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El caso Vaxevanis: Señales de represión en Europa.


Algo más que la economía se está derrumbando en los países del sur de Europa, no solo se pierden derechos conquistados durante decenios, como el de la Sanidad, la Educación o las prestaciones sociales. Ahora parece estar abriéndose otra grieta tan o más preocupante que las anteriores: El ascenso de la represión, la persecución de libertades formales. Ha comenzado Grecia, pero el tsunami de la pérdida de libertades también se está haciendo notar en este triste país.

¿Qué clase de poderes dominan en los países del sur de Europa para que, a pasos agigantados, se empiecen a resquebrar derechos que creíamos inalienables e irrenunciables, y se pierda, además, a manos de gobiernos elegidos democráticamente por un electorado sin sentido de la supervivencia? Tanto en Grecia como en España, dando el poder a los defensores de la oligarquía económica, o miembros de esa misma oligarquía, la ciudadanía firmó una peligrosa sentencia que la priva no solo de derechos sino de las libertades más básicas.

Lo sucedido en Grecia con el periodista Kostas Vaxevanis -director de la revista de investigación, Hot Doc-, que se enfrenta a una pena de hasta dos años de cárcel por hacer pública una lista de defraudares al fisco de ese país –relación en la que se incluyen importantes fortunas y altos cargos del actual gobierno conservador- supone no solo un paso atrás en las libertades, sino un verdadero sarcasmo. Al castigar a un periodista y reprimir el derecho a informar por parte de los profesionales y a ser informados por parte de los ciudadanos, se patentiza algo que está en la atmósfera y que nadie se atreve a decir en voz alta: Tanto en Grecia como en España gobiernan los delincuentes del dinero, aquellos que, robando a los ciudadanos los bienes públicos, disponen de ellos en su propio beneficio  y castigan a quienes se oponen o desvelan sus maniobras. La persecución legal contra Kostas Vaxevanis, por parte del gobierno y la justicia griega, tiene muchos puntos de coincidencia con las decisiones del gobierno español, que penaliza –incluso con penas de cárcel- a quienes protestan por sus abusos o quieren darlos a conocer a través de filmaciones fotografías que los evidencien.

Vaxevanis no hizo más que sacar a la luz pública una relación de evasores de capital y de impuestos que había entregado la hoy directora del Fondo Monetario Internacional, Cristine Lagarde, a su homólogo griego en otoño de 2010 y que se perdió desde entonces en los obscuros vericuetos de la sospechosa burocracia de la administración griega. La relación, publicada por el director de la revista Hot Doc, contenía datos de 130.000 cuentas, filtrados por el extrabajador de HSBC Hervé Falciani. Falciani, que proporcionó datos valiosísimos a los gobiernos de Francia, España e Italia sobre defraudadores de impuestos que fugaban sus capitales a la banca suiza HSBC, fue detenido en España el pasado 1 de julio, pendiente de una orden de extradición emitida por el gobierno helvético, convertido, al igual que Vaxevanis, en otra víctima de los tiburones de las finanzas que, como la mafia, no perdonan a los delatores.

El periodista griego que dirigía, además, un programa de la televisión pública helena, La Caja de Pandora, dedicado al periodismo de investigación, fue cesado al conocerse la filtración de la Lista Lagarde por la publicación que dirige. Porque pareciera que, como en España, a la televisión pública, controlada por un gobierno de derechas, no les gustan los periodistas incómodos, o simplemente los periodistas. Da la sensación de que los gobiernos conservadores no admiten el libre ejercicio de la profesión periodística, y tan solo quieren portavoces de sus decisiones, sin críticas ni objeciones, meros voceros dóciles de su poder.

El caso de Vaxevanis ha provocado una ola de solidaridad en los países del norte de Europa, y en escasos periodistas aislados en el de nuestro país, Reporteros sin Fronteras –asociación a la que no se puede atribuir, ni mucho menos, tendencias izquierdistas- o la Federación Europea de Periodistas han exigido que se retiren los cargos contra quien no ha hecho otra cosa que cumplir con una obligación de informador honesto. Incluso en la televisión pública griega los colegas de Vaxevanis vienen protagonizando paros solidarios contra el proceso y cese del periodista.

Da escalofríos ver hasta qué punto los tiburones del dinero afilan sus poderosos dientes contra quienes osan rebelar sus secretos y maniobras. Al desvelar la lista Lagarde, Vaxevanis ha puesto al descubierto lo que de latrocinio tiene esta crisis en la que, más que un problema de deuda como nos quieren hacer creer, se trata de una descomunal estafa, pergeñada por la mafia financiera a cuyo servicio están los gobiernos conservadores.

Que se pongan al descubierto sus maniobras y fraudes es algo que no gusta a ningún delincuente, por lo que los gobiernos que los apoyan, o que forman parte de la misma partida de malhechores, detestan a cualquiera que pueda desvelar sus fechorías. Esa enemiga del poder contra la prensa libre ha sido una constante a lo largo de cualquier régimen de sinvergüenzas. Y en este país los gobernantes o los miembros del partido que los sustentan, el PP, no se libra de sus afanes represivos.

Muestra de la animadversión de la derecha a la prensa libre la protagonizó en este triste país, hace pocos días, el presidente del PP en Almería, Gabriel Amat, que, quejoso del poco control que pueden ejercer sobre los medios digitales progresistas, manifestó que hay que ‘desprestigiarlos y quitarlos de en medio’, con el mismo criterio que en el Chile de Pinochet se hacían desaparecer, o en la Alemania nazi se los condenaba a los campos de concentración.

Un fantasma recorre Europa, y esta vez no es el de la justicia social y los derechos de los trabajadores, sino todo lo contrario. El fantasma que ha empezado a recorrer Europa desde el país que inventó la Democracia, es el de la represión y el obscurantismo, el del opaco silencio que reclaman siempre los mafiosos. Grecia fue el primer país en sufrir las consecuencias de la estafa de los malhechores financieros, en el presente España está abocada a un rescate económico que nos llevará a ahondar aún más en las miserias económicas que ya venimos padeciendo desde hace años y que el Gobierno, del PP, se empeña en intensificar. Luego vendrá, como en Grecia, la ley del silencio, la persecución de la libertad de prensa... Aunque, si se analiza objetivamente, esa ley del silencio ha caído desde hace mucho tiempo en este país sobre los periodistas que anteponen la libertad de información a sus intereses particulares. Las palabras de Gabriel Amat tienen ecos de amenaza, o mejor dicho, de anuncio de lo que va a caer encima de la libertad de expresión. 

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