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25S Rodea el Congreso: ¿Solución a la islandesa?


Cuando los medios de todo el mundo se volcaban entusiasmados en darnos noticias de una primavera árabe que nos vendían como la democratización de los países islámicos y que ha acabado en el fiasco democrático más grande de este siglo, ya que no ha sido la democracia ni la modernidad lo que ha seguido a esas manifestaciones, sino el auge del radicalismo integrista religioso, el silencio sobre lo que estaba ocurriendo en una pequeña isla situada en el extremo noroeste de Europa, de apenas ciento tres mil kilómetros cuadrados y poco más de trescientos mil habitantes fue total.  Los medios escamotearon las noticias sobre Islandia, hasta que las redes sociales empezaron a dar cuenta de lo que estaba sucediendo en ese país.

No convenía a los medios ‘oficiales’ que la ciudadanía supiese de esa primavera europea, mucho más democrática que las árabes, y que permitió a ese país salir de la crisis, recuperar su economía y la dignidad de un pueblo que reconquistó su protagonismo consiguiendo llevar a cabo una reforma constitucional, al margen de los partidos políticos, a través, por primera vez en la historia, de la participación directa de los ciudadanos.

Hoy día toda Europa sabe cómo concluyó la primavera islandesa: Los banqueros especuladores están en la cárcel, o en búsqueda y captura, la economía se ha recuperado; los islandeses se negaron a socializar las pérdidas bancarias, y los bancos irresponsables fueron a la quiebra. Y no pasó nada. 

El germen de la protesta islandesa fue una pequeña manifestación de apenas treinta personas, cifra que podría extrapolarse a una manifestación en nuestro país de cuarenta mil personas. Muchas menos que las que salieron a la calle durante la manifestación del 15S.

¿Podría ser la manifestación ‘25S Ocupa el Congreso’ el inicio de una solución a la islandesa? Mucho se ha escrito sobre ese movimiento. Con grupos como el 15-M o Democracia Real Ya se produjeron dudas en un principio. Y desde muchos ámbitos y personas –entre la que se incluye esta escribidora- se sospechó que podría tratarse de un movimiento de extrema derecha que, animado por el descontento ciudadano, quisiera ganar pescado en el revuelto río de las protestas por los recortes.

Mas, aunque si en un principio la extrema derecha alentó una iniciativa que primero hablaba de ‘ocupar el congreso’ y ahora solo de rodearlo hasta que el Gobierno del PP dimita, son ya tantos los grupos y ciudadanos de izquierdas que alientan a la participación en esa acción ciudadana que hace pensar que, si en un primer momento el germen pudo ser de extrema derecha, la izquierda ha conseguido reconducirlo.

La reacción del PP contra la concentración ciudadana avala esa impresión. Si se tratase de una acción de la extrema derecha no se mostraría tan beligerante el Gobierno con un movimiento de ideología tan próxima a planteamientos ultraderechistas, los de muchos de sus militantes. Ni estaría llevando a cabo acciones tan fuera del juego democrático como las que está utilizando contra los promotores de ese movimiento, porque bien conocida ha sido siempre la tolerancia del PP con grupos de extrema derecha, y aún nazis, con los que algunos miembros de las NNGG mantienen excelentes relaciones en algunos puntos de este país de países.

La persecución, en absoluto democrática, que están sufriendo los promotores del movimiento ‘25S Rodea el Congreso’ comenzó con la detención de un joven que, durante la manifestación del 15S intentó desplegar una pancarta invitando a la participación en ese acto. Después han venido sufriendo el acoso policial en asambleas celebradas en lugares como El Retiro. Acoso que vulnera la Constitución que el partido en el gobierno invoca cínicamente para perseguir a los participantes, atemorizándolos con penas de cárcel y vulnerando el libre derecho de reunión.

La secretaria general del PP, Dolores de Cospedal, especialista en declaraciones estrambóticas, ha llegado a manifestar que la protesta es lo mismo que la ocupación del Congreso por parte del golpista Tejero. La comparación entre una acción ciudadana con la de un milico golpista solo puede surgir de la mentalidad de alguien que desprecia la democracia y la participación ciudadana.

Los convocantes de 25S Ocupa el Congreso recuerdan en sus aspiraciones a las de los manifestantes islandeses. Que la solución a la crisis no es la que está imponiendo el Gobierno o la UE, al servicio de la banca y los especuladores, es una realidad que contemplan ya muchos economistas, y que el ejemplo de Islandia avala.

La sociedad no debe, ni puede, resignarse a unas soluciones impuestas por políticos al servicio de la oligarquía y la banca. En un mundo donde la riqueza está en manos de tan solo el 1% y el 99% se está viendo sumido en la pobreza, la injusticia social, la pérdida de derechos y libertades, no es que sea lógico, sino que resulta imprescindible, que la ciudadanía diga basta a los abusos.

Desear la dimisión de un gobierno que ha llegado al poder mediante un golpe de Estado a través de las urnas o la disolución de una cámara compuesta por partidos que no están dando alternativas a unas medidas gubernamentales que no sirven sino a los intereses de los poderosos, no es un golpe de Estado, es buscar una salida democrática a una situación que cada día que pasa hace perder derechos y libertades conseguidas a lo largo de más de siglo y medio.

Si el movimiento ‘25S Rodea el Congreso’ consigue lo mismo que consiguieron los islandeses que, hay que precisarlo, no dieron ningún golpe de Estado, ni acabaron con libertades ni derechos, sino que los recuperaron para el pueblo, en contra de una oligarquía bancaria dispuesta a sumirlo en la pobreza, bienvenido sea. Ojalá lo logren. 

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