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Robar supermercados, delito. Robar dinero público, ilícitos a demostrar.


El Ministro del Interior, Jorge Fernández, no ha tardado ni veinticuatro horas en ordenar la detención de los miembros de SAT –Sindicato Andaluz de Trabajadores- que ayer protagonizaron una ‘expropiación alimentaria’, llevándose carros de productos básicos de alimentación destinados a familias que están por debajo del nivel de la pobreza, con todos sus miembros en paro y ningún tipo de prestación.

No ha ordenado, no obstante, el apresamiento del promotor de la idea, el alcalde de Marinaleda, Juan Manuel Sánchez Gordillo, ‘por ser aforado’. De poco le ha servido al señor Fernández esa distinción, porque el propio Sánchez Gordillo ha respondido a las medidas del Ministro del Interior llamándole ‘franquista de tomo y lomo’. Y es posible que se haya quedado corto.

La iniciativa de Sánchez Gordillo y el SAT ha suscitado la simpatía de mucha gente, que ha expresado la solidaridad con la iniciativa a través de las redes sociales y de encuestas, como la publicada por el diario Público en la que más del 88% de los encuestados se muestran solidarios con la iniciativa del alcalde de Marinaleda.

Las redes sociales están llenas de comentarios en los que la lógica se impone a una legalidad sesgada, que solo parece existir para los pobres o para quienes se oponen a los latrocinios institucionalizados. La pregunta más generalizada en las redes sociales y comentarios en los foros de algunos periódicos es siempre la misma, ¿delito es robar un carro en un supermercado?, ¿y lo que hacen los bancos?

No se han acordado twiteros y seguidores de otras redes sociales, sin embargo, de los políticos corruptos.  Pese a que resulte chocante el contraste entre la celeridad del Ministro Fernández a la hora de ordenar la detención y apertura de diligencias judiciales contra los protagonistas de la expropiación de alimentos básicos en unos supermercados que, dicho sea de paso, utilizan técnicas bastante poco éticas para que la gente compre, y la pasividad contra los políticos corruptos de su partido, donde tiene para dar y tomar, por ejemplo en el País Valenciano, donde un ínclito Conseller robó el dinero destinado a ayudar al tercer mundo, para hacer lucrativos negocios con sus amigos.

El franquista de tomo y lomo –a decir de Sánchez Gordillo- Ministro del Interior ha proclamado cargado de razón, como el espeso burro del poema de Machado, que “todos somos conscientes de que la gente lo está pasando mal, pero el fin no justifica los medios". En este caso, porque parece ser que en el de las acciones preferentes que los bancos estafaron a mucho cliente incauto sí estaba justificado el latrocinio en aras de los dividendos, dado que el señor Fernández no ordenó nunca la detención de quienes cometieron ese fraude.

En contraste con la simpatía que ha despertado la acción impulsada por el romántico luchador alcalde de Marinaleda entre la ciudadanía, políticos y fiscales han puesto el grito en el cielo. No solo los del PP, que ya sabe que es el partido de las oligarquías, sino también representantes del PSOE, que han criticado a Sánchez Gordillo apelando a que no se puede vulnerar la legalidad, olvidando hasta que extremos está vulnerando la legalidad y la Constitución, el modelo de sociedad ultracapitalista que ha dejado a millones de personas en el paro y sin cobertura social.

Únicamente el diputado de IU Gaspar Llamazares ha salido en defensa de Sánchez Gordillo, calificando de ‘histeria’ la reacción del Gobierno –del PP, of course- ante lo que considera tan solo un ‘acto simbólico y reivindicativo’, que no tendría por qué tener transcendencia penal. Pero lo cierto es que la acción promovida por Sánchez Gordillo es posible que haya abierto la puerta, y los ojos, a acciones similares entre una ciudadanía absolutamente empobrecida y machacada, que ve como sus derechos se volatilizan a favor de los bancos, las grandes empresas y la oligarquía del dinero.

Ese romántico luchador que es Juan Manuel Sánchez Gordillo no ha hecho sino poner de manifiesto la hipocresía de unos dirigentes que claman por la legalidad cuando el pueblo se defiende, pero que la olvida cuando eufemísticamente llama ‘balances negativos’, ‘especulaciones financieras’ o ‘déficit contable’ a lo que son robos sin paliativos llevados a cabo por banqueros sin escrúpulos, a los que están dispuestos a darles el dinero que hurtan a los derechos ciudadanos.

La acción protagonizada ayer por Sánchez Gordillo, convierte a este alcalde y diputado autonómico andaluz de IU, en uno más de la larga lista de personajes que pululan por la historia de la literatura y las leyendas en todo el mundo.

Porque la conocida figura de Robin Hood, popularizada por Sir Walter Scoot, y antes por el poeta John Keats no es la única que jalona las páginas literarias consagradas a ensalzar la figura del bandido generoso. Desde el Ghino del Taco que ‘al rico robaba y al menesteroso/yo socorría con animo tierno: / por eso no fui condenado al infierno’ de Dante Alighieri a ‘Los haiducs’ del escritor rumano Panaït Istrati, pasando por mitos de raigambre andaluza como Diego Corrientes o El Pernales, el mejicano Jesús Malverde, o los ‘cangançeiros’ brasileños, la lista de bandidos generosos es interminable.

Suponen la gallardía de aquellos que se rebelan contra la injusticia y la acumulación de riqueza de los poderosos que explotan a los trabajadores oprimidos. Es posible que durante unos años en las opulentas sociedades del Estado del Bienestar la figura del bandido generoso se haya diluido. Pero la desigualdad social que estamos sufriendo países como Grecia o España y pronto Italia, si no hay gobernantes que lo remedien, poniendo freno a los abusos del capitalismo salvaje que solo enriquece a los privilegiados traficantes de dinero y poder, hará que la figura del bandido generoso tome de nuevo vigencia.

Y es que la sociedad está ya muy harta de sufrir a bandidos egoístas que solo piensan en sus cuentas de resultados, bebiendo, con el ansia de un vampiro, la sangre de los trabajadores expropiados de sus derechos por una elite corrupta de ambiciones ilimitadas.  

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