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Es urgente que Europa nos rescate… del PP


Mariano Raxoi estaba muy convencido, antes de las elecciones, de que cuando llegara al poder sus homólogos conservadores de Alemania o del Reino Unido le harían poco menos que la ola, y que los medios de esos países recibirían con entusiasmados aplausos sus decisiones. Mas no ha sido así, ni los gobernantes conservadores se sienten identificados con su política, ni entienden, desde su larga dilatada historia democrática, cómo puede gobernar del modo que lo hace, y tomar decisiones en contra de los intereses del país, pensando tan solo en los de su partido.

La tolerancia con la corrupción tampoco debe ser muy entendida en los países protestantes, donde las faltas de honradez de los políticos se castigan con el ostracismo inmediato. Para los gobernantes alemanes o británicos, la tolerancia del PP con los corruptos, y las relaciones de los propios ministros con empresas privadas, como las del Ministro de Defensa con las fábricas de armamentos, o las del propio ministro de Economía con intereses financieros, deben contemplarse con verdadero asombro.

En pocas semanas televisiones europeas se han trasladado a este país para hacer recorridos en los que se pone de manifiesto la falta de seriedad de unos gobernantes que han despilfarrado millones de euros en obras inútiles y actividades superfluas. La ruta del despilfarro valenciano ha concitado el interés de la BBC, y de televisiones nórdicas y holandesas.

Colocado en el punto de mira de innumerables objetivos televisivos y fotográficos, la imagen de este país, cuando tanto interés concita en toda Europa, es la de un país donde sus políticos han derrochado el dinero en actividades inútiles, malgastando los bienes públicos.

Y, aunque Raxoi estuviese convencido de que su llegada a la Moncloa iba a suscitar las simpatías de todos los gobiernos conservadores, que aplaudirían sus decisiones, pronto se encontró con miradas de reproche. No gustó a la UE que pospusiera la presentación de los presupuestos a sus intereses partidarios, dejando pudrir los problemas económicos por el anhelo de esconder unas medidas impopulares hasta después de las elecciones andaluzas que, con un erróneo optimismo antropológico, estaba convencido que ganaría.

Tampoco está gustando ahora su indecisión por pedir un rescate que no le beneficiaría nada, no porque le importe aplicar más recortes con los que viene castigando a la ciudadanía con la coartada de la crisis, sino porque pretende posponer la decisión a que se celebren las elecciones gallegas –las vascas las da por perdidas- o incluso, porque pueda temer que el rescate le haga perder la presidencia.

La forma de gobernar de Mariano Raxoi no gusta en Europa, y los medios extranjeros no dudan en decirlo, acostumbrados como están a criticar a los gobernantes, sin ese temor reverencial que aqueja a la prensa nacional. Así, hace unos días el rotativo británico Financial Times, acusaba a Raxoi de carecer de sentido de Estado, y le reprochaba ser ‘un oportunista sin sentido de la oportunidad’.

No se quedaba ahí el Financial Times, al que no se puede encuadrar como prensa de izquierdas precisamente, y afeaba su costumbre de ‘gobernar por decreto, desdeñando toda necesidad de construir consensos o incluso de informar apropiadamente a los ciudadanos. El propio primer ministro español habla muy pocas veces en público, en el Parlamento, o a la prensa’.

Acostumbrados en esos países a la transparencia y a dar cuenta, de forma diáfana y honrada, a los ciudadanos y a la prensa, el obscurantismo y el desprecio por la libertad de información del Gobierno de Raxoi, deben verse en Europa de la misma manera que enjuician la política de comunicación de países poco democráticos.

Igualmente debe ser difícil de entender para los gobernantes europeos reformas como la Educativa, que entre otras cosas, ha acabado con la asignatura de Enseñanza para la Ciudadanía, similar a  la que se imparte en toda Europa, y que ha cambiado por una especie de catecismo neoliberal, del que ha desaparecido cualquier mención a asuntos éticos o sexuales, para impartir doctrina religiosa y cantos a la competitividad y al liberalismo.

Tampoco deben entender desde la UE las relaciones de privilegio que concede a la secta católica el gobierno español que, a pesar de la crisis, perdona impuestos por un valor de más de tres mil millones, le regala otros once mil sin causa democrática alguna, y pone la enseñanza en sus manos en detrimento de la pública y laica que impera en los países civilizados. Ni podrán comprender el retroceso casi fascista de la nueva normativa educativa impuesta por el ministro Wert, que va a sacar de las universidades a miles de jóvenes por no poder pagar las elevadas matrículas.  

La reforma del Código Penal, que supone un claro retroceso en derechos y libertades ciudadanas y una vuelta a penas excesivas, e impulsadas al socaire de casos mediáticos y mediatizados, no será vista, sin duda, en los países europeos con buenos ojos, teniendo en cuenta que el largo rodaje democrático de esos países no hace entendibles cambios legislativos hechos con las vísceras o con ideologías fascistas.

Es una pena que Europa, tan intervencionista en el asunto de la deuda, no lo sea también para defender la libertad y los intereses de todos los europeos, incluidos los españoles, y no imponga, a la vez que el déficit, los derechos y libertades de unos europeos, los españoles, a los que un gobierno de ultraderecha está privando de asuntos tan básicos e irrenunciables como una buena enseñanza pública, o libertades como la de asociación y reunión, que con la colaboración de jueces, igualmente fascistas, vulnera continuamente.

Hora va siendo de que la UE vigile los derechos y libertades que se conculcan en este país, y tome medidas para impedir que este gobierno nos siga sumiendo en un estado de desigualdad, clasismo y falta de libertades, inauditas en los estados europeos. 

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