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Quosque tandem abutere, Rajoy, patientia nostra?



La frase de Cicerón dirigida al senador Lucio Sergio Catilina se ajusta al PP con la precisión propia de una máquina de alta tecnología, porque, efectivamente, la ciudadanía tiene motivos más que fundados para preguntarle al Presidente del  Gobierno, como hizo Cicerón con Catilina, hasta cuándo piensa abusar de la paciencia del pueblo que forma este país de países.

Cicerón acusaba a Catilina de conspirar para destruir la república romana. A Raxoi se le puede acusar con total justicia de haber conspirado para llegar al poder con engaños y desde que lo ostenta, como si lo detentase, para destruir premeditada y alevosamente el Estado del Bienestar, la dignidad de los ciudadanos, el progreso de la sociedad, y hasta la sensibilidad de las personas.

 “¿Por cuánto tiempo más todavía se va a burlar de nosotros esa locura tuya? ¿A qué extremos va a llegar tu audacia sin freno?” preguntaba airado Tulio Cicerón a Catilina. Pregunta que igualmente puede hacérsele a Raxoi, Presidente de un Ejecutivo y un partido, cuyos integrantes parecen surgir, a través de un obscuro túnel del tiempo, de un régimen dictatorial, para abusar de la paciencia de la ciudadanía.

Las decisiones que toma este Gobierno parecen dirigidas inequívocamente a perjudicar a los más débiles, argumentando razones extraviadas o sin fundamento. Así limita el acceso de los parados a una ayuda escasa y condicionada, con el pretexto de aumentar unos míseros cincuenta euros a las familias de tres o más miembros, como si alguien pudiese mantener dignamente, una unidad familiar de cuatro miembros con tan exigua y mísera cifra.

Y, haciendo sangre en la herida, añadiendo temores y dificultades a la gente que sufre un paro que aumenta cada mes –este verano ni siquiera se han alcanzado las cifras de crecimiento estacional de otras épocas estivales- se saca de la manga la enésima reforma legal mediante decreto, sin dar oportunidad a la oposición a que objete sus decisiones, esta vez para aumentar la angustia de los parados que si no pagan ipso facto el recibo del alquiler en la fecha acordada, podrán ser desahuciados en diez días, aún cuando hayan hecho frente al pago del alquiler unos días después.

Explican, o intentan justificarse, desde el Gobierno –del PP, of course- que la medida se toma para potenciar el mercado de alquiler. Es posible que Fraü Merkel le aconsejara que lo hiciese, cambiando la tendencia tan sui géneris de los españolitos de pensar que no se es nadie si no se tiene vivienda propia. Aunque resulta impensable que la nueva normativa sobre alquileres haya sido dictada desde Europa, o que hayan sugerido medidas tan crueles e imposibles de cumplir por una población que supera el 24% de paro.

Es obvio que la medida acordada por el Gobierno del PP está orientada a proteger a los propietarios –tal vez el señor de Guindos tiene pensado sacar al mercado del alquiler ese chollo que ha adquirido por irrisorio precio en La Moraleja, y se quiera garantizar el pago de los recibos puntualmente- a favorecer la especulación inmobiliaria del alquiler, ahora que el chollo de la venta se ha acabado, y a los bancos con activos inmobiliarios para que puedan seguir sangrando a la ciudadanía y desahuciándola con ese prurito sádico que parece que les aqueja.   

Pero no solo abusa el Ejecutivo de nuestra paciencia respecto a cuestiones que tienen que ver con la economía ultracapitalista que lleva a cabo, y que está orientada a favorecer a los millonarios, ya sean banqueros, empresarios o terratenientes, en contra de la mayoría de la población otrora clase media y en la actualidad proletariado, exprimido y sufriente.

Los ministros del Gobierno de Raxoi, que ha de dar el placet a todas las medidas que toman sus subordinados, no se detienen en el regreso al pasado en todas las áreas de su competencia. Si Gallardón está elaborando una ley antiaborto que someterá a las mujeres a los criterios talibanes de la secta católica, no le va a la zaga el ministro de Deseducación y Atrocidades Varias, José Ignacio Wert que, como el resto de sus homólogos en el gobierno, no encuentra motivos para respetar ni al Supremo y ante la sentencia del alto tribunal, que ha dictaminado que los centros concertados que segregan a los alumnos por sexo no deben recibir subvención, ha decidido que con la mayoría que le otorgó una ciudadanía engañada y estafada, cambiará la ley para seguir otorgándole a la secta católica el dinero público que debería ser para la Escuela Pública.

Las gentes del PP, no solo los ministros, sino los altos directivos, como los de la televisión pública tomada al asalto por la caverna, o de Comunidades autonómicas, hacen alarde de su sadismo y nula sensibilidad, escupiendo directamente al rostro de una mayoría de ciudadanos civilizados, que se espantan ante las atrocidades que se cometen contra los animales, promoviendo crueldades inadmisibles en un país civilizado.

Así en Castilla León y Castilla-La Mancha han autorizado la caza con lanzas, volviéndonos al pasado medieval, por mor del capricho de algunos de sus militantes más zafios y brutales, a los que el PP mima con gusto. Como hace con el asqueroso, facha y machista mundo taurino que, con la llegada al poder del PP, ha visto como la televisión pública va de nuevo a retrasmitir esos sádicos espectáculos que solo los descerebrados como ellos llaman arte, de los que, para mayor desconsideración, darán cumplida cuenta en unos informativos infumables, manejados por la caverna mediática.

Más no solo en las decisiones muestra el Gobierno sus malos modos y su hacer dictatorial. Ese espécimen, híbrido de cromañón y falangista de camisa azul y correaje, el Ministro del Interior, Jorge Fernández, con su proceder fascista de imponer al dueño de la finca ocupada por el SAT y Sánchez Gordillo, para que procediese a denunciarlos, aunque el empresario y terrateniente no tuviera pensado hacerlo. Y aparte de las presiones fuera de lugar, propias de un Estado y un ministro fascista realizó unas declaraciones, en las que parecía que iba a entrar en combustión espontánea por lo acalorado de sus palabras, quejándose del daño que está haciendo Sánchez Gordillo a Ejpaña, tomando una vez más, como siempre ha hecho la derecha cavernaria de este país, la parte por el todo.

Son los modos de gobernar de un Ejecutivo, el del PP, presidido por Mariano Raxoi, que alcanzó el poder con un fraude electoral sin precedentes en la historia de los treinta y tantos años de pseudodemocracia, con unas maneras que, como le sucedió a Cicerón con Catilina, conducen a la indignación y a preguntarse hasta cuándo estará abusando de la paciencia de los ciudadanos. Y la ciudadanía permitiéndoselo. 

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