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Los días contados de Mariano Rajoy, ‘El breve’.


Alemania, dueña de Europa desde el poder de su IV Reich económico, ha decretado la muerte política de Mariano Raxoi que, sin duda, pasará a la historia como el presidente electo más breve de la historia de esta pseudemocracia diseñada por algún trasunto del Príncipe de Salina; creación del novelista italiano Giuseppe Tomasi de Lampedusa, protagonista de  ‘El Gatopardo’, traducción errónea o intencionada, del título original que debía haberse trascrito como ‘El leopardo jaspeado’, que describía mucho mejor al protagonista de la novela del italiano, escrita a mediados del siglo pasado, y que se desarrolla tras el desembarco de Garibaldi en Sicilia en 1860.

Esa novela convirtió una de sus frases en paradigma de hacer en la política ‘"Se vogliamo che tutto rimanga come è, bisogna che tutto cambi". Ese "Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie", se convirtió en la guía de aquella pseudotransición que, con el paso de los años, se está desvelando tal lo que fue, una maniobra del franquismo y la reacción, para que nunca cambiase nada.

Y así nos va, porque ha sido recuperar la derecha el poder, después de unos años de pseudosocialdemocracia –en este triste país todo parece ser pseudo excepto el capitalismo salvaje que no se anda con paños calientes para ejercer su dictadura del dinero- y nos estamos despeñando por el franquismo puro y duro que permaneció latente en los entresijos del poder como un nefasto microorganismo, a la espera de despertar a la primera oportunidad.

Y parece que a Europa no le está gustando nada ese despertar. Mariano Raxoi se las prometía muy felices cuando, obsesionado por llegar al poder para implantar de nuevo en este país de países los modos de un franquismo que le es caro -y lo ha demostrado dando ministerios a personajes con ideología claramente franquista, como Ruiz Gallardón o Fernández Díaz, dúo siniestro decidido a retrotraernos a una sociedad reprimida y privada de derechos- estaba convencido de que su política sería recibida con entusiasmo por la derecha europea, harta, según su criterio, del ‘rojazo’ de Zapatero.

Pero excepto algunas infames medidas, como la reforma laboral, tan elogiada por personajes tan repulsivamente neocon como Mario Draghi, la política de Raxoi no le está gustando a una Europa conservadora y de derechas, pero no nacionalcatólica como la que está llevando a cabo el Gobierno-del PP, of course- de Mariano Raxoi.

La prensa alemana, no tan caritativa y complaciente como la española que, incluso desde diarios supuestamente independientes como El País, mantienen una línea editorial complaciente con su política, lleva meses cuestionando al presidente del Gobierno –del PP, of course- por sus erráticas decisiones, su engañar a los ciudadanos y su inclinación al integrismo nacionalcatólico.  

Así, el semanario Der Spiegel, critica abiertamente ‘la reciente historia económica de España’, y rémoras ‘como el oscurantismo asociado a la Iglesia y la falta de investigación’. Las medidas educativas, al limitar el acceso a la universidad a las clases privilegiadas como viene haciendo el Ministro de Deseducación e Inculturas Varias, José Ignacio Wert, o la falta de dotación a los proyectos de investigación y desarrollo –y no debe ser pequeña la sorpresa que han debido experimentar los europeos al ver como Raxoi se ha cargado cualquier tipo de desarrollo e investigación sobre energías renovables, para promocionar la nuclear, tan desprestigiada y peligrosa- deben desconcertar, cuando no irritar a los europeos, por muy de derechas que sean.

Tampoco debe verse desde Europa con demasiado agrado la nefasta política impositiva del Gobierno –del PP, of course-, incapaz de controlar el fraude fiscal y la fuga de capitales, o de meter en vereda a un empresariado ladrón que declara cobrar menos que los trabajadores, muestra palmaria de su delictivo proceder fraudulento respecto al fisco, y que Raxoi, en lugar de perseguir, premia amnistiando a los ladrones de lo público, a la vez que desmantela las oficinas de Investigación del Fraude Fiscal.

Los muchos casos de corrupción en el seno del PP, que son consentidos e incluso ocultados, con la colaboración de unos jueces prevaricadores, afines a la derecha tardofranquista, no debe tampoco ser un aval para la figura de un Presidente, Mariano Raxoi, al que parece que desde Europa se le ha sentenciado ya al ostracismo.

En la actual Europa, ultraliberal en lo económico hasta extremos insoportables, aún quedan vestigios de respeto a la ciudadanía y se sigue venerando los modos democráticos, lo que debe hacer que contemplen horrorizados las decisiones de ese ministro del Interior, reencarnación del dictador genocida Franco, a decir del alcalde de Marinaleda, que ha impuesto, con la colaboración del ultraderechista ministro de Injusticias Infames, Ruiz Gallardón, figuras como la del ‘desacato a la autoridad’, vestigio de una dictadura siempre rechazada en Europa.

Para la UE, un presidente mentiroso, desorientado, incapaz de meter en vereda a los corruptos y defraudadores, que desprecia las necesidades de los ciudadanos, ignora la voz de la calle, e impone políticas dictadas por la secta católica, no es ni mucho menos, lo que Raxoi pensaba que sería para sus homólogos, el gran líder de la derecha española, homologable con sus pares de los gobiernos conservadores, que a su lado resultan paradigmas del progreso.

Resulta triste que tenga que ser la UE, que es posible que nos imponga un tecnócrata ultraliberal, la que saque de La Moncloa a un presidente que nunca debió serlo, si los electores hubieran tenido el suficiente sentido común, o los necesarios oídos, para escuchar a los muchos que advertían de lo que supondría este cuitado registrador de la propiedad con resabios franquista en el Gobierno. 

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