros para trabajar, única y exclusivamente, por las ganancias de un limitado número de privilegiados ricos y poderosos que, como aquel siniestro personaje de las películas de James Bond, Spectra, se han hecho dueños de los países miembros de esa galardonada sin razón UE, que ha convertido a los representantes democráticamente elegidos por sus ciudadanos en meras marionetas de su poder?

Dicen los defensores de la concesión de tan disparatado galardón que desde que existe la UE, antes CEE, antes Mercado Común, y antes Comunidad Económica del Carbón y del Acero, no se han reproducido los conflictos armados como los que en 1914-1918 y 1939-1945, dejaron a Europa convertida en un erial de destrucción y muerte. El argumento podría haber sido válido hace unos años, mas no ahora, cuando un arma tan destructiva y mortífera como los inventos de don Alfred, el dinero, está sembrando Europa de muertos –son ya muchos miles de ciudadanos griegos y españoles los que se han suicidado por culpa de la crisis, y muchos morirán faltos de la otrora sanidad gratuita en esos mismos países-, de hambre y de miseria en los países del sur.

¿Qué es si no una guerra tan violenta y mortal como las anteriores, lo que está enfrentando a los ricos países del norte europeo con los estados del sur, víctimas de su avaricia? El IV Reich alemán se ha adueñado de nuevo de Europa, esta vez sin disparar un solo cañonazo, y sin que en las tierras ocupadas por su ansia expansionista hayan resonado los tacones de las botas de sus militares. Ahora lo que resuenan son las pantallas electrónicas de las bolsas europeas que se estremecen, presas del pánico, cuando sube la prima de riesgo, que indican los abusivos intereses que han de pagarse a los bancos alemanes.

La UE, rehén del IV Reich de la Fürheresa Merkel, ha sido galardonada por la Academia Sueca, que ha seguido, seguramente, los mismos criterios con los que acordó concedérselo a Obama, pero antes a Henry Kissinger, aquel judío malvado inspirador del golpe militar contra Allende, amigo de Pinochet y de otros tantos sátrapas, incluido el dictador genocida monórquido que tuvimos que sufrir los españoles durante décadas, sin que, ni el propio Kissinger ni la CEE movieran un dedo para, en nombre de la paz y la libertad, nos lo quitaran de encima.

Es la misma UE que hace unos años no movió ni una ceja para impedir el genocidio que se produjo en la antigua Yugoslavia, que vio indiferente como la OTAN bombardeaba Kosovo, el mismo organismo que hace apenas un año acordó masacrar a los libios en nombre de no se sabe qué libertades, viendo las consecuencias de la caída de Gadafi, el mismo dictadorzuelo a los que algunos prebostes de la UE, como Sarkozy, protegían y de quien recibían regalos. 

Esa UE que en el presente empobrece y lleva a la desesperación y a la ruina económica a varios de sus estados miembros, para seguir los mandatos de un único país, Alemania, que dispone del destino de todos los habitantes de Europa como hizo durante la II Guerra Mundial, es la que, a juicio de los miembros de la Academia Sueca, merece el galardón que premia a personas o instituciones que trabajan por la paz.

Con esos criterios no sería de extrañar que el año que viene le conceda el Premio Nobel de la Paz a un Obiang o a cualquier dictadorzuelo asesino de los que aún transitan por el mundo, siempre y cuando contribuya a imponer el imperio de la especulación monetaria. O que, como ha sugerido la periodista italiana Marinella Correggia, se lo concedan, a título póstumo, a Hitler. 

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